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Historia 70607 — capítulo 1

Se revolcaba en el frío suelo de piedra, en una vieja celda. No podía dormir, pero tampoco aspiraba a poder lograrlo. Debía mantenerse en vilo. Ese día trasladarían a su madre y a su padre, fuera de aquella mugrosa prisión en la que se encontraban. Mientras tanto, podía escuchar los quejidos de su madre, al otro lado. Una dosis diaria de besos fríos, roba almas, de un dementor. Apretaba los dientes y se aferraba a los barrotes, tratando de no imaginarse lo peor. Pese a haberse salvado, la ley seguía recayendo sobre ellos. Su padre se había acobardado, arrepentido, pero la fama lo perseguiría. Solo los había visto dos veces. A la hora de las comidas, cuando les permitían salir de aquella celda de máxima seguridad y compartir en mesas de madera, ya viejas y carcomidas por las termitas. Incluso tenía charlas interesantes que lo mantenían cuerdo, con Severus Snape. El hombre de ser posible, estaba mucho más delgado y demacrado. Lo habían "indultado" primero, por haber sido profesor en Hogwarts y haber gozado de la plena confianza de Albus Dumbledore. Tenía el rostro pálido y mucho más amarillento que antes y una barba que le daba aspecto de vagabundo. Igualmente; nada podían hacer. Les habían quitado las varitas y el derecho a hacer magia. Como si en verdad la magia se pudiera remover. Soltó un gruñido y apretó los dientes. Tenía que ser "re insertado en la sociedad" como un muggle cualquiera o asesinado por crímenes cometidos. Cual fuera la solución a su vida, sonaba igual de deprimente. — Hora de comer, vagos— dijo un mago celador y Draco cerró los ojos, contando hasta diez. Estaba cansado de oír esa expresión. Estaba cansado de ser llamado vago, sin poderse defender. En cuanto abrieron su celda, en la oscuridad, trató de ver algo. Trató de saber cómo estaba su madre.  No podía caminar, sus pies pesaban y el ruido molesto de las cadenas, comenzaba a sulfurar sus oídos. La mayor parte del día, no sentía ninguna de sus extremidades y las raciones de comida eran tan pocas, que casi siempre vivía hambriento. Se arrastró como si no tuviera más que sus rodillas y trastabilló ligeramente. El celador se encargó de empujarlo fuera de la celda y su estómago golpeó con la mesa que no estaba tan lejos. Era un espacio reducido. Se sobó el vientre bajo, y alzó la mirada. Su madre estaba allí y su padre trataba de ayudarle. Temblaba, tenía saliva en su barbilla, no estaba al tanto de nada. La comida permanecía fría en la mesa e incluso Severus, no estaba dentro de la "reunión". — ¿Qué hicieron con Severus Snape?— preguntó Draco, tratando de modular su enojo. El celador rodó la vista, como si eso fuese poca cosa. Como si su pregunta no representara nada en absoluto, más que ánimos de molestar. — No lo sé, a lo mejor lo están torturando. Que es lo que se merece. Escuchó una especie de gruñido y alzó la cabeza. Severus no estaba lejos de su celda. Lo observó, traía la túnica hasta la cintura y tenía tres feas marcas rojas sobre su espalda, a punto de sangrar.  — Se va indultado, pero con un pequeño regalo. Draco le observó, no podía mirar directamente a su rostro, ya que le daba la espalda. Y sin embargo, podía imaginárselo. No sentía dolor, estaba acostumbrado. Solo podía ver sus manos a través de la luz de la luna, que se colaba por una pequeña ventana. Luego de unos minutos, lo empujaron fuera de la celda y sí, tenía la expresión que esperaba que tuviera. Sonreía y con un movimiento de hombros, regresó a su túnica a su posición original. Se dejó caer en una de las sillas de madera vieja y miró la comida con disgusto. La empujó con una mano y continuó sentado, a medio apoyar. Las heridas debían doler lo suficiente. Estaba lacerado por todas partes y sus ojos tenían horrendas marcas de mal