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Historia 75725 — capítulo 1
**Capítulos****Decisiones (Prefacio + Capítulo 1)**Prefacio
Soy un tipo normal... o casi normal. Casado hace ocho años, y padre de dos hermosas niñas: Renesmee y Sarah. Soy psiquiatra de profesión, además de dictar clases de terapia psicoanalista en la Universidad de Londres, ciudad en donde residíamos desde hace cinco años. Ah, y tengo 27 años... o algo así. ¿Normal, no? Claro, si no fuera por el hecho de que en verdad soy un vampiro que pisa los 110 años de vida, al igual que mi esposa, aunque ella es más joven (quien en verdad tiene 26 años de vida). Mi hija mayor, Renesmee nació siendo mi mujer aun humana, por lo que ella es "híbrida", trayendo eso consigo que su desarrollo fuese acelerado, pues ella tenía siete años, aunque aparentaba ser una chica de 16. Toda una adolecente. El resto de mi familia, padres y hermanos eran vampiros también, y a quien consideraba como mi hermano, aunque a veces era como mi hijo, Jacob, era un licántropo. ¿Perturbador, no? Aunque había una personita que era cien por ciento normal, y que había llegado a formar parte de nuestra vida hace tres años. Mi hija menor, Sarah. Habíamos pospuesto el tema de la adopción, hasta que Renesmee insistió en que "ya estaba bueno de ser ella hija única". Así que nos pusimos en campaña de búsqueda. Visitamos muchos orfanatos, y cuando ya nos habíamos dado por vencidos, fuimos de visita al último, y nos encontramos con una recién nacida que había sido abandonada a pocos días de nacer, de grandes ojos verdes, que para mi sorpresa, en cuanto me vio, estiró sus brazos hacia mí, sonriéndome. Supimos enseguida que ella debía ser la próxima integrante de la familia. Guardamos en secreto el hecho de su adopción, pues para todos, ella es hija biológica nuestra, incluso cuando los padres de Bella la vieron, decían "pero si es igualita a Bella cuando era pequeña".
Pese a todo, mi vida era absoluta y completamente normal. Nada de enfrentamientos bélicos, ni disputas. Todo normal, y espero que así siga siendo.
- Decisiones.
-¿Me darás el divorcio?- le pregunté a mi mujer
-Ya te dije que no. Deja de insistir con eso-
-¡¡Anda ya, Bella. Dame el divorcio de una vez!!-
-¡¡Qué no!!-
-Por favor...- le dije, acercándome a ella y suplicándole en susurros al oído, para luego pasear mis labios por su hermoso cuello marmóreo. De forma automática, sus manos aferraron con fuerza mis cabellos
-¿Me vas a decir alguna vez por qué quieres el divorcio?- dijo, con dificultad, mientras yo seguía besándola.
-Ya lo sabes, para darme el gusto de volver a pedirte que seas mi mujer, y llevarte a Isla Esme por tres o cuatro meses de luna de miel...- le dije, llevando ahora mis labios sobre los de ella. Recordaba la primera vez que le pedí el divorcio. Se puso histérica, pesando que yo había dejado de amarla. Menuda estupidez.
-Podemos obviar todo eso de la pedida de mano, y la ceremonia, y concentrarnos en la luna de miel. Esme y Rose estarían encantadas de cuidar a las niñas por esos meses...
-Puede ser...-
-Además, si te doy el divorcio, quizás te diga que no cuando me vuelvas a pedir matrimonio, y ya sabes, me iría con uno de mis amantes...-
-¡Muy graciosa, Bella!- dije, apartándome, un poco molesto. El hecho de que pudiese haber otro hombre, hacía que mi furia se disparara. Y ella disfrutaba de eso
-Tonto Edward- dijo, trayéndome de nuevo hasta ella, rodeándome el cuello con sus brazos y besándome con tanta pasión, como sólo ella sabía hacerlo. Si Rosalie no hubiese tocado la puerta de la casa, lo más probable es que me hubiese olvidado que tenía que llevar a Renesmee a la escuela, y que Bella tenía que ir a su trabajo...
-Esto quedará pendiente para esta noche...- me dijo, de forma tan sensual que no aguanté de volver a tomarla con fiereza por la cintura, y volver a besarla
-No lo olvidaré...- le dije. Sentí que mi hija bajó corriendo las escaleras de la casa, para abrirle a su tía querida, quien venía a cuidar a Sarah, mientras Bella dictaba sus clases de arte en la escuela primaria donde trabajaba hace dos años.
-¿Así que tienes examen hoy?- le pregunté a mi hija, camino de la escuela
-Sí, muy sencillo por cierto-
-Perfecto...-
-¿Has pensado en lo que te pregunté?-
-¿Sobre las clases de fotografía? No quiero que esas clases te distraigan...-
-¡¡Sabes que no me distraerán, que no bajaré mi rendimiento en la escuela!!- estalló... ¡vaya, que genio!
-No sé, no sé...-
-¡¡No eres justo, papá!! Cuando tomé las clases de piano, no tuviste reparo en que las tomara...- me comenzó a decir algo exasperada, pero la interrumpí
-Está bien- y me quedó mirando
-¿Está bien?¿o sea que puedo tomar las clases de fotografía?-
-Es lo que dije- le confirmé, sin dejar de mirar al frente.
