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Estoy harta de ti — capítulo 1
Una fría mañana con la niebla en el interior de las mazmorras. Una sensación de frialdad en el aliento. Su escritorio era un desastre. Estaba lleno de papeles. Su mente estaba fuera de control. Llena de pensamientos. Todo en su interior era un desastre, al igual que su escritorio, ya que ... ¡Ah, y otra vez! ... no podía olvidarlo. Desde que estaba confundido acerca de ese "momento de su vida". Acerca de cómo se sentía el amor y la ... Sí ...su mente era un desastre. Cerró los dedos alrededor de un pergamino. Estaba escribiendo sus ideas. Estaba escribiendo sus sentimientos. No era un diario. Sólo quería olvidarlo todo. Quería olvidar todo lo relacionado con ella. Nunca mencionar su nombre otra vez. Olvidar el primer día que sus ojos encontraron su suave mirar. Olvidar como le sonreía ... Olvidar como era amable, dulce ... como ella era casi perfecta. Y entonces, tan sólo mirar la verdad. Y entonces, mantenerse despierto y comprender la realidad. *Él no era para ella y ella no era para él.*Guardó silencio en sus pensamientos o de forma contraria, tendría que abrir el pergamino que había arrugado y volver a llenarlo de pensamientos. ¿Cómo se enfrentaba a lo que estaba sucediéndose en ese preciso instante? La única forma de entenderlo, era comenzar a escribirlo. Aunque por más catarsis que parecía ser, solo le hacía sentir peor. Se remitía al curso pasado. Al año pasado. Ese había sido su año de mayor debilidad. Había comenzado a verlo. A ver como estaba próxima, su última misión. El declive de su vida estaba por comenzar. De pronto empezaba a sentirse inseguro. A sentir que tenía que aferrarse a algo. De pronto comenzó a sentirse débil. Insoportable. Mucho más malhumorado de lo que solía ser. Sentía que de pronto se convertía en inmaduro. Irracional y sin sentido. Que su carácter se iba desgastando con el pensar. Había dejado pasar muchas infracciones. Ya no estaba tan centrado como antes. ¿Por qué tenía que existir ese sentimiento humano, de temor a la muerte? Por más que su destino fuese ese, siempre se preguntaba cómo se sentía. Si no podía haber otra salida. Aunque ya estuviese muerto en vida, desde que Lily se había ido. Desde que su corazón lo hubiese dejado para irse a dormir en los brazos del otro. Y entonces ella apareció, ya estaba allí. Solo que nunca se había fijado. Solo que nunca la había "mirado" De momento. Ella parecía animada en ayudar, como siempre. Pero ¿qué le iba a decir, mientras escuchaba cómo confesaba que había notado su cambio? "¿Se siente bien, señor?" ¿Sentirse bien? ¿Cómo era eso posible? ¿A qué se refería? Sí, su rostro reflejaba el malestar de la situación. Dumbledore presionaba cada tiempo que necesitaba y él no hacía otra cosa que asentir con la cabeza. Refunfuñar entre dientes y encerrado en su despacho. Sentía que sus piernas ya no lo soportaban. Pero ser fuerte era su única forma de defenderse. De demostrar que no necesitaba nada de lo que el resto se vanagloriaba. De la amistad, del cariño y la comprensión. Dolía mucho dedicar rencor. Algo tenía que doler. Ninguno de esos sentimientos solían ser sanos. Y entonces cayó. Cayó de rodillas entre sus brazos. Se abrazó a su costado y le imploró. Le imploró por su amistad. Cayó lo más bajo que pudo. Enterrado su orgullo entre sus zapatos, con sus lágrimas enterradas entre sus rizados cabellos caramelo. "No puedo entender... cómo puede perdonar a una persona como yo".**"No puedo entender, cómo sobrevive alguien como usted, sintiéndose de esa manera".