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Historia 8268 — capítulo 2

LA FAMILIA.

El día en casa de los Potter amaneció tarde; la noche anterior se habían quedado hablando hasta bien entrada la noche y les costó mucho levantarse. Ginny fue la primera en levantarse y con unos movimientos de varita puso a fregar todos los platos de la cena, en unos segundos las copas atravesaban el salón para dirigirse a la cocina donde un estropajo frotaba las cazuelas.

Hermione tuvo que esquivar un par de platos que iban de la mesa del comedor a la cocina cuando intentaba acercarse al sofá donde su amiga leía un libro.

-Buenos días- le dijo dándole un beso en la cabeza cuando pasaba detrás del sofá donde estaba sentada.

-Buenos días, cariño ¿quieres desayunar algo?

-No te preocupes, ahora después tomaré algo cuando Harry se levante. Ayer fue el último en acostarse.

-Siempre es igual, cuando viene Ron siempre se acuesta tardísimo y después no hay quien lo levante. Lo pasamos bien ayer ¿verdad?-dijo Ginny con una enorme sonrisa.

-Ni que lo digas, llevaba sin reírme tanto...-se paró a pensar un poco- casi desde la fiesta que hicimos para tu boda, fue bueno encontrarse a todos los del colegio. A algunos llevábamos mucho sin verlos.

-Pues esto es casi todos los fines de semana. Ron y Sara vienen a cenar a menudo y al final siempre terminamos contando batallitas de Hogwarts. Creo que Sara es capaz de contarte toda tu vida- le dijo riéndose- estos están siempre contándolo todo, la verdad es que es muy divertido. Pero Sara se siente algo fuera de lugar.

-¿Por qué?

-Ella es muggle, por eso creo que se siente tan mal cuando alguno hablamos de ti. Ella sabe que lo tuyo con mi hermano pasó hace mucho y que sólo sois amigos, pero tú eres una bruja y cree que eso os acerca más.

-Entiendo. Pero... si se van a casar es porque no dudará de Ron ¿no?

-No es eso, ella le quiere muchísimo y no le importa en absoluto lo de la magia, incluso le gusta, y sabe que Ron también la quiere mucho, pero... no sé... quizá son impresiones mías.

-¿Cómo están las chicas más guapas de Inglaterra?- Harry estaba en la puerta del salón con el pelo aún más desordenado que de costumbre y el pijama a medio abrochar.- Hoy comemos en tu casa ¿no?

Las dos chicas se rieron al ver la pinta que llevaba y Ginny asintió con la cabeza levantándose para arreglarse. Al cabo de una hora los tres estaban listos para marcharse a la Madriguera donde les esperaban todos los Weasley para comer. Cuando se aparecieron en el jardín de la casa donde estaban todos los adornos preparados para la boda del día siguiente, pudieron ver una enorme mesa que les recordó los veranos cuando todos cenaban fuera, días antes de coger el expreso de camino a Hogwarts. Hermione sintió una punzada en el estómago cuando cruzó la puerta de La Madriguera, la casa no había cambiado nada, tenía el mismo olor a hogar, seguía estando igual de desordenada y volvía a estar tan habitada como lo había estado en sus mejores momentos.

Al entrar todos se levantaron para saludarla; los gemelos la abrazaron entre bromas y Percy seguía siendo tan pedante como siempre, por suerte Penélope, su esposa, a la que Hermione conocía desde sus años en el colegio, era mucho más amable y simpática, aunque a penas habían tenido relación pues Percy se reconcilió con la familia cuando Hermione y Ron ya no salían juntos. Bill dio a Hermione un enorme abrazo, siempre se habían llevado muy bien, ya no llevaba pendiente ni coleta, pero seguía teniendo a Fleur a su lado. Hermione podía recordar lo mal que le caía Fleur el año que la conoció cuando Ron babeaba por ella en todos los rincones del colegio. Charly la saludó también con mucho cariño, desde que se vino de Rumania también había tenido muy buena relación con ella. En realidad Hermione había sido siempre muy querida en la Madriguera, independientemente de los años que pasaba los veranos allí como la compañera de Ron, después durante los tres años que salieron juntos, los Weasley la habían adoptado como a una hija y ella pudo sentir todavía eso cuando el Sr. y la Sra. Weasley la abrazaron.

