← Historia 77734 · de
Historia 77734 — capítulo 8
Perdonen de verdad la tardanzaaaa x___________x sí que me pase, demasiado -.- pero en serio, mil disculpas, no había tenido suficiente inspiración ni tiempo para escribir, pero he aquí, al fin. Espero les guste!!!! y si no ._. hagánmelo saber.
Muchísimas gracias a los que siguen leyendo esta historia!!!!! y por dejar sus comentarios. Los espero n___n ya saben que son muy bienvenidos.
Un beso enoooorme! y mil disculpas.
˜Jessica
Mi hermana mayor Andrómeda me miró, parecía preocupada pero al mismo tiempo me cuestionaba. "¿Y ahora qué has hecho, Narcissa?" Bien hermanita, si lo supiera te lo diría.
Caminé fastidiada hasta donde el profesor Slughorn y miré hacia atrás, lo suficiente para darme cuenta que Bellatrix echaba chispas. Lestrange se veía divertido, o eso parecía declarar su expresión.
Toda la clase empezaba a murmurar, sobre todo el resto de los Slytherin de la clase. ¿Por qué me llamaba el profesor? Si Lucius le había contado algo de lo que vio aquella noche me las iba a pagar muy caro.
Miré de reojo a Regulus, quien miraba seriamente la escena, y él igual me miró. Me interrogó con la mirada y yo solamente negué con la cabeza, ignorante a todo lo que pasaba.
Lucius estaba en su mesa, mirando por todos lados como si no acabara de captar lo que sucedía. Me moví nerviosa, sujetando una manga de mi capa de Slytherin con aprensión y llegaba a un lado del profesor. Él ni siquiera me miró.
-¡Clase! El tiempo del examen se ha terminado. Los que terminaron la poción dejen una muestra en mi escritorio con su nombre en el envase. Limpien sus calderos y nos vemos la próxima semana- Slughorn agitó su varita y entonces su aviso empezó a ejecutarse aunque la gran mayoría prefería chismear sobre el estado de mi hermana.- ¡Malfoy!- Insistió el profesor, sobresaltándome.
Movía mis manos nerviosamente, estaba completamente nerviosa y estaba segura que esto no acarrearía nada bueno.
Caminé apresurado hasta el profesor y Narcissa estaba a un lado de él. Ella parecía estar nerviosa. (Lo pude notar por su incesante movimiento de manos) y entonces el profesor, Black y yo abandonamos el aula.
-¡Bellatrix Lestrange! ¡Bellatrix Lestrange!- Se escuchaba dentro del aula. Narcissa pareció incómoda y miraba de vez en cuando hacia atrás, mientras los pasos rápidos y largos de Slughorn nos llevaban la delantera.
-¡Joder Malfoy! ¿No pudiste cerrar la boca?- Me dijo Narcissa, escrutándome con sus ojos azules. Yo la miré dubitativo.
-No he dicho nada, Cissy.
-Ya te dije que no me llames así. Soy señorita Black para ti.-Ella levantó su barbilla con orgullo y altanería. Rodé los ojos.
-Bien señorita Black, le informo que yo no he dicho nada y que ahora sospecho que estamos aquí por vuestra culpa- Dije, fastidiado.
-¡¿Estás loco?! Yo no he hecho nada, Malfoy.
Slughorn nos miró, como si pidiera silencio y de repente me di cuenta que al despacho de él no íbamos. La ruta guiaba directo hacia el despacho del director. Narcissa se mordía incesante el labio y luego me miraba, como si quisiera asesinarme.
-Flan de nuez-Dijo Slughorn y una enorme gárgola de piedra se movió, dándonos paso al despacho del viejo barbudo. Me acomodé un poco la capa y Narcissa se acomodaba su rubio y hermoso cabello.
Al principio todo estaba bien, hasta que subimos los escalones.
Sentí que el alma se me venía a los pies y estaba consciente que mi rostro había perdido todo signo de vida. Miré de reojo a Malfoy, quien parecía opinar lo mismo que yo porque igual su rostro estaba pálido y pedía explicaciones.
¡Por las barbas de Merlín y Salazar! Esto no podía estar pasando.
Slughorn nos condujo a Malfoy y a mí a unas sillas, situadas cerca del director de barba blanca y frente a…mis padres y los de Malfoy.
