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Aquello que tanto soñé. — capítulo 1

Todos los derechos a J.K.Rowling, yo solo juego con sus creaciones.


Harry estaba desesperado. Sudaba horrores, quería hablar, pero su garganta no respondía. Lo reconfortaba el hecho de que a su lado, una chica, que, quizás, fue forzosamente convertida en mujer antes de tiempo, con una maraña de pelo castaño, lo apoyaba, incondicionalmente, en cada decisión.

Eso era curioso.

Era curioso que, si bien ver a Hermione, su amiga, su hermana, lo reconfortaba, lo hacía sentirse acompañado, también lo hacía sentirse sólo.

Solo porque era ella, y no su amada pelirroja, quién estaba con él. Le dolía, le dolía más que cualquier maldición Cruciatus que pudieran enviarle, no saber si Ginny, quién era, decididamente, el gran amor de su vida, estaba bien. Por supuesto, bien en lo que se refiere a tiempos de guerra.

Se permitió soñar despierto unos momentos, darle lugar a la maravillosa utopía, total ¿qué podía pasarle? Él estaba convencido que aquellos eran sus últimos momentos de vida.

Cerró los ojos unos segundos, y a la mente se le vino una imagen bastante reconfortante: vio unos cuántos niños, algunos pelirrojos con pecas y ojos marrones, y otros con pelo negro azabache, visiblemente imposible de peinar, y unos ojos verdes que encandilaban. Muchos tenían anteojos, por supuesto. También vio una mujer pelirroja, que los llamaba para que fuesen a comer. Harry pensó que esa era la mujer más hermosa que hubiese visto jamás.

Adiós ensoñación. Escucho que una pared caía, y lo que vio adelante, devastó sus sueños como sí le hubiesen dicho que Voldemort era director de Hogwarts.

Percy estaba tirado sobre un cuerpo, gritaba mucho. A su lado, estaban el Sr. Y la Sra. Weasley. Arthur la abrazaba como sí la estuviera protegiendo de algo. Molly lloraba a lágrima viva, como si le hubieran quitado una parte de sí. Harry se acercó más al lugar, y vio que, efectivamente, a Molly le habían sacado una parte de sí misma.

El cuerpo de Fred estaba inerte en el suelo. A Harry, por un momento, le pareció ver que sonreía. Pero no era así, Fred ya no podría sonreír, ni jugarle una broma, ni ayudarlo, ni nada de eso. Fred se había ido, y nada lo haría volver. Como Dumbledore una vez le había dicho una vez, nada, absolutamente nada, puede revivir a los muertos.

Con la mirada buscó a su amigo, Ron, quién estaba con una expresión indescifrable en su rostro, como si le hubieran paralizado la cara. Al lado de Ron, estaba Ginny, su Ginny, su pelirroja adorada, el gran amor de su vida. Ella lloraba, como era lógico, por su hermano. A George no lo vio, pero quizás fue porque Harry no aguantaba seguir mirando aquella desgarradora escena.

Decidió recorrer con la vista Hogwarts. El panorama no era nada alentador, el castillo estaba medio derrumbado, había fuego y gente gritando y corriendo por todos lados. Bajó la mirada, hacia el costado del cadáver de Fred.

Decididamente, no estaba preparado para lo que vio.

No, no podía ser, no podía creer lo que veía, no quería creer lo que veía.

Vio un rostro, donde antes brillaban unos ojos misteriosos color miel, lleno de cicatrices, con una expresión pacífica, como si estuviera dormido. Remus Lupin, el primer hombre con el que había llegado a saber algo más de sus amados padres, aquel hombre que le había enseñado a defenderse como se debía, aquel hombre que con el tiempo se convertiría en un cobarde que abandonaría a su esposa e hijo nonato, pero que recapacitó y regresó con ellos, aquel hombre que lo había convertido en padrino de su único hijo, estaba muerto.

Observó el cuerpo que estaba a su lado, también tenía una expresión pacífica en su bello rostro, con forma de corazón y nariz pequeña, que brillaba a la luz de la luna. No tenía, sin embargo, el cabello rosa que tanto la caracterizaba, sino que tenía el cabello marrón chocolate, que se tornaba en finos rizos a lo largo de su cabella, hasta su cintura. También, descubrió, tenía las facciones más finas y los labios más carnosos. "Toda una Black", pensó. Finalmente, se dijo, había descubierto su verdadera apariencia. Y no le gustaba para nada. Además de a Andromeda Tonks (sintió lástima por aquella pobre mujer, quién ahora quedaba con la custodia de su nieto, siendo obligada a reprimir el dolor de la pérdida de su esposo, hija y yerno), a nadie había visto jamás tan parecida a aquella bruja conocida como Bellatrix. Era oficial, también. Nymphadora Tonks, recientemente Lupin, aquella mujer extrovertida que tantos consejos le dio a Ginny sobre chicos, estaba muerta. Muerta.

Caminó hasta quedar fuera de la vista de los demás, y miró al cielo.

-Les estaré eternamente agradecidos por lo que hicieron. Por lo que hicieron por mí, y por el mundo mágico, son héroes de pies a cabeza. Mamá, papá, Sirius, Remus, Tonks, Fred, Dumbledore, esta batalla es por ustedes. Para honrar lo que hicieron.-dijo, entre lágrimas bien reprimidas.

Pensó en Teddy, y se convenció que le daría un mundo feliz donde solo deba preocuparse por conquistar chicas. Pensó en sus amigos, que estaban luchando única y exclusivamente por su causa, y sonrío. Y también pensó en Ginny, en esa pelirroja hermosa que se había robado su corazón.

"Venceremos" pensó convencido "y por fin tendré la familia con la que tanto soñé alguna vez."


Espero que les haya gustado, es mi primera historia. Tengo 12 años, recién empiezo en esto de la escritura, así que espero gustosa sus críticas. ¡Saludos!