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Libertad — capítulo 1
Porque ellos no fueron héroes, sino simplemente, personas. Personas con sueños de ocupar un lugar en el mundo, pero para cuando ellos llegaron ya todos los lugares respetables estaban ocupados. No, no fueron héroes, ni villanos. Pero estuvieron allí.
—Gracias, señorita Parkinson —dijo la profesora Mconagall con voz entrecortada—. Usted será la primera en salir con el señor Filch. Y los restantes de su casa pueden seguirla.
Todos miraban a Pansy, incluso los de su casa, que si bien no la apuntaban con la varita, no sabían muy bien que pensar de ella. Theodore Nott suspiró y desvió la vista del espectáculo. Se fijó en Draco, tenía la vista fija en Pansy y sus labios tensos formando una fina línea. Daphne le pasaba un brazo por lo hombros a Pansy, en ademán protector y Blaise parecía no saber muy bien que estaba haciendo allí.
Se pusieron de pie y mientras caminaban en dirección al séptimo piso, Theodore recordó como había empezado todo aquello: a mediados de la tarde Draco había sofocado un grito, durante la última clase y se había llevado la mano hasta el antebrazo izquierdo, la marca había ardido y Theodore supo inmediatamente que algo iba a pasar. Y finalmente, después del anochecer Slughorn se había presentado en la sala común con sudor en la frente y los había conducido hasta el gran comedor.
Así habían acabado allí, con los rostros de los estudiantes de las tres casas restantes mirándolos con hostilidad, como si ellos fueran los culpables de todo. Necesitaban un chivo expiatorio y lo habían encontrado en ellos. «Pero no todos somos mortífagos», pensó Nott cuando enfilaban las escaleras hasta el séptimo piso. Pero aquello daba igual. Tampoco estaba en el bando de los buenos
Después de todo, a pesar de no ser mortífagos, eran Slytherin. Despreciaban a los hijos de muggles y a los que llamaban traidores a la sangre. La mayoría de las familias aplaudía a Voldemort, aun cuando no todos se atrevían a unirse a él. Por lo tanto, eran un buen chivo expiatorio en aquella ocasión.
—¡Theo! —llamó Pansy, iba acompañada de Daphne Greengrass y parecía estar buscando algo desesperadamente con la mirada—. ¿Has visto a Draco?... Sólo hace un momento que estaba aquí… y no lo veo —dijo, mientras en su cara se dibujaba una expresión frustrada.
Theodore no alcanzó a contestar nada cuando Blaise, que también había escuchado a Pansy, habló y derramó un jarrón de agua fría sobre la cabeza de la chica con sus palabras:
—Se fue, cuando Filch no miraba —contó Zabini—. Con Crabbe y Goyle. Va a participar en la batalla.
—¿Pero por qué…? —preguntó Pansy—. Si se queda le pasará algo. Estoy segura. —No mencionó que podía morir, pero lo pensaba.
—Es uno de ellos, princesa, ya tiene una hermosa serpiente tatuada en su brazo —respondió Blaise, abrazando a Pansy y poniendo su cara muy cerca de la de la chica—. ¿Por qué crees que se quedó? —Se encogió de hombros—. Supongo que buscará gloria… reconocimientos de su señor… —comentó Blaise, sonriendo con sarcasmo.
—Suéltame Blaise —musitó Pansy con expresión amenazadora y al chico no le quedó más que alejarse. La chica no estaba para soportar bromas.
—No bromees con esos asuntos, Blaise —ordenó Theodore, con voz seca.
Así era Blaise, bromeaba incluso con los asuntos más peliagudos. Theodore suponía que bromeaba con el asunto de los mortífagos porque su padre no era uno de ellos… qué diablos, ni siquiera tenía padre. Sólo tenía a su madre, una mujer increíblemente rica que se había casado siete veces y quedado viuda las mismas. No tenía tanto riesgo de que el Señor Tenebroso lo llamara a formar parte de sus filas, como a Theodore. Zabini dejó de sonreír con sarcasmo y se cara mostró una expresión seria, recordó donde estaba: en la antesala de la que podía ser la batalla final de la guerra.
—¿Tu padre estará aquí, verdad? —le preguntó a Theodore.
Nott asintió, y no dijo nada más. Semanas antes, durante las vacaciones de Pascua, su padre le había comunicado que durante en verano Lord Voldemort podría admitirlo como mortífago y que debía estar muy orgulloso, porque aquello era un gran honor. Sin embargo, Theodore ya no estaba seguro de querer ser un mortífago… un héroe vestido de negro y enmascarado de plata. Ya no estaba seguro de nada.
Antes había tenido ideales firmes, pero estos empezaban a tambalearse.
Antes, cuando había conocido la noticia del regreso del Señor Tenebroso había soñado por convertirse en un mortífago. Ahora, al ver el ejemplo de Draco, ya no estaba tan seguro de desearlo.
—¿Por qué Draco se quedó en el castillo? —volvió a insistir Pansy, devolviéndolo a la realidad.