-¿Dónde está Andy? ¿y los niños?- preguntó Hermione buscando entre todos los que estaban en el salón.

-Vendrán más tarde- le dijo Ron acercándose a ella desde el fondo del salón donde había permanecido con su prometida sin abrir la boca. Evitó mirarla a la cara y su saludo estaba lejos del dulce abrazo que le había dado el día anterior- Esta es Sara- dijo señalando a una joven unos cinco años menor que él, rubia y con una tímida sonrisa.

Hermione saludó a Sara con una parte de ternura y otra de rechazo irrazonable. Era un sentimiento extraño y contradictorio. Por una parte le caía mal, no le gustaba y le veía todos los defectos que podía tener la muchacha, pero por otro, después de lo que Ginny le había contado, no quería hacerla sentir incómoda. La timidez de Sara contrastaba con la seguridad y la soltura que Hermione demostraba en la casa. Nada había cambiado en ella y por tanto seguía siendo como su casa. Ayudó en la cocina, bromeó con Fred y George y sirvió el almuerzo junto con Ginny y Molly a pesar de las negativas de esta última alegando que era una invitada, pero Hermione no podía sentirse como una invitada en esa casa, porque sería considerarse invitada en su propia casa.

Hermione se sentó a la mesa junto a Ginny, a cuyo lado estaba Harry hablando con Bill de quidditch (como siempre) y quien había sido más rápido en coger la snitch la última vez que se enfrentaron. A su izquierda estaba Sara que según le había dicho Fleur estaba más callada que nunca. Al principio Hermione sintió que debería haberse sentado en cualquier otra parte, estaba muy incómoda con Sara a su lado, ella hablaba con su prometido, que de vez en cuando lanzaba una mirada a Hermione, lo que le hacía sentir todavía peor, pero después del primer plato la distensión entre ellas desapareció un poco y comenzaron a hablar.

-Ron dice que vives en un ático en París - le dijo Sara después de un rato hablando de temas sin sentido- ¿vives sola?

Hermione se quedó un momento pensando qué era lo que quería saber exactamente Sara con esa pregunta; podía ser una simple pregunta de rigor o quería saber si Hermione tenía pareja.

-Digamos que tengo una compañera de piso. Y tú ¿vives en Londres?

-No que va- le dijo con una especie de decepción en su voz al ver que con todo lo que ella sabía de Hermione por las conversaciones de su novio, ella era una desconocida para su interlocutora- Yo soy de Glasgow, sí ya sé que está un poco lejos – dijo al ver la cara de sorpresa de Hermione- pero Ron conectó mi casa a la red de polvos floo. Yo personalmente prefiero el avión, pero la chimenea es más rápida.

En el salón se oyó un ruido y las voces de dos niñas peleándose. Dos niñas pelirrojas y de pelo largo, de unos once años salieron por la puerta de la casa hacia el jardín tirando de una carta. Cuando llegaron al salón se pararon en seco al ver a tanta gente sentada a la mesa. Las hijas gemelas de Charlie salieron corriendo a saludar a su padre, uno a uno saludaron a sus abuelos y a todos su tíos.

-Eh! Katie, ¡Ha venido Sara!- dijo una de ellas cuando llegó a saludar a Sara, pero la otra no se inmutó se quedó mirando muy fijamente señalando a su hermana para que mirara quién estaba sentada junto a Sara. Katie y Mary se miraron perplejas, como si hubieran visto a un fantasma.

-¡Tía Hemione! – gritaron las dos y se tiraron a los brazos de Hermione que las abrazaba y besaba continuamente. De repente miró al frente y vio la cara de Sara mirándola con recelo, soltó un poco a las niñas y se levantó de la mesa con la excusa de saludar a Andy, la mujer de Charlie que luchaba con el pequeño hijo de Bill que quería quitarle su varita.

