El camino de la muerte — capítulo 1
-Mata -ordenó Lord Voldemort en pársel.
La serpiente Nagini se acercó reptando y enroscó su cuerpo en torno al cuello de aquel hombre paliducho, de pelo y ojos negros como el tizón. El animal clavó sus colmillos en el cuello frágil del Director de Hogwarts y de su garganta brotó un grito de horror y espanto. La sangre caía a borbotones y el reptil disfrutó con la maldad brillando en sus ojos, al igual que su amo. Cuando notó que estaba muriéndose, lo soltó.
Lord Voldemort y ella salieron de allí sin advertir la presencia de Harry, Ron y Hermione, que observaron aquella escena con el miedo pintado en sus rostros. Los ojos del niño-que-vivió se posaron en el cuerpo que yacía tirado en el suelo intentando contener la hemorragia con las manos.
Harry Harry se deslizó silenciosamente desde el mugriento pasadizo secreto que conectaba al sauce boxeador con la casa de los gritos, para no ser escuchado por el Señor Oscuro y miró a Severus Snape a la cara sin poder identificar sus sentimientos. A la cara de la persona que siempre había odiado, que siempre le había odiado.
-Cógelo... Cógelo... -susurraba son un esfuerzo monumental.
Por la boca, los ojos y las orejas le salía un líquido azulado plateado que reconoció como pensamientos. Los tocó con los dedos, pero le dirigió una mirada de desesperación a Hermione y ella, de la nada, hizo aparecer un frasco. Se lo dio.
El chico los cogía todos con un movimiento de varita, temiendo de que la vida abandonase al súbdito de Tom Riddle. El objeto estaba a rebosar y Severus sabía que le quedaban unos pocos segundos.
-Mírame -le suplicó a Harry.
El hijo de James y Lily Potter hizo lo que le pidió y ambos conectaron sus miradas. Severus gozó de ese contacto dos instantes, dos breves momentos en los que todos sus pensamientos fueron dedicados a una mujer, una mujer única y especial. Una mujer que no le podía amar.
Sus ojos oscuros parecieron túneles sin fondo, negros en los que jamás podías ver la luz. Pero antes de que la muerte lo envolviese en un abrazo frío y ponzoñoso, en su retina quedó grabado a fuego la mirada de Harry Potter que le recordaba a la de aquella adolescente guapa, joven y prohibida... a Lily.
Esos ojos verdes que jamás le pertenecieron, lo acompañaron al dulce y cruel camino que marcaba la llamada Muerte. Y no opuso resistencia, ya que esperaba encontrar de nuevo a su verdadero amor, a la razón de su patronus, de sus sacrificios, de sus estupideces.
"Ya no me importa morir, no si tú estás a mi lado" -pensó antes de caer muerto y sin vida al frío suelo.
Y es que Severus Snape había hallado la felicidad en los momentos más oscuros, en la agonía de vivir o no vivir. Aquellos ojos verdes eran su felicidad y James Potter jamás se la podría arrebatar. Era suya, completamente suya, de su propiedad.
Sintió que estaba tumbado sobre algo liso y frío. Tenía los ojos cerrados fuertemente y no sentía dolor alguno. Una voz lo llamó:
-Severus -su corazón pegó un bote al reconocerla y se dignó a abrir los ojos y verla otra vez. Estaba de espaldas, sentada en el único objeto que había en aquel cubo: un columpio-. ¿Por qué lo has hecho? -Preguntó y se giró mirándole fijamente.
Él no sabía a qué se refería, pero aunque lo hubiese sabido, tampoco hubiese tenido palabras para responderla.
-¿El-el-q-qué? -Tartamudeó temiendo enfrentarse a sus miedos.
-Todo, Severus, todo -contestó francamente.
-Lo siento mucho, Lily, lo siento -decía desconsoladamente mientras que cristalinas lágrimas corrían por su mejilla sin que las pudiese contener.
-¿El qué sientes exactamente? -en su tono no había recelo ni rencor, ni mucho menos rabia, pero eso era lo peor: su indiferencia.
Se hizo el silencio. Snape no podía pronunciar palabra porque se quedaban atascadas en su garganta y lo máximo fue sentirlas en sus labios, pero no salieron. Su mirada estaba fija en sus zapatos. Una gota transparente cayó de la comisura de sus ojos.
Notó que el columpio chirriaba y alzó la mirada. Aquellos ojos verdes estaban pegados a los suyos negros. Una vez más, sintió una corriente eléctrica por todo el cuerpo. El embriagante olor a vainilla del pelo rojo caoba le llegaba y le nublaba el pensamiento. Se dejó llevar.
Suavemente, acercó su rostro al de Lily. Estaban muy cerca, demasiado, y con miedo, la besó.
Quizá hubiese sido un beso bonito, tierno, cariñoso y demás, pero la mente de Severus Snape desconectó y sus ojos vacíos jamás volvieron a tener ese resplandor de amor. Entonces la imagen de aquella joven bella y esbelta se evaporó, dando la mayor alegría a aquel hombre antes de morir, guiándole al amargo lugar de la Muerte.
N/a: Este One va para homenajear a Harry Potter, una saga con la que he crecido orgullosamente y aunque terminen las películas, siempre estarán los libros para refugiarnos en un mundo mágico cuando el nuestro sea demasiado injusto y feo. Como dijo Rowling, Hogwarts siempre tendrá las puertas abiertas para todo el que lo desee.
¡Larga vida a Jotaká Rowling!