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Historia 81517 — capítulo 1

Estaba asustado. Demasiado, para ser honesto.

Tan solo algunos minutos atrás, un duende de Gringotts llamado Griphook, había llegado a la mansión, para notificarle a su tía Bellatrix que tres chicos habían entrado en su cámara...y que habían robado algo.

Se debía de tratar de algún objeto bastante valioso, ya que vio horrorizado como la bruja se había desquitado ferozmente con el grupito de hijos de muggles fugitivos que los carroñeros habían encontrado esa tarde. Pero fuese lo que fuese, era algo importante, porque de otro modo no habrían llamado al Señor Tenebroso...

Y ahí estaba, recargado en el umbral de la puerta del pequeño salón. En el centro de éste, un duende, se hallaba aturdido y tumbado en el frío suelo de piedra.

Y de repente, por la puerta del otro extremo del salón, Voldemort apareció. Al verlo, Draco enmudeció; un escalofrío recorrió todo su cuerpo, desde la punta del dedo gordo del pie hasta el último de sus platinados cabellos. Lentamente, el mago entró en la habitación, con la enorme serpiente tras él. Se paró al lado del duende, y después de moverlo con un pie, lo miró con asco.

-Y díganme... -dijo con su serpentina voz- ¿Esta vez me han llamado para algo útil?

-Mi señor -comenzó Lucius- este duende... nos ha traído noticias

-¿Qué noticias?

Nadie habló. Después del incómodo silencio que se produjo, Voldemort apuntó su varita al duende, y al instante, éste despertó. Talló sus ojos, y al percatarse de que tenía enfrente a Lord Voldemort, soltó un grito de espanto.

-Me dicen que has traído noticias para mí... -sentenció- ¿Es verdad?

Aterrado, el duende se puso en pie. Y con el pánico reflejado en su rostro, comenzó a relatar lo sucedido en Gringotts. Pero Draco no ponía atención, estaba mas concentrado observando a Naginni, que se arrastraba amenazadoramente por todo el salón; ya había pasado casi tres veces por entre sus piernas, haciendo quesu espalda se arqueara. Sus pensamientos divagaban en sólo tres personas, las culpables de que Lord Voldemort estuviera presente en ese momento: San Potty, el pobretón de Weasley y la sangre sucia de Granger.

Pero extrañamente, en esa ocasión, no sintió ningún desprecio u odio por ellos. Al contrario, sintió un arrebato de admiración hacia ese trío de Gryffindor´s.No sabía exactamente porqué, si por su valentía al adentrarse en Gringotts a pesar de ser los mas buscados... o por lo estúpidos que fueron por el sólo hecho de intentarlo.

Continuó absorto en sus pensamientos, hasta que un rayo de cegadora luz verde lo hizo reaccionar. Voldemort había matado al duende, y ahora lanzaba maldiciones a diestra y siniestra, sin importarle si le daba a algún mortífago o no. Vio a su padre y a su tía Bellatrix salir corriendo delante de todos, y después a su madre empujándolo por los hombros.

Y ahí estaban, arrinconados entre un montón de pupitres calcinados, intentando salvar sus vidas de aquel maligno fuego. No tenía ni la mas remota idea de donde se encontraba Crabbe, y la verdad era que en aquel momento tampoco le interesaba... ¿Qué clase de persona invocaba un hechizo de tal magnitud sin saber como revertirlo? Aún se preguntaba como era que ese estúpido se atrevía siquiera a intentar ser mortífago.

De repente, el calor aumentó. Las ardientes llamas se acercaban mas a ellos, y parecía que ese sería el fin. Vio su vida pasar ante sus ojos... y al meditarlo seriamente, merecía tan asqueroso final. Y quizá debía estar de suerte, pues desde un año atrás y hasta la fecha, había imaginado la muerte a manos del Señor Tenebroso. Y de hecho, si se enterara de que había fracasado de nueva cuenta, esta vez no tendría consideración alguna con él, y lo asesinaría al instante.

Abrazó con mas fuerza el inconsciente cuerpo de Goyle, estaba muy pesado. De pronto, vio en el aire, muy por encima de las llamas, a Potter y sus amigos volando en busca de la salida.

