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Historia 75600 — capítulo 1
Esto es algo que siempre quise hacer. Espero que les guste. Créditos por personajes y demases, a JK Rowling. Lo mío, es la idea.
Dedicado a mi novia Jamie.
Summary: Bellatrix Lestrange ha escapado y ansía reencontrase con su señor. Sin embargo, luego de haber fallado, éste ya no desea verla. La ha desacreditado frente al resto y expulsado de su movimiento. Le exige que no haga nada, pero ella hace lo contrario. Se deja capturar por la orden del fénix y Remus Lupin es su captor. ¿Cómo puede cambiar la vida de un hombre "bueno" y feliz, en manos de una mujer "maligna" y hostil? ¿Y viceversa?
Prólogo: De decepción y viejos enemigos.
Estaba sentada en una vieja y polvorienta cama, en la mansión Riddle, sus labios ligeramente morados por temporadas de besos fríos y pesadillas recurrentes, estaban entre abiertos. Conformando una pequeña "o".
Dementores. Su cuerpo lleno de heridas, ardía como miles de brasas y calentaban su fría alma a causa de los castigos. Esperaba jamás regresar a un lugar como ese. Esperaba jamás tener que toparse con monstruos como esos.
Y pese a ser la mujer más temeraria, más "fría" y más sarcástica, también esperaba jamás encontrarse en aquel frío suelo y entre aquellas ratas inmundas. Y no solo hablaba de animales rastreros.
No. Hablaba de todos aquellos que gemían y pedían clemencia. Sucios, desaliñados. ¡Ningún mortífago que se preciara, pediría clemencia de esa forma tan baja!
¡Como si los del ministerio fuesen a tenerles compasión, por lamer sus zapatos!
Permaneció sentada allí. Su señor, su amo y su único motivo para haber sobrevivido tanta estupidez, no estaba allí. Había dicho que esperara, que esperara dentro y no se moviera.
Pero ella ya llevaba años a la espera. Ya comenzaba a desesperarse y su única diversión, resultaba ser:
Arrancarse la piel herida. Arrancarse la necrosis en uno de sus brazos.
Sonrió al imaginárselo. En cierta forma, podía imaginar su reacción al verla. Escuchar que había extrañado a su más leal servidor en su campaña. Extrañado...extrañarla. Oír su voz.
Ver su manera de asesinar. Verla hacer correr sangre entre sus manos.
Pero no. Por otra parte, sentía que había fallado vilmente. Sentía que su misión ya había pasado al olvido y que lo único que él recordaría, sería la estela de su fracaso.
¡Su más leal sirviente, había terminado en manos de la orden! Su más fiel y leal mujer, había sido capturada de una forma tan deprimente.
Y para colmo, habían fallado en recuperar la profecía. ¡Contra un par de niños casi indefensos!
Sí...Dumbledore los había entrenado bien. Había entrenado bien a sus pequeños ratoncitos de laboratorio.
— ¿Dónde está? ¿Dónde está ella?— escuchó y su corazón congelado y muerto, dio un vuelco.— Está en la habitación principal, como seguramente le ordené. Y será lo único que ha hecho bien.
Sí. Estaba decepcionado. Y ella también. De sí misma.
Escuchó pasos, acercarse a través de aquellos viejos pasajes. Rasgó un poco de su túnica para ocultar algunas de las heridas. No podía verlo. No podía ver su debilidad. El como la habían usado como juguete y habían hecho de ella, una vieja muñeca de trapo.
Las puertas de roble, viejas y desconchadas, se abrieron de par en par y él emergió ante su presencia. Bajo la luz de una pequeña vela, a punto de extinguirse. Bajo un halo de luz amarillenta, que reflejaba las formas demoníacas de su rostro.
Sus ojos rojos. Se levantó torpemente y con una reverencia exagerada.
— ¡Mi señor!
— Siéntate, Bella. Tenemos una larga charla que sostener y por como veo, no estás en condiciones siquiera, de mantenerte mucho tiempo en pie.
Y no mentía. No estaba. Deseaba dejarse caer y dormir. Por primera vez, deseaba dormir y despertar pisando las cabezas de sus enemigos. De los desertores.
— ¡Mi señor, lo siento tanto! No podíamos...la orden. ¡Esos niños estaban más preparados de lo que jamás imaginamos Lucius y yo... ! Y ahora...Lucius está en la cárcel y...