No entendía qué pasaba pero me estaba poniendo muy nerviosa. Necesitaba en esos momentos a alguna de mis hermanas que me protegiera de la matadora mirada de Cygnus Black y la interrogatoria de Druella. Empecé a respirar más rápidamente, como cuando me ponía nerviosa.
-Buenos días, señorita Black, joven Malfoy. Sean tan amables de tomar asiento.-Dijo el director Dumbledore, ofreciéndonos cínicamente caramelos y cínicamente Malfoy aceptaba uno. Sentía yo el estómago revuelto.
Nos sentamos y miré mis manos sobre mi regazo, evitando mirar a mi madre o a mi padre. Malfoy parecía más compuesto ya que su mirada gris estaba tranquila y miraba a sus padres y luego sonreía a los míos y los saludaba correctamente.
Respiré profundo "Vamos Narcissa, no ha de ser nada malo" Me dije a mí misma, tratando de serenarme.
-Bueno, creo que esto es un asunto muy delicado, por eso he decidido que se haga en mi oficina. Ya que los señores Black y Malfoy han accedido a esto, supongo que es hora de informaros.
-Lamento interrumpir, profesor pero ¿Narcissa y yo hemos hecho algo inadecuado?- Preguntó Malfoy con su voz acorde y digna de un Slytherin prefecto. Lo miré de reojo y luego me armé de valor para levantar mi vista y enfocar a mi padre, quien serio, miraba solamente al profesor, con un dejo de arrogancia en su mirada.
-En absoluto, joven Malfoy.- Dijo mi padre, antes que nada. Pestañé un poco para aclarar mis ideas y luego miré a los Malfoy.
La señora Malfoy era una mujer madura, de unos 50 años, con una larga melena de cabello rubio, casi plateado y sus facciones parecían cinceladas y finas. El señor Malfoy era más recto, con su traje de típico millonario, su rostro era frío y serio, su semblante me recordaba mucho a Lucius y su cabello canoso, lacio, largo y castaño estaba amarrado en una cinta de seda verde. Tragué lentamente saliva…
Miré a Lucius, él estaba igual de tenso que yo. Me dio la impresión que se desesperaría de un momento a otro.
Mi padre venía igual en sus mejores galas, como mi madre. Cygnus Black se levantó de su asiento y caminó hacia donde el director estaba sentado, observándonos.
-Hemos tomado una decisión.-Empezó mi padre.
-Disculpe señor Black. Pienso que primero sería correcto darles una introducción a los muchachos.-Dijo el señor Malfoy, quien arrastraba las palabras, tal cual y Lucius lo hacía, y no bajaba para nada su arrogante postura de "Oh sí, yo te voy a dominar"
-Si fuera tan amable…-Si algo a mi padre no le gustaba era que lo interrumpieran y menos aún que le ordenaran, sin embargo su reacción fue tranquila y solamente me miró a mí. No supe qué pensar ¿Ellos qué sabían que Lucius y yo no?
-Bueno. En primera; señorita Narcissa, se ve tan bella como siempre esperamos que fuera.-Me quedé estática, a punto de que me diera un ataque epiléptico. Lucius solamente levantó una ceja, mirándonos a su padre y luego a mí.-Estoy consciente de que mi hijo siempre ha estado enamorado de usted. Quise abogar a su favor y creo que usted también comparte los sentimientos por Lucius, así que hemos llegado, Cygnusy yo a un arreglo.
Entonces sentí que un bote de agua hirviendo, un kilo de piedras, un piano, el pianista, el escenario y todo lo que le podría caer a alguien y sobrevivir (bueno…o algo así) me cayó encima. ¿Yo? ¿Compartir sentimientos con Lucius Malfoy? ¿Y eso cuándo había pasado? Quería echarme a llorar, pero no me lo podía permitir. Quería ir hacia Druella y llorarle, suplicarle porque no dijeran lo que estaban a punto de decir.
-Lucius y tú contraerán matrimonio, hija mía.-Dijo mi padre, casi a secas, sin embargo con un solemne tono. Me quedé petrificada y estuve consciente que mi quijada nunca se había abierto tanto.
Un sentimiento me invadió. Narcissa me iba a asesinar en cuanto saliéramos de esta oficina.
