Una que otra poesía — capítulo 3
Almohada,
que recibes sueños,
alegrías, decepciones,
piojos, a veces,
y al frotarla electrones.
Es una almohada
enfundada,
en una sábana blanca,
verde, amarilla o rosada.
Es sueve, es tibia,
tempranito, pegajosa.
A la noche me llama:
"¡Ven, duerme aquí, hermosa!"
La abrazo, la estrujo,
y mi almohada aguanta todo.
Es tan blanda que la pongo,
a veces, bajo mi codo.
Odio que se salga
de su funda a la noche.
Pero en cambio amo
de viaje llevarla en coche.
Tiene mi olor ahora,
y no la puedo cambiar;
si huelo la de mi hermana,
me siento mal en verdad.
Es vieja, pero yo
no la quiero reemplazar.
Pues siento que sería
a mi almohada traicionar.
Bueno, esta poesía la escribí hoy mismo, se me ocurrió la idea mientras hacía la cama. Todo lo que dice es cierto, y lo de los electrones es sencillamente una sobrecarga de Ciencias Naturales.
Comenten, plis? Carita adorable
Saludos,
Narela