-¡Ayuda! -gritó con todas las fuerzas que le quedaban a sus sofocadas anginas

Aliviado, observó como Harry regresaba veloz hacia él. Levantó la sudorosa mano para poder subir a la escoba... pero el peso de Goyle junto con el suyo era demasiado para el escuálido chico de anteojos, por lo que sus manos se soltaron. Y el muchacho regresó, con los otros dos detrás de él.

-¡¡Si morimos por su culpa, te mato Harry!! -exclamó el pelirrojo

Mientras Ron y Hermione subían el pesado cuerpo de Goyle a su escoba, él hizo lo propio en la de Harry.

-¡La puerta! -exclamó asustado- ¡Vamos hacia la puerta!

Harryy él ascendieron junto con los demás.Entonces, el pelinegro volvió a descender en picada, a toda velocidad.

-Pero ¿qué haces? ¿Qué haces? - gritó, muerto de pánico- ¡La puerta está por allá!

Vio horrorizado como se acercaban de nuevo hacia las llamas. Cerró los ojos mientras se aferraba con demasiada fuerza a las costillas de Harry. No se atrevía a abrirlos, ero al sentir que subían lo hizo. Chilló por el dolor que las quemaduras le efectuaban, y a lo lejos divisó un rectángulo en la pared, por el que entraron.

Al salir de la ardiente cámara de Menesteres, salió disparado de la escoba y fue a estrellarse en contra de la pared del pasillo. Y al caer, quedó tendido en el suelo, boca abajo, y sudoroso.

-Crabbe -murmuró, jadeando- Crabbe...

-Está muerto. -respondió Potter

Se desplomó por completo en el suelo. Estaba derrotado, débil, no tenía varita, y Goyle seguía aturdido. Cerró los ojos; le hubiera gustado quedarse dormido en ese instante. El trío charlaba de algo acerca de la diadema que Potter había tomado antes de salir, mientras que dicho objeto emitía un fuerte chillido de dolor... lo cual le parecía imposible, porque las diademas no hablan.

Y sin prestar atención a sus palabras, se fijó en ellos. Les agradecía rotundamente por haberle salvado la vida, muy a pesar de todo los insultos y humillaciones que habían recibido de su parte; pero personalmente los odiaba por ello.Genial, ahora les debo la vida, pensó. Y es que jamás en su vida habría imaginado que tendría que deberles algo a esos tres: el cara rajada, la comadreja y la sabelotodo. Y ahora le habían salvado de un final de horrible y doloroso.

Corría por todo el castillo, en medio de cientos de brujas y magos; aurores, mortífagos y estudiantes; todos peleando por su respectiva causa. Una maldición pasó rozándole el oído, por lo que se volvió bruscamente y vio a un mortífago acercándose amenazadoramente hacia él.

-¡Soy Draco! ¡Soy Draco Malfoy! -suplicó- ¡Estoy en el mismo bando que tú!

De la nada, un rayo de luz roja pasó por delante de él, aturdiendo al hombre enmascarado. Giró el rostro en busca de su salvador, pero en lugar de eso recibió un fuerte golpe en el rostro. Cayó al suelo, y confundido, se limpió la sangre que corría por su nariz.

-¡Es la segunda vez que te salvamos la vida esta noche, canalla traidor! -gritó una voz

La segunda vez que te salvamos la vida esta noche. No podían tratarse de otras persona: ese trío de Gryffindors lo habían hecho de nuevo. Entonces, se sintió como todo un sinvergüenza, como el peor gusano del mundo. Soltó un grito ahogado, pero intentó calmarse en ese instante, no iba a permitir que nadie lo viera así, no iba a parecer un cobarde delante de tanta gente.

No supo cuanto tiempo pasó, hasta que vio algo que lo había dejado congelado al instante: Voldemort y el resto de los mortífagos -sus padres incluidos- entraban por la destruida puerta principal, seguidos del enorme guardabosques Hagrid... que llevaba el cuerpo de Harry Potter en brazos.

Escuchó los gritos mas desgarradores que hubiese oído jamás. Y vio como los Weasley´s, Granger, la chiflada de Lovegood, y muchos más se unían a una voz. Todos corrían para observar de cerca la escena, nadie podía creer que El Niño que Vivió estuviera muerto. Y él tampoco podía creerlo, lo había visto hacía poco menos de un par de horas, se habían batido en duelo, incluso la había salvado la vida.