Mi padre sabía que yo quería a esa chica rubia pero ella quizá no a mí. ¡Ja! Había dado un mal paso cuando le mentí a mi padre, escribiéndole que Narcissa estaba loca por mí, justo la noche en cuanto encontré a Cissy con el sucio de Regulus en los jardines del colegio.
Miré de reojo a Narcissa y estaba tan pálida que parecía que de un momento a otro iba a colapsar.
-Bueno, no tengo nada más que decir que felicidades…-Dijo el director del colegio.
-¡Pero profesor! Somos demasiado jóvenes aún para contraer matrimonio.-Chilló Narcissa, desesperada en su último intento para deshacer lo que ya estaba hecho.
Y yo permanecí callado, era mejor, sino tendría más problemas.
-Creo señorita Black que me ha quedado claro que no van a casarse hasta salir de Hogwarts, solamente que este compromiso es irrompible.
-¿Irrompible?- Dijo Narcissa, con los ojos azules muy abiertos.
-Toma tu varita, Narcissa.-Dijo Druella, la madre de la rubia. Yo entonces capté todo…-Y tú también, joven Malfoy.
Saqué mi varita, algo dubitativo. Narcissa no hizo gesto alguno.
-¿Es enserio mamá?
-Narcissa, no hagas berrinches y haz lo que te digo-Dijo la señora Black con un gesto severo, reprimiendo a su hija menor. Narcissa hacía pucheros y al final sacó a regañadientes su varita.
Estaba consciente de que su varita liberaba chispas rojas y que ella por dentro igual.
-Ahora acérquense y tómense del brazo, mirándose de frente.-Dictó la señora. Tragué saliva, tratando de controlarme.
Hice lo que me dijeron, me acerqué a Narcissa y ella, con lágrimas en los ojos apenas visibles, se acercó a mí a regañadientes.
-Cygnus, haznos el favor.-Dijo Druella y mis padres asintieron.
-Lucius, ¿Aceptas el compromiso que tendrás con Narcissa, que será tu futura esposa?- Dijo el papá de ella. Narcissa temblaba, presa de que no quería estar ahí en esos momentos.
-Sí.-Dije, y Narcissa me mató con su azul mirada.
-Narcissa, ¿Aceptas el compromiso con Lucius, ahora que él ha aceptado?-Narcissa se mordió los labios, luego me miró, luego miró a su madre, luego a su padre y al final a mis padres.
-S-Sí-Dijo con dificultad, bajando la mirada y aferrándose a mi brazo.
El señor Black dijo unas palabras y entonces una luz apareció frente a nosotros y por un instante sentí un fuerte lazo que me aferraba más a Narcissa. La luz desapareció y entonces ella me soltó, alejándose lo más posible de mí.
-Juramento Inquebrantable…-Susurré. Ahora no nos quedaba de otra…
Me quedé estática, temblaba y ahora ¡ESTABA COMPROMETIDA CON MALFOY!
Yo que me burlaba de Bellatrix y su estúpido compromiso con Lestrange, ahora yo, la menor, la consentida, yo, Narcissa ahora estaba comprometida con ¡Lucius Malfoy!
Miré con rencor a mis padres y luego al director. Me giré, aún con mi varita en mano y sin previo aviso salí corriendo, antes de que pudieran atraparme o algo por el estilo.
¡Tenía que huir!
Bajé corriendo las escaleras, casi tropezándome con todas, pero logré esquivarlas y tocar piso firme. ¿Ahora dónde iría? Si iba a mi sala común seguramente estaban Bellatrix y Andrómeda esperándome. ¿Ellas sabían que nuestros padres estaban aquí?
Tenía ganas de llorar, de rechistar y de lanzarle una maldición a Malfoy. No era justo nada de esto y ahora yo estaba en medio de todo.
Eché a correr por el pasillo, deseosa que un calamar gigante se comiera a la familia Malfoy entera y que a mí me dejaran en paz.
-¡Cissy!- Escuché que me gritaban. Me quedé pálida, pero seguí corriendo, sintiendo que todos los nervios de mi cuerpo me traicionaban.- ¡Narcissa!- Lo escuché de nuevo y entonces reconocí su voz. Me detuve en seco, pero no me giré.
Sus pasos se aproximaron a mí y yo solamente fui capaz de dejar que él me encarara y no yo a él.
