← El mordisco de la serpiente · de
El mordisco de la serpiente — capítulo 20
(A ver, para todas aquellas personas que leen mi historia, y se les ocurre decir que mi historia es un plagio, dejenme decirle QUE NO LO ES. Mi imaginación me basta y me sobra y no caería tan bajo en copiarle la historia a otra persona por que sé lo dificil que es lidiar con la inspiración y el esfuerzo de escribir una buena historia. Yo no leo apenas historias de potterfics, solo una o dos de las cientos que hay. Porque cada vez que me he metido en una historia que parecia buena, luego estaba mal redactada, con faltas de ortografia y demas. Según algunos, ¿Esas historias son para plagiarlas? Soy mayor de edad y por lo tanto no caigo en las tonterias que hagan otros, y es que me parece muy injusto, por que solo tengo una historia y ya van dos personas, una sugirió que era un plagio y otro va y me acusa directamente sin fijarse bien, y ya estoy harta. Por lo tanto pedir a esas personas, que por favor no entren mas aqui si lo único que van a hacer es criticar o acusar de malas maneras. Y otra cosa digo, si en el siguiente episodio vuelvo a ver el mensaje de PLAGIO y luego "Uy perdona, me he equivocado" directamente borro la historia y punto, y los fans verdaderos de esta historia que les pida explicaciones a los que supuestamente tienen pruebas o razones de que esta historia es un plagio)
Hermione contemplaba la noche estrellada desde la ventana de la habitación que ocupaba en la casa de Bill y Fleur. Todas las noches hacia lo mismo con la esperanza de que le llegara una señal de Malfoy, después de todo la esperanza nunca debia perderse.
Ya hacia mas de dos semanas que se encontraba allí. A través de Bill se habia enterado de lo que sus dos amigos habian liado en Gringotts y esperaba que estuvieran bien. Y las malas noticias siempre eran las primeras en llegar, si no sabia nada de ellos, esperaba que fuera bueno.
Pero no sabia si en el caso de Malfoy era bueno.
Cuando sus amigos la habian dejado alli, aun estaba inconsciente, pero les habian contado todo a Ginny, a Bill y Fleur. Y cuando ella despertó, lo primero que vio fue la sonrisa triste de su amiga.
(Dos semanas antes)
-Ginny...-murmuró ella intentando incorporarse de la cama pero se detuvo ante la negativa de su amiga. La miró confundida y ella se lo explicó intentando ser suave.
-No puedes moverte mucho, llegaste aqui sangrando. Según el medico, llegaste muy lesionada, tal vez por una caida. Pero tuviste riesgo de aborto y aún no estás del todo recuperada, tienes que guardar reposo.
-¿Quién me trajo aqui?-preguntó sin poder evitar derramar lágrimas por haber estado a punto de perder al bebé.
-Te trajeron Ron y Harry.-y se calló como si se guardase algo.
-¿Y Draco?-preguntó preocupada
-No lo sé. Harry me dijo que apareciste de la nada ante la tienda y que Draco no aparecia. No lo han vuelto a ver desde que ideó el plan para sacarte de la mansión.-Ginny vió que su amiga empezaba a hiperventilar.-Hermione, tienes que calmarte. Mira, no puedes hacer mas locuras en tu estado.-dijo enfadada.
Por primera vez, la castaña miraba a su amiga regañarla como si fuera su propia madre y sabia, que si Draco Malfoy se encontrara allí, también la regañaría.
-Te marchaste sin decirnos nada, te secuestran, Malfoy va a salvarte y casi pierdes al bebé. Espero yo y todos que esto te sirva para que no hagas mas tonterias por que la verdad nos sorprende tu actitud.-dijo la pelirroja.
Hermione se quedó muda. En el fondo sabia que su amiga tenia toda la razón del mundo y ni ella misma se reconocia. Sabiendo como estaba todo y de que personas como ella eran perseguidas y asesinadas, ella iba y se ponía en bandeja arriesgando a su hijo.
Y rezaba por que al padre de su bebé no le haya ocurrido nada.
(El presente)
Y desde que pudo levantarse de la cama, Hermione se tiraba todas las noches en la ventana esperando alguna señal, por pequeña que fuera, de que Draco estuviera vivo en algún lugar.
