Una que otra poesía — capítulo 7
Los pájaros están muertos,
las hojas, secas, caídas.
Los árboles, vacíos, duros
carecen de toda vida.
Es invierno en la ciudad,
y en el campo, pues, también,
pero en mi alma ilusionada
la vida va a florecer.
Soy feliz y con derecho,
con justicia lo he ganado;
hace semanas que lucho
por un amor olvidado.
Fue el amor, ni más ni menos,
de mi infancia más temprana.
El que a la siesta a mis padres
y vecinos despertaba.
Con gritos de niña alegre
yo me enamoré de él.
Y con pistas para autitos
nuestra vida dio un revés.
Pasó de tarde aburrida
a alegría sin parar;
a gritos, saltos y brincos
que al mundo hacían temblar.
Fue un año corto y largo,
lleno de felicidad.
Mas un amor infantil
ya no podía durar.
Tuvimos que despedirnos,
a otro barrio se iba él.
Y sacudiendo pañuelos,
lo saludé en el andén.
Nos encontramos, sorpresa,
hoy, tantos años después.
Nos costó reconocernos,
recuerdos, ventana y riel.
Y por eso fue que meses
tratamos de esto encender;
las chispas casi olvidadas
de un amor como fue aquél.
Y sin pensar lo logramos,
en la vida creeré;
nos besamos, nuevamente,
en una cafetería ayer.
Mas sin un final feliz
nuestra historia iba a quedar.
Y poco a poco la vida
nos tuvo que separar.
Hooola! Perdón por el tiempo sin actualizar.
Me tengo que ir!! Espero que les guste, comenten...
Narela