-Narcissa ¿Estás bien? ¿Qué fue lo que pasó en pociones?- Inquirió Regulus, quien se acercó a mí. Yo bajé la mirada, no podía mirarlo, ya no, simplemente sería imposible ya que yo había hecho un juramento inquebrantable. Por cierto… ¿En qué consistía? ¿Era que si me aproximaba a Regulus mi piel se quemaría y una enorme gárgola se presentaría frente a mí y me diría: Rompiste tu juramento…? O simplemente yo ya estaba alucinando de más.- ¿Cissa?- Volvió a decirme él y entonces con una de sus delgadas y frías manos, levantó mi mentón, obligándome a verlo. ¡Que conste que él me obligó!
-Regulus…-Susurré, evitando sus ojos oscuros de los míos. Él levantó una ceja, con su rostro serio y soberbio.
-¿Me vas a responder o susurrarás mi nombre? Narcissa, ¿Qué pasó con Dumbledore?- Dijo duramente y sentí un nudo en la garganta.
-Yo…-Lo miré a los ojos. ¡Maldición! Me dije a mí misma. -Solamente….ya sabes. Mis padres vinieron porque me estaba yendo muy mal en Astronomía y debían arreglar asuntos con el director.-Mentí descaradamente. Pero ¿Qué podía decirle? "Nada en especial, solamente ahora estoy comprometida con Lucius Malfoy y tendré un hermoso hijo rubio con el humor de Malfoy" Nooo, ¡No podía decirle nada! Esperaba tan siquiera que Regulus me creyera.
-¿Malas notas? Si tenías malas notas en Astronomía me hubieras dicho, Narcissa y te hubiera ayudado. Linda, para eso me tienes—Dijo el que no debería de ser mi primo y me sonrió de medio lado.-Solo una cosa más.- Agregó. ¡Oh no! Salazar…-¿Por qué Malfoy también fue llamado?
Por un minuto sentí que la tierra se movía y mi deseo de ser tragada por ella sería cumplido.
-Eh…-Empecé.-Ah, pues, sus padres igual vinieron por lo mismo, solo que él es un poco estúpido- ¡Gran estúpido!-para pociones. Eso fue todo- "¡Merlín, Narcissa Black; eres una terrible mentirosa!" Bueno, aunque sea Bellatrix me había enseñado bien a mentir.
Regulus pareció extrañado al principio.
-¿En serio?- Reclamó él, incrédulo a mis palabras. Tragué dificultosamente saliva y luego asentí frenéticamente.
Él tomó una de mis manos. ¡No Regulus, qué haces! Y entrelazó sus dedos con los míos. Si alguien nos veía ahí sería…mi fin.
-Pensé que Malfoy había revelado algo sobre la noche que nos encontró en los jardines…
-¿Qué hubieras hecho si eso hubiera pasado?-Dije, me atreví a comentar. ¿Qué diría él cuando supiera de mi compromiso?
-Quizá no hubiese regresado completo para navidad a su casa-Dijo él fríamente, y sentí un leve escalofrío, aunque me pareció agradable en ese bochornoso estado en el que estaba.
Asentí disimuladamente, como si me lo estuviera repitiendo a mí misma.
-Ahora vayamos a Slytherin. Tus hermanas no dejan de cuestionar, sobre todo Bellatrix-Y sentí que algo me aplastaba por dentro. En cuanto Bellatrix viera mi expresión, mis ojos o cualquier cosa que ella viera, sabría que yo mentía. ¡Ella era la reina de la mentira! No podía caer en su propia especialidad.
-Oh…-Dije sin muchos ánimos y Regulus me miró dubitativo.
-¿Pasa algo?- Me preguntó, confundido.
-No nada…es solo que…nada-Dije atropelladamente y tomé más fuerte su mano entre la mía. Sentí su cálida mano, sus largos dedos atrapar delicadamente los míos y un anillo frío y pesado sobre el dedo anular, donde revelaba el escudo de la familia Black, él; el orgulloso heredero Black, y el orgullo de toda la familia entera, aparte de ser el único varón…porque Sirius no contaba.
Solté un largo suspiro y él, aparentando normalidad, tomó mi brazo y lo colocó entre el suyo, como un caballero. Soltó mi mano y nos encaminamos con nuestra farsa de ser primos a la sala común de Slytherin, donde seguramente me bombardearían preguntar y donde Lucius Malfoy estaría ya…