—Déjalo, Pansy —respondió Theodore—. Sus razones tendría.
Iban ya caminando por el pasadizo ubicado en la sala de menesteres sin tener ideas de a donde los iba a conducir, ni a dónde irían después. Preferían no pensarlo demasiado. Varios chicos de otras casas les dirigían miradas hostiles, y ninguno de ellos los culpaba. Antes habrían respondido a las provocaciones de todos esos chicos, o ellos habrían sido los provocadores, pero ¿ya qué más daba? Pansy estaba preocupada por Draco, con toda la razón del mundo, Daphne le murmuraba frases destinadas a consolarla y le dirigía algunas miradas preocupadas a Theo, que mostraba un semblante reflexivo. Y Blaise por primera vez en su vida, se mostraba serio.
Llegaron a Cabeza de Puerco. Muchos de los mayores se apresuraron a desaparecerse llevando a sus hermanos menores. Sin embargo, ellos no tenían muy claro a donde querían ir.
—No quiero ir a casa —musitó Pansy—. No quiero llegar y que me pregunten por qué no estoy en Hogwarts… qué ocurrió. No quiero responder a sus preguntas —finalizó con la voz más fuerte, cruzando los brazos sobre el pecho y por un momento pareció la antigua Pansy.
Pero Theodore sabía que ya nunca iban a ser los mismos. Porque era simplemente personas con sueños, sueños teñidos de verde y plata que al final, se habían convertido en pesadilla.
—Yo tampoco quiero ir a casa —confesó Theo.
No quería encontrarse a su madre con expresión afligida, ni quería responder a sus preguntas. Suspiró. Simplemente, no quería verla, vagando como un fantasma por toda la casa, preguntándose qué sería de su marido y de su propio hijo. Su madre nunca había tenido carácter fuerte y a Theodore no le apetecía verla.
—Vayamos a otra parte. Sólo vayamos lejos —propuso Daphne, que también quería alejarse de la batalla que se libraba en el colegio.
Y podían acusarlos de cobardes. Pero tampoco eran héroes. No habían nacido para enfrentarse en aquella batalla, y probablemente, no pensaban matar por sus ideales. Sólo habían tenido sueños, y al final, sus sueños los habían traicionado y se habían truncado pesadillas. Blaise se acercó hasta la ventada del pub y miró al cielo. Theodore lo imitó y descubrió un cielo gris, un cielo de pesadilla. Daphne se acercó hasta él, junto con Pansy y mirando también al cielo, buscó a tientas la mano de Theodore y la aferró. Se quedaron allí unos momentos, pensando que vendría después, como iban a seguir adelante.
Porque podrían haberse quedado a jugarse la vida en aquella batalla.
Pero en vez de eso, habían elegido marcharse. Y seguir adelante.
Habían elegido desatarse aquella pesadilla verde y plateada que los había marcado durante toda su vida. Se habían desprendido de ella, se habían alejado de la batalla. Habían elegido no ser héroes vestidos de negro, sino simplemente, personas.
—Vamos lejos —propuso Zabini, mientras la sonrisa le regresaba a la cara. Aquella sonrisa sardónica que siempre mostraba.
No se desaparecieron en aquel momento. Aun se quedaron unos momentos mirando al cielo. Theodore musitó unas palabras en voz alta, firme, que los iban a marcar por siempre. Habían elegido seguir adelante…, habían elegido dejar atrás sus pesadillas para buscar nuevos sueños.
—Esto es libertad —dijo Theo.
Eran libres.
No eran unos cobardes. Pero tampoco eran héroes, ya no había espacio para ellos en aquel lugar. Pero estuvieron allí, aquel 3 de mayo de 1998 y eligieron marcharse para salvar sus vidas.
*Theodore Nott, Daphne Greengrass, Blaise Zabini y Pansy Parkinson.*Estuvieron allí. Sin embargo, la gente tiende a olvidarlo.
Porque no fueron héroes.
Este es mi Homenaje a HP7. No es homenaje a todos los caídos, como Fred, Colin, Lupin, Tonks… imagino que habrá muchos ones dedicados a ellos. Sin embargo, me apetecía recordar a estos cuatro Slytherin que también estuvieron allí, aun cuando lo olvidamos muy frecuentemente.
Sí. Estoy nostálgica y escribir este one me ha dado ganas de llorar… no porque esté para llorar, que no lo está, sino simplemente porque me recuerda que el final de las películas está cada vez más cerca y no puedo pensar con mucha claridad.
Sí, sé que no es un one muy convencional, al menos como homenaje a la batalla, porque apenas si cuento de ella. Sin embargo, estamos hablando del 3 de mayo de 1998 y aun cuando este one no haya mostrado estudiantes y miembros de la Orden pelear por su vida contra los mortífagos, ni tampoco haya ni un Avada Kedabra ni varitas lanzando hechizos, a mí me parece un muy buen homenaje…
Porque también existen aquellos que eligen marcharse y no ser héroes.
Nea Poulain
7 de julio de 2011