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Sigo siendo Pansy, Pansy Parkinson... — capítulo 1
Pansy caminaba por una calle de París muy poco transitada. Intentaba asimilar lo que acababa de leer en el Profeta. El titular se le había quedado grabado a fuego en su memoria. <<Draco Malfoy, el hasta entonces más codiciado soltero de la comunidad mágica y exnovio de la bella Pansy Parkinson tiene dueña>>
Más abajo de esas letras se encontraba una foto de Draco y Astoria Greengrass posando. En la mano de Astoria se distinguía un lujoso anillo de compromiso.
Una lágrima cayó lentamente por la pálida mejilla de Pansy. Sus ojos verdes, siempre llenos de altivez, mostraban un abatimiento y tristeza imposible de imaginar.
Todos creían de Pansy una mujer dura, de hielo, sin sentimientos... ¡Qué lejos estaban de la realidad! Ella, solo ella, sabía cuanto había sufrido a lo largo de su vida. Nunca, jamás, una lágrima cayó. Esa noticia hizo que ella llorara. Y ella no lloraba. Nunca.
Ni cuando a los cuatro años mataron a su madre frente a sus ojos, ni cuando su padre, presa del dolor, la había culpado a ella de su muerte, ni cuando a sus nueve años le dijeron que Draco Malfoy sería su esposo, ni cuando con catorce los Parkinson anularon el compromiso, ni cuando con dieciséis Draco cortó con ella, ni cuando con diecisiete la convirtieron el mortífaga contra su voluntad...
Ni una sola lágrima recorrió esa pálida mejilla.
El viento agitó su largo cabello negro. A sus veintidós años seguía sufriendo por Draco, por amor. Hacía cuatro meses ellos dos habían tenido un encontronazo que llevó a algo más.
Se llevó en un acto reflejo la mano a su vientre ya un poco abultado, y decidió que esto no quedaría así. Que al menos quería que su hijo conociera a su padre. Porque ella era una Slytherin, y por ello veía por sí misma y lo que le importaba. Ella no era tan noble como para ocultarle a Draco que tendrían una hija. Le daba igual Astoria, le daba igual la puta comunidad mágica y lo que piensen, allá ellos.
Cogió una pluma y un pergamino y escribió:
Draco Malfoy:
Te preguntará que hago escribiéndote una carta, y te quitaré las dudas. Hace una horas me ha llegado el Profeta, y por supuesto he visto que te vas a casar con Astoria Greengrass. Te felicito. Pero quiero que recuerdes que hace cuatro meses tuvimos algo y no usaste protección. Hace un mes me enteré que estaba embarazada de tres meses. No te pido que retires el compromiso, pero sí que reconozcas a tu hija, porque te aseguro que es tuya. No quiero que sea una bastarda, y puesto que la concivimos antes del compromiso, no lo es. Sabes dónde vivo y te exijo que vengas de inmediato a hablar.
Pansy Parkinson.
En la Mansión Malfoy, Draco sentía como una enorme sonrisa se extendía en sus labios. Sabía que Pansy no mentiría jamás en algo como esto.
La carta había sido muy fría y directa, como ella. Su orgullo le impedía decirle algo amable después de enterarse de que se iba a casar con otra mujer. Pero eso se arreglaba en segundos.
Hablaría con su madre.
- Madre, necesito que convenzas a papá de que anule el compromiso con los Greengrass.
- Hijo, sé que no te gusta Astoria, pero tu padre...
- Lee esto, madre.
La señora Malfoy leyó la carta y la releyó hasta que lo logró asimilar, o al menos, recuperar el habla.
- Pe-pero... el compromiso se anulará ya.
- Gracias, madre, no sabes cuanto te lo agradezco, sabes que amo a Pansy.
Pansy estaba ansiosa porque Draco llegara. Le había enviado una escueta carta que decía que se dirigiría para allá en ese mismo momento.
Ding-dong.
En cuanto abrió la puerta se encontró con Draco incado de rodillas con un peridico en la mano y una caja de terciopelo con un precioso anillo.
-Pansy Parkinson, no solo porque llevas a una hija mía en el vientre sino porque también te amo desde los nueve años, ¿me harías el honor de ser mi esposa?
Pansy miró el periodico y vio en la portada:
<<Draco Malfoy anula el compromiso con Astoria Greengrass, alegando que ama a otra y que Astoria se merece a alguien que la quiera>>
Pansy, por inercia y con la boca entreabierta, asintió.
DIECISIETE AÑOS DESPUÉS...
Lyra Narcissa Malfoy paseaba por los pasillos de Hogwarts luciendo bien orgullosa su placa de Premio Anual de Slytherin.
Lyra era una chica guapísima y había heredado la vena Black de su padre, haciendo que su elegancia y sensualidad trayera a todos los chicos de Hogwarts de cabeza a pesar de su lengua sarcástica y viperina.
Tenía el pelo negro azulado y los ojos grises. Como decía su abuela Narcissa era toda una Black. Se parecía de una manera extratraoidinaria a su tía Sirius, que no había conocido. Por ello Harry Potter le había tomado un cariño especial a Lyra, a demás de que ella y su hijo James le recordaba a sus padres en sus años en Hogwarts.
-¡Malfoy! -gritó una voz que la aludida reconoció de inmediato. James-soy-el-centro-del-universo-Potter. -¡Potter! -imitó ella con sarcásmo. -Quítate de en medio. -No hasta que salgas conmigo. -¡Qué te quede claro, pedazo de anor...!
No pudo seguir hablando pues James la besó de una manera expectacular y ella, por supuesto, respondió al beso. ¿Quien lo diría? ¿Un Potter-Weasley con una Malfoy-Parkinson? Já, qué irónico el el mundo.