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La muerte de Colin — capítulo 1

-¡Ni hablar, Creevey! -bramaba la profesora McGonagall a viva voz-. ¡Te vas! ¡Y tú también, Peakes!

Colin se rehusaba a irse, por lo que decidió camuflarse entre el grupito de Gryffindor de mayores de edad.

-Yo también me quedaré -le dijo Dennis, quien no se había desprendido de él.

-De eso nada. Eres demasiado joven para luchar -dijo Dennis frunciendo el entrecejo, mientras el pánico se apoderaba cada vez más del Gran Salón.

Los prefectos acompañaban a los alumnos menores de edad para evacuar al castillo, por orden de las autoridades del colegio. Colin avistó a Harry Potter, a pocos lugares donde él se hallaba. Parecía estar librando una batalla en su cabeza.

-Tú tampoco puedes luchar, Colin. También eres menor de edad -le espetó Dennis con furia.

-¡Si me camuflo, nadie lo notará! Dennis, tienes que irte! ¡Ahora! ¿No lo entiendes? Esta batalla significa mucho para mí. ¡Vete! ¡Ahora!

El Gran Salón se estaba quedando casi vacío, excepto por las mesas de Hufflepuff y Ravenclaw, donde aún quedaban algunos alumnos, y los de la mesa de Gryffindor, donde aún se hallaban más de la mitad de los estudiantes sentados, con aspecto desafiante.

Una mano agarró a Dennis por la túnica y se lo llevó casi a las rastras; era Angelina Johnson. -Nos veremos en casa -le dijo Colin tratando de poner voz madura, mientras veía cómo la chica se llevaba a su hermano, que ponía cara de pocos amigos.

-Él estará bien -dijo un compañero de Colin.

Kingsley se subió a la tarima y se dirigió a los alumnos que habían decidido quedarse para luchar. Empezó a dar instrucciones, pero Colin apenas las oía. Se limitó a levantarse con el resto de las personas, que hicieron gran estrépito, y seguir a Flitwick, Sprout y McGonagall. Unas cincuenta personas abandonaron el Gran Salón en ese momento, con las varitas enarboladas. Colin sentía miedo, pero el valor que le brotaba lograba eclipsar ese sentimiento.

Entonces se sintió una calma muy extraña. Era como el ojo del huracán. Era esa quietud previa al desastre. Cuando estaban empezando a subir los primeros escalones que llevaban a la torre de Astronomía, una descomunal explosión acabó con la pared de piedra y por el hueco, entre el humo y los escombros, aparecieron más de una docena de mortífagos, todos ellos con las caras descubiertas, y empezaron a lanzar hechizos y maldiciones a diestro y siniestro.

-¡Atención! -rugió la profesora McGonagall-. ¡Divídanse todos y traten de guardarse las espaldas los unos a los otros, ahora!

Sin decir una palabra más, empezó a lanzar maldiciones al mortífago que tenía más cerca. Fue un momento de gran revuelo, donde todos corrían y trataban de atacar a los mortífagos.

-¡Desmaius! -gritó Colin, y le dio a uno de ellos en el pecho; voló y se dio la cabeza contra la pared. No volvió a levantarse.

-¡Creevey, detrás de ti! -gritó una voz: Angelina Johnson estaba de vuelta.

Colin logró esquivar justo a tiempo una maldición asesina lanzada por una mortífaga mujer.

-¡Tú! -bramó la profesora McGonagall, que en ese momento acababa de derribar a otro mortífago-. ¡Creevey! ¡Eres menor de edad! ¡Te he dicho que... Protego! -Aprovechando el momento de distracción, el mismo mortífago que acababa de derribar había tratado de lanzarle la maldición Cruciatus.

-¡No... volverán... a oírse... maldiciones imperdonables... en este... colegio! -gritaba la profesora, lanzando hechizos y maldiciones a todo mortífago que tenía más cerca.

-¡Avada Kedavra!

-¡Impedimenta!-Colin desvió la maldición asesina.

-Ah, ¿sabes jugar, niño? -dijo el mortífago que lo había atacado con una mueca burlona-. Yo te conozco. Eres hijo de muggles. Tu cara estaba en los archivos del ministerio. Asqueroso sangre impura...

-¡Petrificus...!

-¡Protego! ¡Cruciatus!

-¡Protego!

-¡Expe...!

-¡Protego!

-No vas a bailar eternamente, sangre impura -le advirtió el mortífago.

Se iba acercando cada vez más, y Colin se veía obligado a retroceder, subiendo la escalera que llevaba a la torre de Astronomía.

Al cabo de unos minutos, estuvieron en la cima de la torre, luchando por sus vidas.

-¡Avada Kedavra!

Colin no pudo responder. Obviamente, el mortífago con el que estaba luchando superaba con creces sus habilidades. Vio pasar su vida delante de sus ojos. Una luz blanca, una luz muy brillante... Vio la cara de Harry Potter, la cara del salvador Potter. Y luego, el rostro de su padre y el de su madre, sonrientes; un instante después, como una estrella fugaz, apareció la cara de su hermano Dennis, sonriendo, orgulloso de su hermano mayor. Y entonces, todo se apagó y Colin se durmió para siempre.