En algún lugar del Londres mágico, un chico iba caminando por las calles tambaleándose. Cada paso que daba, miraba a sus espaldas por si alguien decidia hacerle pagar su traición.
Si encontraba a Potter y Weasley les agradeceria por haber montado el escándalo en la cámara de su tia, ya que eso le sirvió de oportunidad de escapar.
¿Aunque de qué le servia haber escapado?
Estaba herido, sin fuerzas, hambriento y sentia que sus dias vivo estaban contados.
Se derrumbó en el escalón de una casa deshabitada. No pudo evitar golpear el escalón con el puño por la frustración que le corroía hasta el alma. Tenia que seguir vivo.
Se levantó como pudo y decidió gastar sus últimas energias en aparecerse en la casa de Bill.
-Bill.-llamó Fleur a su esposo. El pelirrojo corrió hacia su esposa y contempló al rubio incosciente y sangrando por el costado.-Se va a desangrar, hay que hacer algo.
Bill Weasley llamó de nuevo al médico y trasladaron a Malfoy a la habitación que ocupaba Ginny, pues esta habia decidido irse a la habitación con Hermione.
La castaña habia escuchado el jaleo en la habitación de al lado, asi que decidió hacercarse.
Entre el médico y Bill, pudo contemplar una cabellera rubia platino. Hermione sentía que el alma le volvía al cuerpo, pero Bill la sacó de la habitación.
-No puedes entrar, no debes verle en ese estado.-le explicó el con suavidad.
-Pero... Tienes sangre en la ropa.-se fijó ella y solo podia ser de una persona por que Bill no estaba herido.-¿Está herido?-preguntó asustada.
-Si, esta muy grave. Tiene pinta de no haber comido desde hace mucho y tienes signos evidentes de haber sido torturado con el hechizo cruciatus.
-¿Qué pasa?-dijo Ginny llegando en aquel momento.-Hermione.-dijo la chica abrazando a su amiga pues estaba muy nerviosa.
-Se va a morir... no puede morirse... vamos a tener un bebé... no puede...-lloraba en los brazos de su amiga.
Ginny no podia hacer mas que abrazar a su amiga mientras Bill las contemplaba a ambas y esperaba que el rubio saliera de esta.
Draco Malfoy caminaba por un largo pasillo. Todo era de color blanco, se podia respirar paz y tranquilidad y él se sentía bien. No sabia si habia muerto o no, pero deseaba quedarse allí.
Al fondo, estaba la niña pequeña que Draco siempre veía en sueños. El rubio se acercó a ella y se arrodilló hasta quedar a su altura.
-¿Qué hago aqui? ¿He muerto?-preguntó cauteloso.
-No, aún no.-dijo la pequeña que lo miraba triste.
-¿En realidad eres mi hija?-preguntó mirándola
-No.-contestó ella para despué sonreirle.-En realidad, tu primer hijo será varón.
-Ah.-musitó él. Estaba un poco desilusionado pues se habia hecho a la idea de que aquella pequeña fuese su hija.-¿Y entonces quién eres?
-Soy tu guia.
-¿Mi guia? ¿Qué quieres decir?
-Soy la que te ayuda a seguir adelante, sin rendirte y sin tener miedo.
-¿Una niña pequeña?preguntó él sin comprenderlo.
-Puedo aparecerme de muchas maneras. Pero básicamente, soy tu deseo.
-No entiendo.
-Tu siempre has querido una familia cariñosa, anhelaste una infancia feliz, sin miedo. Y sé que tenias miedo de repetir todo eso con tus propios hijos, por eso puse en tu camino a la persona correcta para dejaras de tener miedo.
-Ni que fueras el destino mismo.-dijo él a lo que la pequeña le sonrió.
-Venga ya.-dijo él sin poder creérselo.
-Puedo tener muchos nombres: el destino, la esperanza, inocencia... Como ya te dije soy tu guia y represento aquello que perdiste hace tiempo... y que es hora que recuperes.
Tras estas palabras, todo se nubló y la imagen de un hombre mayor y de Bill Weasley acaparó todo su campo de visión. En un rincón de la habitación estaba Hermione abrazada a su amiga mientras lloraba.
No sabia que habia pasado, pero las palabras de aquella personita rondaban por su mente y le dió la razón.
Ya era hora de recuperar aquello que perdió.