← El ultimo dia de Colin Creevey. · de
El ultimo dia de Colin Creevey. — capítulo 1
El techo del Gran Comedor estaba invadido por las estrellas que con sus opacos resplandores, bañaban con su luz a los estudiantes repartidos en las largas mesas de cada casa. A su vez, las antorchas en las paredes oscilaban y alargaban las sombras de los estudiantes por el suelo de piedra.
No se necesitaba ser inteligente para notar la fuerte tensión que se vivía en la estancia, un silencio amodorrante que los incomodaba.
Colin Creevey estaba sentado en la mesa de Gryffindor, al lado de su hermano que llevaba el semblante oscuro y macilento, como si el regreso a Hogwarts le hubiese afectado.
-¿Dónde está Harry Potter?- le pregunto Dennis Creevey con voz apagada- ¿Por qué no vino este año?
-Si eres tonto, Dennis, ¿Cómo se te ocurre?- le espeto su hermano sin dejar de apartar la mirada de los demás estudiantes- ¡Hogwarts ya no es seguro para Harry!
Cuando Dennis iba a responder, las puertas del Gran Comedor se abrieron en silencio y entro un hombre de estatura mediana y con una túnica negra que le caía hasta el suelo.
Colin ahogo un grito de terror al ver de quien se trataba, de Pius Thicknesse, desaparecido hacia días y creído muerto, que con su mata de cabello negro cayéndole por los hombros y sus ojos hundidos les confería terror a los estudiantes.
Camino por entre las mesas como si estuviese desfilando y quisiese que todos lo vieran, dejando su estela de maldad tras de sí y una incomodidad que impaciento a muchos.
-¡Buenas noches, alumnos!- dijo con una voz fría y macabra, como si otra voz hablase por el- ¡Bienvenidos a otro año en Hogwarts!- añadió y acto seguido, las llamas de las antorchas se medio apagaron y la luminosidad descendió, dejando el Gran Comedor en una semi oscuridad- ¡Me enorgullece ser yo quien les notifique quien ocupara el nuevo puesto de director!
A medida que hablaba, Colin tomo la mano de su hermano, temiendo por él y por muchos de los presentes. Sus latidos palpitaban con fuerza, certeza de que algo malo se aproximaba.
-¡Aplaudan a… Severus Snape!- grito con voz autoritaria y con una radiante sonrisa malvada en el rostro, al tiempo que las puertas volvían abrirse y entraba Snape con porte elegante, con su túnica ondeando a los pasos que daba y una seriedad que le hacía temer- ¡Nuevo Director del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería!
Todo el salón enmudeció al instante, sin creer ni parpadear en lo que oían. Solo los alumnos de Slytherin gritaron al unisonó y vitorearon la victoria de su antiguo profesor de Pociones.
Al llegar al atrio, Snape se volvió haciala audiencia, batiendo su túnica hacia un lado.
-¡Gracias por sus expresiones!- dijo arrastrando las palabras en un siseo continuo- ¡Hogwarts seguirá siendo un lugar seguro… para todo aquel que cumpla las ordenes!
Se interrumpió cuando un alumno de Gryffindor se levanto entre los demás, y grito a voz en pecho.
-¡¿Cómo te atreves a volver a Hogwarts?!- grito Seamus Finnigan haciéndose oír y ante la expectación de los demás- ¿Cómo te paras ahí, donde antes, se paraba el profesor Dumbledore?
Snape observo a Seamus con expresión ausente, como si estuviese digiriendo las palabras del joven. La conmoción vino después…
Los grandes ventanales del Gran Comedor estallaron entre una lluvia de cristal y astillas, creando dispersión entre los alumnos de cada casa. Las llamas oscilantes se apagaron al instante, dejando su humillo tras sí, y unas grandes formas oscuras, parecidas a un murciélago penetraron por las puertas abiertas.
Los alumnos de Gryffindor se vieron obligados a esconderse bajo las mesas ante los ataques de los mortifagos que sobrevolaban el Gran Comedor, mientras que los de Slytherin disfrutaban con el dolor ajeno.
Colin Creevey supo casi al momento, muy a su pesar, que Hogwarts ya no sería el mismo.
La voz de Voldemort retumbando en las paredes hizo que Colin temblara, apoyado de su hermano Dennis mientras oía a la profesora Mcgonagall informar de que evacuarían a los alumnos. El Gran Comedor se había vuelto un batiburrillo de exclamaciones, alumnos que corrían y otros se desmayaban y una tensión cada vez en aumento.
-¡Por favor en orden!- concluyo Mcgonagall desde el atrio, rodeaba de Harry y un Auror de aspecto fiero- ¡Sigan a sus prefectos!
Colin se vio empujado por la multitud de estudiantes que salían en tropel por las puertas dobles hacia el vestíbulo y pronto perdió de vista a Dennis, y aquello lo asusto. Tenía que estar a su lado, mas en aquel momento tan peligroso en el que estaba a punto de comenzar una guerra.
Voldemort había dicho que tenían plazo hasta la medianoche y consultando su reloj, descubrió que faltaban cinco minutos.
Aun entre los asustados compañeros de clase, se vio obligado a subir las escaleras en dirección a la sala de menesteres, pero él no quería huir. ¡Necesitaba encontrar a su hermano!
Llegado a un punto, se abrió camino a empujones y entro corriendo a un pasillo fuera de la vista de los prefectos. ¡Perfecto, había logrado burlarlos!
Corrió por el pasillo, con los pedestales abandonados ya que las estatuas habían sido convocadas a luchar. De pronto, ocurrió lo que esperaba.