sueño y de días sin comer. Severus era un prisionero poco colaborador y muchas veces debían reprimirlo por su mal comportamiento. Ladeó la cabeza en dirección a Draco y sonrió sarcásticamente. — No deberías comerlo, ni pensar en probarlo. He visto que lo hacen con colas de ratas. He ido muchas veces a la cocina, por castigos, a ayudarles a prepararlo. Draco bajó la vista hacia su estómago que se quejaba y colocó una mano sobre él, para que guardara silencio. Suspiró, pensando que a su estómago le parecería que las ratas eran exquisitas y no dudaría en comerlas. Pero mientras tuviera cerebro, no iba a comer animales enfermos y rastreros. Severus había alzado la cabeza y con un suspiro, se dedicó a contemplar a Narcisa. Había dejado de temblar y sus ojos ya estaban enfocados en lo que Lucius le estaba diciendo, aunque para ella fuesen palabras vagas. Susurros. — ¿Dónde nos quedamos ayer, Draco? ¿En qué parte de la conversación? — Me estaba diciendo que el sistema legal de los elfos, tiene fallas. — Ah sí.— dijo Severus, llevándose la punta de uno de sus dedos a la barbilla y meditando.— Los elfos que trabajan en Gringotts tienen una política que podría tener sus fallas. Heredas la cámara pero una vez que te desligas a la familia, sigues existiendo en su contrato. Es poco productivo, puesto que aún así tienes acceso a los bienes de la otra persona. Como Black los tenía. Los robaba con acuerdos fraudulentos. — Pero si te desafilian, ¿cómo entras a la cámara? — Abusaba de ello. En el viejo contrato, su nombre no aparecía fuera. Y por su apellido, los elfos se confundían. Pero luego de que se conoció su verdad, de que era un prófugo de la justicia, los elfos le removieron sus privilegios. Es lo malo de tener papeleo viejo. Hogwarts también necesita una remodelación. Draco no contestó y alzó la mirada, para contemplar a sus padres. Su madre lloraba en silencio, mientras Lucius le acariciaba la cabeza con calma y sostenía una de sus manos. Severus negó con la cabeza y su largo cabello que había crecido más durante esos meses en prisión, se movió como una larga cortina negra. — Se le pasará. Una vez que te besan, es incómodo. Pero cuando son más de dos, te acostumbras. Pierdes tu identidad. Ella estará bien, muy pronto saldrá. Según he oído, todos saldremos. Detestaba vivir como una rata. Pero era ello, algo que tenía que sobrevivir. Como cuando era un "mortífago" y no tenía oportunidad más que vivir huyendo o morirse. — Primero nos quitarán la marca. — ¿Y cómo harán algo así? — Es algo nuevo que alguien inventó, arriba. En un departamento superior. Dicen que es alguien muy inteligente. Alguien que es capaz de desarrollar un método "eficaz" para removernos la marca y nuestra "magia". Nos re insertarán en la sociedad como muggles y nos borrarán la mente, los recuerdos, para que no sepamos nada acerca de este mundo. Ese era un trabajo sucio que no quería ver. Suspiró tratando de ser optimista, pero se mentía hasta las bolas. No podía ser optimista, con ese panorama. — Quizá a tu madre le vaya mejor por ser mujer y le permitan estar junto a tu padre. Pero una vez que borren su mente, ella no sabrá quién es él o quién es ella misma. Siquiera sabrá; quién demonios eres tú. O quién soy yo. Así no quería vivir. Se movió un par de puestos, hasta estar cerca de su madre. Lo miró ausente y tomó su rostro con sus manos. Él sonrió, pero ella no dijo nada. — Mamá...escúchame mamá. Tienes que irte de aquí. No dejar que ellos te borren la memoria, que te aparten de nuestro lado. Narcisa negaba con la cabeza y Lucius guardaba silencio. — Es normal que no quiera ser besada otra vez por el dementor, Draco— dijo Snape, mirando a Lucius que asentía con la cabeza— sus pocos sentidos la hacen respetar las leyes. Así funciona este sistema. Lo detestaba, pero parecía ser irrevocable.