Pero guardó silencio. Lord Voldemort sostuvo su rostro y por un momento, ella tuvo la vana idea de que él la perdonaría.
Y seguramente, solo quería sostener su rostro para mirar a sus ojos por última vez y acabar con su vida. Por haber fallado de aquella forma. Por haberle costado pérdidas. Por haberle costado otra oportunidad de resurgir como el amo y señor del mundo.
— No gastes tus energías, Bella. Te han herido severamente y no te conviene entrar en una discusión conmigo. No sabrías precisar de qué soy capaz, cuando me encuentro decepcionado. No tienes tu suerte.
Tragó fuertemente y guardó silencio entonces. Voldemort se hallaba posando sus manos en los retazos de tela que ella había arrancado y con los que esperaba, ocultar sus heridas.
— ¡Ah, esto sí que se ve mal! Debió dolerte mucho, Bellatrix. Debió dolerte.
Sintió su mano sobre su cabeza, sobre sus cabellos. No acariciaba su cabeza, Voldemort no sabía acariciar. Resultaba algo doloroso, tiraba de ellos y sin embargo, ella no suplicaría. Ella se quedaría allí. Inmóvil y en silencio.
Al ser concebido bajo los efectos de una poción de amor, Voldemort jamás podría amar.
Pero estaba bien. La "amaba" a su manera.
— Te permitiré que te quedes para que descanses, recuperes fuerzas. Más sin embargo, querida Bella, no quiero volver a verte por estos pasillos. No quiero que vuelvas a ser convocada y no quiero verte intentar redimirte. Asesinar a alguien o ir tras Potter, para ganarte mi confianza. Te entregaría a la orden, si Albus creyera en mí. Pero como sabes, no nos llevamos muy bien que digamos.
— Pero ¡señor! Fue solo un accidente, le prometo que no volverá a suceder. ¡Lo conseguiré! Yo misma traeré a Potter y...
Pero se vio obligada a guardar silencio. Sintió su rígida caricia, sobre su rostro.
— No te engañes, Bellatrix. Ya no me eres útil. No te eres útil ni a ti misma. Y Lucius. Tampoco quiero verlo nuevamente entre mis filas. Para él, tengo un castigo preparado. Sus influencias y prestigio en el ministerio, me serán útiles muy pronto. Tú por tu parte, Bella, trata de encontrar otra cosa que hacer.
Tenía que estar soñando. Ser una broma cruel a causa del mareo y debilitamiento al que había estado sometida durante años.
— Adiós, Bellatrix Lestrange. Adiós.
Sus fríos labios se posaron sobre los suyos, casi igual de fríos.
Aquel beso frío había dolido más, que su orgullo y sus heridas mismas.
Remus Lupin, caminaba de un lado a otro. Por un viejo cuarto dentro de la mansión Black. Nymphadora estaba detenida junto a la puerta y lo observaba con un gesto de preocupación, que no podía ocultar tras su largo y rosado cabello. Que en ese preciso momento, se encontraba cambiando de color como su humor.
— ¡Soy un licántropo! ¿No lo entiendes aún? No estoy hecho para amar a nadie. ¡No estarías segura en esas condiciones!
— Al diablo con la seguridad, Remus Lupin. ¡Simplemente tienes que entenderlo! Es lo que siento y no me importa un carajo, lo que seas o dejes de ser. Para mí eres perfecto. Eres la persona que amo y con la que ansío pasar el resto de mis días. ¡En esta guerra estúpida!
Se acercó al hombre que había desviado la vista y posó una mano sobre su rostro. Lo acarició suavemente y suspiró con lástima.
— En este momento en el que debemos estar más unidos que nunca, tú te molestas en agredirte a ti mismo. Necesitamos aliados, estar unidos. No necesitamos más enemigos y mucho menos, nosotros mismos.
Pero Remus no estaba para escucharla.
— Iré. Iré tras todos esos mortífagos y tú no podrás impedirlo Nymphadora. Dumbledore no se detendrá porque vayas corriendo y le digas que me amas y prefieres que me quede a salvo.
— ¿Qué sentido tiene cazarlos? Bellatrix. Ni siquiera sabes dónde puede estar ahora.
— Todos van al mismo sitio y si ella ha escapado, tenemos que detenerla.
— Quien tu sabes. Todos están con él. ¿Pero si no hemos podido encontrarlo a él, como los encontraremos a ellos?