Un fuerte temblor sacudió el colegio completo, haciendo que trastabillara y se apoyara de la pared de enfrente. Del techo cayo polvo que le hizo picar los ojos, pero él siguió corriendo con la varita en alto, buscando un escondrijo donde buscar a Dennis.
Abrió la puerta al final del pasillo y salió hacia las escaleras movibles, con el techo retumbando y gritos en los pisos inferiores.
Su corazón comenzó a palpitar con violencia, sin creer lo que estaba viviendo, y descendió sin miedo, o no queriendo sentirlo.
Al llegar al vestíbulo, descubrió a varios combatientes luchando a duelo, con los haces de luz iluminando las muecas de sus rostros.
El antiguo profesor Lupin se enfrentaba con Pius Thicknesse y sus varitas retumbaban ante cada Avada Kedavra y cada Protego. Un poco más alla, Seamos Finnigan se enfrentaba contra el hombre lobo Greyback, el que tantos problemas les había propiciado. Se agacho con rapidez al un hechizo color ámbar venir hacia él, pero se estrecho contra la figura oscura que venía volando tras Colin, haciendo que cayera con estrepito.
Agito su varita incansablemente lanzando hechizos y protegiéndose de los que le lanzaban, mientras buscaba con la mirada a Dennis por todos lados.
El colegio volvió a temblar, y estando ahí en el vestíbulo, distinguió en los jardines los grandes y gruesos pies de dos gigantes que se chocaban, haciendo el golpe de un gong y el chocar de dos piedras. Mas alla, en el linde del Bosque Prohibido, Colin distinguió que las copas de los arboles se batían con ferocidad y tras un segundo, salieron hileras e hileras de gigantescas arañas peludas y huesudas escapando de los instigadores que se habían adueñado del Bosque y les habían obligado a luchar.
Cayo de bruces al un Desmaiuspegarle en el pecho, se retorció, busco a tientas su varita entre el desorden y…
-*¡Levicorpus!-*exclamo con voz ahogada pero seria y el mortifago acechante salió despedido hacia atrás-.
Se seco el sudor de la frente y salió al jardín, esquivando arañas o lanzándoles maldiciones que las hacían desaparecer o saltando los grandes peñascos que habían caído del techo del colegio.
La contienda no había acabado.
El cielo estaba oscuro, plagado de unas espeluznantes nubes grises que formaban una calavera con la boca abierta como tragándose a Hogwarts y sus defensas. El ver aquello en el cielo, justo sobre la Torre de Astronomía, le trajo amargos recuerdos del día de la muerte del director Dumbledore.
Formas oscuras danzaban en el aire por aquí y por alla, y solo se distinguía las luces de sus hechizos al salir de la varita.
Colin no descubrió ni rastros del profesor Snape, pero si vio a Bellatrix Lestrange saltando y esquivando los hechizos de dos Aurores imponentes. A pesar de estar luchando a muerte, la sonrisa no se desaparecía en el rostro de la mujer y aquello le impresiono, le vino a la mente el desear el coraje y valentía de aquella mortifaga.
De pronto hubo un estallido, observo de reojo el terreno de la esquina para observar una ola de polvo que se avecinaba y como el sonido de la lucha, los gritos de los combatientes, el siseo de los hechizos, habían cesado.
Observo la lucha desde el punto de vista sordo, como si estuviese viviendo una aventura muda en la que su destino era incierto. Cuando se volvió hacia la entrada derruida del vestíbulo, distinguió a Dennis luchando contra unmortifago flaco y deprimente. Los hechizos de ambos hacían temblar sus varitas y una mueca apareció en el rostro de Dennis.
A mi hermano nodijo en su mente, tropezandocon una roca, trastabillando pero no cayendo. Se encontró corriendo hacia el vestíbulo, sin percatarse de lo que sucedía a su alrededor y poco a poco todo iba tomando sonido,todo volvía a la normalidad de una forma feroz que le hizo tintinear los tímpanos.
Colin Creevey no tuvo con certeza en que parte del cuerpo fue que le impacto el *Avada Kedavra,*solo supo que sintió una descarga eléctrica que le recorrió todo el cuerpo paralizándole su sistema paso a paso.
Cayo de rodillas aun con expresión ausente y con la vista puesta en su hermano, pensando en todo lo que habían compartido de pequeños, en cómo había llegado a Hogwarts y su vida había cambiado, como conoció a Harry Potter y entablo amistad con él.
Cerró sus parpados con lentitud, con un millón de pensamientos y recuerdos cruzando su cerebro, como líneas informáticas que navegan en el ciberespacio.
Harry Potter se detuvo en el centro del Gran Comedor con un cansancio en el cuerpo, como si miles de kilogramos estuvieran sobre él. Las mesas de las casas estaban volcadas a los laterales, con los grandes peñascos haciendo de obstáculo. ¡Tras un largo tiempo, había logrado al fin vencer a Voldemort! ¡Se había ido! ¡Era libre!
Se floto los ojos con ambas manos y sonrió. Aun había un mañana por el que luchar, un mañana que depararía muchas sorpresas.
Observo el suelo destruido y se extraño al ver un pedazo de papel tirado en el suelo, como si se hubiese caído por casualidad.
Lo recogió con pesadez para saber que era una fotografía donde se mostraba un Harry Potter a la edad de doce años, un antiguo profesor Lockhart y un Colin Creevey de mirada inocente y soñadora, que sonreía con alegría a la cámara como si lo hubiese pasado en grande.
Harry, teniendo aquella fotografía en sus manos, sonrió de placer. La volvió, y al dorso, en la sección sin nada estaba escrito en pulcra letra la frase:
El mejor día de mi vida.
Harry levanto la mirada hacia el blanco cielo, salpicado de nubes azules y aves cantoras y pensó…
Colin.
*Fin.*ockhart