-¡¿Te dije que eras el mejor papá del mundo?!- me dijo, mientras me abrazaba por el cuello, y me daba un gran beso en la mejilla. Me contó que las clases comenzaban en dos días, así que esta tarde, cuando pasara por ella, iríamos a comprar lo que necesitara para esa clase. Sabía que ella sería buena en eso también, así como lo fue en sus clases de piano, las que dejó después que se diera cuenta que su maestro no dejaba que su imaginación fluyera a través de las notas de piano, como ella decía: "¡¡No nos deja interpretar otra cosa que no sea algún clásico!! ¡¿Lo puedes creer?!". Se dio cuenta de su afición por la fotografía hace poco, cuando con una muy sencilla máquina fotográfica digital, lograba captar instantes justos, de manera muy artísticos. De verdad era muy buena.
La dejé en la escuela, y enseguida me dirigí hasta la clínica. Allí estuve toda la tarde haciendo consultas. Gracias al cielo, el día pasó rápido, por lo que ya era hora de ir por mi hija hasta la escuela. Cuando llegué ahí, ya estaba esperándome, ansiosa. Sus pensamientos vagaban en una serie de modelos de cámaras fotográficas profesionales, y de sus accesorios. A penas me vio, se despidió rauda de sus amigos, y subió al coche.
-Quizás mamá deseaba venir con nosotros...- me dijo al llegar a una tienda especializada del centro comercial
-Lo dudo...- con el paso de los años, seguía sintiendo algo de aprehensión por eso de las compras y los regalos.
Las compras no demoraron más de dos horas. De camino, fue probando la cámara con el paisaje. De verdad estaba muy emocionada por comenzar sus clases cuanto antes.
Al entrar, Renesmee se fue directo al cuarto de Sarah, donde se encontraba con Rosalie, a mostrarle la cámara fotográfica y comenzar a practicar con su hermanita. Bella se encontraba en el estudio, mirando por la ventana.
-Ya regresamos- dije, acercándome a ella. En cuanto volteó hacia mí, vi sus ojos cargados de preocupación. Enseguida me alertó -¿Qué tienes?-
-Carlisle llamó hace poco. Quería hablar contigo, pero le dije que llegarías más tarde. Se notaba algo nervioso...-
-¿Mi padre nervioso?-
-Se trata de Charly... dijo que había ido hasta su consulta a chequearse, pues no se había sentido bien, y los analgésicos no calmaban su malestar. Sue insistió en ir a ver a Carlisle-
-¿Y cuál es el diagnóstico?-
-Cáncer... al estómago, en fase tres... Carlise habló con ellos sobre el diagnóstico, pero papá se niega a hacerse cualquier tratamiento...- terminó de decir, llevando sus manos hasta su cara. Yo sólo atiné a abrazarla.
-Lo convenceremos de comenzar el tratamiento lo antes posible. Que esté en fase tres nos da algo de esperanza, así que no desesperes...-
-Debo ir con él, Edward. Debo viajar a Forks y estar con él...-
-Por supuesto que no-
-¡¡Es mi padre Edward!!-
-No dejaré que vayas sola. Iremos los dos, y estaremos allá el tiempo necesario-
-¿Y las niñas?-
-Hablaremos con Renesmee. Tendrá que entenderlo. Le daremos la opción de quedarse acá con Rosalie y Emmett mientras que dura nuestra estadía en Forks...- yo sabía de antemano que iba a ser difícil para ella tomar la decisión de venirse con nosotros hasta Forks. Pero no la obligaría. Podía hacerlo, por supuesto, pero no lo haría. Estábamos discutiendo aquello, cuando la oímos:
-¡¿Mamá?! ¿Dónde estás?- dijo, buscando por la casa, hasta que dio con nuestro paradero -¡¡No has visto lo que compramos para mi clase de fotografía... porque papá autorizó que comenzara a asistir...-
-Es estupendo, cariño...- Bella intentó sonar alegre por lo que Renesmee le comentaba, pero nuestra hija se dio cuenta de inmediato de que algo pasaba.
-¿Qué tienes mamá?-
-Cariño: Edward y yo debemos viajar hasta Forks...-
-¿Forks?... ¿Le pasa algo a alguien allí?¿Se trata de mi abuelito?-cuando Renesmee supuso lo que pasaba, Bella agachó la cabeza, así que me tocó explicarle a mí
-Cielo, Carlisle llamó a Bella para contarle que Charly hace días que no se había sentido bien, por lo que Sue insistió en que visitara a mi padre...-
-¿Qué es lo que encontró?-
-Cáncer- enseguida sus ojos se llenaron de lágrimas, las mismas lágrimas que de seguro Bella en este momento estaría derramando si fuese ella capaz de eso. Bella se acercó hasta nuestra hija, y acaricio sus mejillas:
-Debemos ir con él. Charly se niega a hacerse exámenes, y la única manera de convencerlo es estando yo allá. Lo obligaré si es necesario. Edward, Sarah y yo iremos...-
-¿Y yo?-
-No queremos obligarte a ir con nosotros...-
-¡¡Pues no me obligarán a quedarme tampoco. Yo iré con ustedes...!!-
-Pero la escuela, tus amigos... las clases de fotografía que comenzarías... estas tan entusiasmadas con ellas. Puedes quedarte acá con Rosalie y Emmett, hablaremos con ellos...-
-¡¡No!! Yo voy. No me importa posponer las clases, pero yo también voy a ver a mi abuelito Charly...-dijo abrazándose a Bella. En ese momento en su cabeza, había perfecta seguridad de la decisión que estaba tomando. Pero sabíamos que para ella sería difícil dejar aquel lugar. Pero mi hija, tenía el corazón y el ánima más hermosa que yo nunca había visto. Y yo estaba muy orgulloso de aquello.