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Historia 71617 — capítulo 1
Cúmulos de ropa en el suelo, una caja de cigarrillos y un teléfono celular que sonaban incontrolable. Poca luz y gemidos de placer, junto a botellas a medio vaciar de un licor. Amaretto. Un dulce licor embriagante. La cama desecha y pies moviéndose inquietos. — Y ella solo lloraba en silencio...mientras...él la golpeaba. Le dije que...tenía que...detenerlo. Asintió con la cabeza y sus cabellos negros y peinados hacia atrás, se movieron ligeramente. Miró hacia abajo, su pareja estaba muy concentrada en fumar y detestaba el olor. Tomó el cigarrillo y aplastándolo en su puño, lo arrojó al suelo. No importaba quemarse la palma de la mano, si así dejaba ese feo vicio. Se afincó sobre la cama, aferrándose a las sábanas. Estaba por acabar y esperaba que terminara, ella hablaba demasiado y siquiera le permitía disfrutar el momento. Soltó un gruñido y lentamente se fue encogiendo hasta terminar sobre su frágil cuerpo. No importaba, que ella soportara si quería estar con él. Se alzó al poco tiempo y contempló sus ojos color ámbar, envueltos en enormes pestañas negras con excesivo maquillaje. Depositó un suave, casi frío, beso en sus labios y se sentó en la cama. Caminó hasta el baño, no tenía ropa así que no importaba. Se introdujo en la ducha, odiaba el aroma a cigarrillo. No le tomó mucho tiempo, tampoco lo perdió en tonterías. Al salir, miró su húmedo cabello en el espejo. Caía de forma recta, uniforme, sobre su rostro. Lo separó a ambos lados y con sus dedos, continuó desenredándolo mientras entraba de regreso en la habitación. Miró a la mujer con la que había estado. Dormida, desnuda y expuesta. Con las nalgas "al aire". Se inclinó y la cubrió con las cobijas. Que al menos no la vieran de esa forma. Tomó su ropa y luego de vestirse, desapareció por la puerta. Adoraba regresar a casa. Otra loca que quería tener algo con él y que jamás tendría el lujo de hacerlo. Se dejó caer en la cama y miró en dirección al techo. Aquel recorte de periódico, aún lo guardaba en una vieja cómoda. El sobreviviente, el "galán" Nº1 de toda la comunidad mágica. Con una bronceada cicatriz en el cuello y una marca tenebrosa que ya era como un tatuaje. Mierdas sin sentido. Ilógicas. Se llevó una mano a la cabeza y cerró los ojos. Estaba tan cansado que las luces ya comenzaban a irritarlo. Se quedó dormido al poco tiempo. Sin saber nada de nadie. Ni de sí mismo. Que aquella mujer tratara de llamarlo mil veces, como la mayoría. Ni siquiera tenía teléfono. El apartamento donde vivía, venía con uno al que nunca le dio uso. No quería aprender a utilizarlo de nuevo. Porque ya los había visto, su padre tenía uno. Nunca lo necesitó y no iba a empezar. Así era su vida desde ese estúpido artículo. ¡Cuánto odiaba haberse salvado!