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Un poco de todo — capítulo 5
Ahora os contaré la historia de la Caperucita feroz en busca del Lobo rojo.
Había una vez una niña llamada Caperucita roja que cada fin de semana, o a veces cada día, que iba al bosque hacia casa de la abuelita se encontraba al Lobo feroz, y como el resto de la historia seguramente ya os la sabéis... iré al grano.
La dulce Caperucita no está dispuesta a llevar más cestitas a casa de la abuelita. En este instante se convirtió en la Caperucita feroz en busca y captura del Lobo rojo. Desde entonces la ven como una niña muy mala, la peor niña del mundo, (fuera de casa). Y cuando Caperucita se ponía enferma le llevaba una cestita a su abuelita que vivía al otro lado del bosque, para que le diera el aire.
Así que un día que no le daba la santa gana de ir a la escuela decidió engañar a su madre, que se creía todo lo que le decía su hijita, de que estaba enferma, y cuando su madre le puso el termómetro, sonó el teléfono, y la lista Caperucita aprovechó para ponerlo entre los agujeros de la estufa, y, como es lógico, la madre de la niña se lo creyó, ya que a ella le parecía la mejor niña del mundo, normal en una madre. Así que como siempre que quiere estar malita o lo está de verdad, dijo que "se iba a casa de la abuelita a comer", pero en realidad se iba de picnic para comerse lo que, en teoría, debería ser lo que le tenía que llevar a la abuelita y, también aprovechaba e iba en busca del Lobo rojo (antes conocido por el Lobo feroz), cogió diferentes objetos para lo que ella esperaba que fuera el último intento, y el definitivo, de capturar del Lobo rojo, que era su peor contrincante.
Estuvo un buen rato andando hasta que, al final, buscando en su GPS y en muchos mapas, encontró la guarida del Lobo rojo y, muy cerca de allí, también encontró un buen sitio para acampar, el lugar estaba muy despejado para poder poner muchas trampas en las que, si tenía suerte, caería el Lobo rojo, además era el sitio con las mejores vistas, que daban a la entrada de la guarida del Lobo rojo, tuvo la suerte de que allí en medio había un arbusto en el que ella se podía esconder y hacerle fotos al Lobo rojo y también se podía comer tranquilamente porque por esa zona no pasaba ningún animal ya que todos le temían al que ellos llamaban: El Gran Lobo feroz, así que se puso a comer lo de la abuelita: una sopa de estrellas, un filete de carne, unas setas (que lo acompañaban), una piña en su jugo,... pero se dejó un trozo de filete de carne, que pensó que le podría servir de cebo para atraer al Lobo Rojo, también preparó varias trampas, en las que debería ir cayendo el Lobo rojo, y preparó tantas por si alguna fallaba y poder ir dificultando al Lobo rojo para después serle más fácil capturarlo y atraparlo en una jaula que puso al final del circuito de trampas. Al cabo de veinte minutos el Lobo rojo no estaba ahí atraído por el filete de carne, según los planes de Caperucita hacía ya diez minutos que debería estar ahí, babeando por comerse el filete de carne, caer en varias trampas, pero eso que ella había soñado no ocurría.
Se izo de noche y volvió a casa dejando todas las trampas por si por la noche el Lobo rojo salía y poder capturarlo, no conseguiría las fotos pero si atraparlo. Al cabo de una semana fingiendo, cansada ya de esperar, se fue a ver si estaba el Lobo rojo en su guarida, pero no estaba. Cuando ya se iba hacia su casa vio un cartel que ponía: "Para Caperucita, estaré fuera durante dos semanas". Caperucita volvió al cabo de una semana, ya que con todo el tiempo que estuvo fingiendo, ya había pasado una semana.
Se oía aullar al Lobo, eso izo que el próximo día, ya el definitivo, ahora sí, trajera un nuevo filete de carne, pues el otro se había podrido, pero aun así, el Lobo rojo no acudía.
Después de tres semanas de haber empezado todo, cayó el Lobo rojo en las trampas, una por una, y la niña rió a carcajadas viendo como el lobo iba gritando y aullando. Pero resulta que ese día se olvidó la camera. Eso sí, al final Caperucita consiguió lo que ella había soñado desde hace muchísimo tiempo.
Fin
Sí, Sí, aquella niñita que en todos los cuentos es tan buena, tan hermosa, tan dulce como la miel... se convirtió en esta niñata tan mala que, si os habéis leído la historia, lo habréis podido comprobar.