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Historia 80847 — capítulo 1
Se sentía sola desde hacía unos meses atrás, pero todo era culpa suya. En realidad tenía personas que la amaran y ella estaba cerrada. Empeñada en hacer aquello que muchos de haberlo escuchado, creerían que solo se trataba de una locura, de un delirio que se debía a una fiebre repentina, muy alta. O tal vez a una enfermedad mental incurable que nadie podría comprender ni haber visto antes. Pero ella estaba segura de su decisión. Quizá su destino no era estar con él, pero ella no tenía miedo de descubrir qué había tras las cortinas. Qué había tras aquel viejo y raído telón de su destino que cada vez comenzaba a hacerse más claro y ella comenzaba a mirar la luz detrás de este. La guerra se avecinaba y ella muy pronto tenía que irse. Cada cual tomaría su camino, por más inseparables que fuesen. Por más promesas infantiles que habían jurado nunca quebrantar, las cosas tenían un inicio y un fin. Aquel era su fin. El momento de terminar lo que habían empezado y acabar con el sufrimiento de muchos. Solo ellos tres tenían ese "poder" esa capacidad. Solo ellos tres, sobre los que pesaba el destino sobre sus hombros. No se trataba de que así lo hubieran escogido. No se trataba de que se sintieran afortunados por eso. Se sintieran especiales. Ellos nunca habían sentido eso. Podrían ser únicos, pero eran como todos los demás. Solo que con un destino entre sus manos, distinto. Bien, no quería llamarlo especial. Empezaba a contradecirse terriblemente y todo por aquello. Por aquel pensamiento que tenía la culpa de todos sus males. Bajó las escaleras a tientas pensando que en realidad, lo único que se podía ganar con todo eso, era un castigo. Pero eso ya no importaba. Ya se iban. Para siempre... Suspiró, tratando de reunir valentía para vencer, para anteponerse ante sus más profundos temores. Ya no era una niña para esconderse bajo la cama. Ya había borrado las mentes de sus padres. Ya había hecho lo peor. ¿Por qué se detendría? ¿Por alguien como él? Sonrió y colocó su mano sobre el pomo de aquella vieja puerta. Estaba motivada, lo tenía que decir y así, podría luchar sin sentir que una parte de ella estaba débil. Que podía morir en cualquier momento. Que cualquiera pudiera descubrirlo y entonces... Ella estar en desventaja. Entre abrió la puerta y miró dentro. Estaba allí, ante la suave oscuridad y la fría luz de la luna. Podía ver su reflejo en una de las paredes. Miraba el cielo. Era solo un enorme pilar negro sin moverse. A un lado, una vieja lechuza dormitaba y su suave respirar, era una hermosa composición en aquel cuadro. Se quedó quieta, imaginándose cómo tenía que decirlo. ¿Cómo tenía que sonar para que fuera convincente? Porque muy adentro, esperaba que le correspondieran. Aunque fuera una locura. Caminó silenciosamente. Unos pocos pasos. No quería que se enfadara con ella, que se diera cuenta de que lo espiaba. — Y me reuniré con el señor tenebroso, muy pronto. Eso le había escuchado. Bueno, creía como Dumbledore decía, que él era un doble agente y todo lo demás. Nada de qué alamarse. — Debemos poner a Potter en el lugar adecuado. No debemos fallar. No podemos seguir fallando o esto no tendrá sentido ni resultados. Nada aún de qué preocuparse. — Pro... — Y sangre sucias...incluso traidores a la sangre... Se detuvo en seco ante aquellas palabras y respiró pesadamente. Bueno, no había oído toda la versión. Solo podía ver su larga espalda, en la oscuridad de la noche. — Son los primeros en sacrificarse... No continuó con su camino. No pudo. Sus pies se soldaron en el frío suelo de piedra, donde estaba parada. Severus Snape había alzado la cabeza para mirar al cielo y parecía volverse. Hermione había perdido toda esa esperanza. De un sonoro golpetazo. Y había salido corriendo en dirección contrario. — Por nosotros. Deberíamos evitar que eso suceda. Detesto esa maldita expresión. "Sangre sucia". Si nunca lo hubiera hecho. Si nunca lo hubiera dicho. Suspiró y miró a su alrededor. Si no lo hubiera hecho, la realidad sería otra. La mujer que amaba, estuviera allí a su lado y quizá.... Quizá nada habría pasado. Quizá ella estaría bien. Su hijo y su esposo, estarían reunidos en el mismo lugar y él. Sobraría, pero tendría paz. Porque seguramente, al final de cuentas, aunque estuviera viva y junto a él, no la tendría y James Potter habría tenido éxito. Tenía más que ofrecerle que él y su estúpida obsesión por las artes oscuras. De seguro si fuera una mujer, también lo habría rechazado. Era un imbécil y debía morir como tal. ¿Quién se preocupaba por él? La jovencita que lloraba en uno de los pasillos. Llena de rabia.Introductorio. Espero les guste. Besos y cariños.