Se le hizo un nudo en la garganta. Las lagrimas comenzaron a caer de sus ojos como un río que se desbordaba, y varios gritos ahogados salieron por su garganta. Entonces, sintió como unas pequeñas manos lo sujetaban por los hombros. Se volvió, y vio a su madre, con el terror reflejado en su rostro. Después miró a su padre, que estaba irreconocible, no se parecía en nada a aquel hombre respetable que era años atrás.

Y por primera vez, vio que éste se preocupaba por ellos, por su familia.

Todo había terminado. Voldemort estaba muerto, su propio hechizo le había rebotado. Aún no podía asimilarlo, todo había sucedido de una forma tan rápida. Podría decir que su mente le estaba jugando una mala pasada, de no ser por los cientos de personas que se abrían paso por el destruido suelo para ver y tocar a aquel muchacho que había derrotado a Lord Voldemort.

Desde la mesa en que se encontraban sentados él y su familia, logró observar varias escenas: familias reencontrándose, gente llorando por sus seres caídos... Pudo ver a la señora Weasley sollozando quedamente al lado de su hija; a Neville Longbottom rodeado de lo que seguramente eran sus nuevos admiradores; y a lo lejos, a Harry Potter, quien al fin se había librado de toda la marabunta de agradecimientos. No pudo evitar sentir una inmensa gratitud por aquel muchacho de la cicatriz.

Después, miró a sus padres. Su madre derramaba finas lagrimas que resbalaban por sus blancas mejillas; estaba aterrada, y no podía ocultarlo.Mientras que su padre tenía cardenales en todo el rostro, evidentes marcas del castigo del Señor Tenebroso; había adquirido una expresión seria, ysus manos se aferraban con fuerza en los hombros de su esposa e hijo.

Cerró los ojos. El pánico comenzaba a apoderarse de él, en cualquier momento iba a volverse loco. Temía por su futuro, por el de sus padres... ¿Qué pasaría ahora que Voldemort estaba muerto? ¿Los enviarían a Azkaban? ¿Los matarían? Deseó con todas sus fuerzas que sucediera lo último, no era tan fuerte como para resistir Azkaban... y su madre, no soportaría ni un día en ese asqueroso lugar.

Aunque muy en el fondo, sabía que se merecía aquello. Por estúpido, por querer agradarle a una persona que nunca se preocupó por él, hasta ahora... y siempre fue así.

En primer año, obtuvo buenas calificaciones, las mejores de su casa en Howgarts: "Pero no las de el curso, dejaste que una hija de muggles fuera mejor que tú". En segundo año, cuando lo hicieron buscador del equipo de quidditch de Slytherin: "Pero con tu ineptitud dejaste que Potter ganara el primer juego del año". En quinto año, cuando fue nombrado prefecto, sin quererlo ni deberlo:*"Pero el hijo de Arthur Weasley también lo es".*Y el año pasado, cuando desarmó a Albus Dumbledore, y estuvo tan cerca de cumplir con su misión: "Pero no lo hiciste, me has dejado en ridículo con el Señor Tenebroso".

Toda su vida se la había llevado intentando darle gusto a su padre; intentos que siempre lo llevaban a frases como "Me has decepcionado". Decepción, aquella cruel palabra que lo acompañaba a donde quiera que fuera. Él no quería ser mortífago, pero tenía que complacer a su padre... ¿Y de qué le servía en esos momentos? La guerra había terminado, el Señor Tenebroso estaba muerto, y a lo máximo que podía aspirar era a una mohosa celda en Azkaban.

Sintió un profundo odio hacia su progenitor, aquel hombre que se hacía llamar su padre. Por haberlos arrastrado a él y a su madre hasta esa situación, por hacerle creer que era un mal hijo... porque sabía que no era un mal hijo, porque detrás de la máscara se encontraba un hijo intentando complacer a su padre.

Hola! Bueno, este fue mi mejor esfuerzo, espero que les guste. Estoy sufriendo depresión pre-Harry Potter o.O ¡Al fin la pelicula se estrena el jueves aquí en México!

Por cierto, mañana es mi cumpleaños, y esto es mi mejor auto regalo :D

¡Besos!