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Por Fred, valía la pena. — capítulo 1
Primero fue George.
1° de abril de 1978.
Y, a los pocos minutos, llegó Fred.
Esa fue su primera broma: Que nacieran gemelos un 1° de abril, cuando ella esperaba un solo hijo…Una hija, para ser exactos. Todavía recordaba a Arthur riendo y preguntándole al medimago si acaso era una broma y a Bill, Charlie y Percy haciendo miles de preguntas.
Y el tiempo pasó. Y las bromas aumentaron, sus dolores de cabeza se intensificaron…Pero también las risas y la alegría en su hogar. No había día que no se riera, aunque fuera en secreto para mantenerse firme como madre, de sus travesuras.
Como aquel día en el que, al fin, sus gemelos tuvieron su propia habitación y camas separadas. Discutieron brevemente sobre quien se quedaría con la cama que estaba junto a la pared… Y, entonces, Fred dijo con voz solemne:
"-Yo escogeré cama primero, George…Debido a que yo fui quien te dio el privilegio de nacer primero, ahora merezco ser recompensado."
Sin embargo, a los dos días, habían juntado ambas camas hacia la mitad de la habitación.
Molly aún recordaba cuando los había encontrado planeando bajo las sabanas convertir el oso de Ron en una araña. Negando con la cabeza, se alejó riendo… Pero su buen humor se fue por los suelos cuando escuchó gritar al pequeño Ron al día siguiente.
Y sí, a veces, se reprochaba el haberles reñido tanto.
Como aquella vez, lejana vez, en el campeonato de quidditch.
"... Que si los atrapaba Quien-Ustedes-Saben, lo último que les había dicho era que no habían tenido bastantes T.I.M.O.S…"
En su mente se dispararon aquellas lejanas y, tanto atesoradas como dolorosas, últimas palabras que había tenido con Fred.
"-¡Fred, vuelve…! ¡No es seguro, regresa!" "-No te preocupes, mamá, esto será como un juego…"
Eso le había dicho su quinto hijo volviendo la cabeza sobre el hombro para mirarla mientras le guiñaba un ojo y sonreía…Mientras corría hacia su muerte.
Las lágrimas resbalaron por sus mejillas y a los pocos segundos, aquel bebé que llevaba en brazos rompió a llorar.
-¿Pasa algo, mamá?-Dijo Ginny asomándose desde la cocina hacia el patio y mirándola con preocupación. Aún llevaba la bata rosa de la sala de maternidad.
Molly le sonrió a su hija y luego miró al recién nacido James, que se había calmado y le regresaba la mirada.
-Solo…Pensaba lo afortunadas que somos de tener hijos, Ginny.
No había consuelo…Para nada que lo había. Perder un hijo era perderse a sí misma. No había vacio más reacio a llenarse…Y sin embargo, había miles de millones de motivos para seguir viviendo, para reír por las mañanas y reír aún más por las tardes. Tenía otros hijos, a Arthur…Su Arthur… Sí, definitivamente, la vida valía la pena por las personas que la vivían con ella y valía, aún más, vivirla por las que ya no.