Hermione y Andy se saludaron como viejas amigas. La primera pudo ver como Ron permanecía al margen de todo enfrascado en un conversación con su prometida, que cada vez hacía más aspavientos. Ron parecía algo enfadado y Hermione pudo coger unas palabras de la conversación que mantenían que no le gustaron lo más mínimo.

-No sé por qué la has invitado- oyó susurrar a Sara – siempre tiene que estar ahí para fastidiarnos todo lo nuestro, ya sea en persona o en recuerdo.

Ron se dio cuenta que Hermione la había escuchado y le dio un pequeño toque en la pierna para que dejara de hablar. Sara miró a Hermione y se levantó rápidamente de la mesa y se dirigió a la casa. Ron miró a Hermione pidiéndole una disculpa pero a penas fue capaz de mantener su mirada unos segundos, enseguida la retiró e hizo el intento de levantarse para buscar a su novia, pero Hermione le detuvo.

-Yo hablaré con ella- le dijo poniéndole la mano en el hombro mientras se levantaba- el problema lo tiene conmigo.

Hermione llegó a la cocina donde Sara limpiaba algunos platos con mucha fuerza, más para desahogarse que para conseguir sacarle brillo. Al verla no supo muy bien qué hacer, en realidad no la conocía de nada y tampoco sabía si quería conocerla, pero si ellas no se llevaban bien seguramente Ron lo pasaría mal y ya que había llegado hasta ahí después de tres años de amistad perdida no quería estropear la oportunidad de volver a tener la relación de amistad que tenían.

-No te preocupes- le dijo Hermione con tono dulce- pueden fregarse solos- Sacó su varita y con un pequeño movimiento el plato y el estropajo se desprendieron de las manos de Sara y empezaron a moverse suspendidos en el aire.

-Pero yo quiero hacerlo a mi modo- el tono de Sara era desafiante, cogió de nuevo el plato y siguió con su tarea durante unos segundos- ¿Por qué tiene que ser como tú quieras?- dijo tornándose para mirar a Hermione con las manos llenas de espuma.

Hermione se quedó parada, en ese momento hubiera salido y la hubiera dejado ahí sin importarle lo más mínimo lo que pensaba, pero trató de entenderla, era normal que se sintiera desplazada y ella no quería incrementar eso, sólo pretendía que Ron no lo pasara mal.

-Sólo lo hacía por ayudar- le contestó Hermione mirándola fijamente- Entiendo que todo esto te supere, incluso puedo entender que me veas como una rival pero no lo soy, ¿lo entiendes tú?- Hermione cada vez parecía más desafiante, como si dejara escapar todos sus sentimientos- No tienes por qué preocuparte, no he venido hasta aquí para quitarte a Ron el día antes de tu boda. Si hubiera querido ser yo la novia lo hubiera hecho hace tres años, pero ya ves que no lo hice, así que haz el favor de comportarte como una mujer madura y finge, al menos, que me soportas.

Sara se quedó sin habla, era demasiada información y ver a Hermione tan dura era algo bastante inesperado. Entre ambas creció un silencio que podía cortarse, la tensión era clara.

-Tía ¿ocurre algo?- interrumpió una de las gemelas de Charlie.

-No, no pasa nada- le contestó Sara- sólo estábamos hablando.

-Se lo decía a la tía Hermione- la jovencita se abrazó a la cintura de Hermione, lo que hizo que la situación fuese aún más incómoda.

-Pero es que ella no es tu tía- dijo Sara, ya bastante enfadada.

-Sí que lo es- Katie parecía muy ofendida por el comentario – ella es mi tía desde mucho antes que tú. Ella es novia de Ron desde antes que tú- dijo señalándola con el dedo- Además ella me gusta más que tú.

Katie se dio media vuelta y se fue dejando a Hermione y Sara otra vez solas. Ésta última con un cabreo considerable después del comentario de la niña.

-No le hagas caso- terminó comentando Hermione- Es sólo una niña. No le des mayor importancia.

Pero Sara no hizo caso del consejo que Hermione le había dado y salió disparada hacia el jardín donde todos charlaban animadamente mientras Ron mandaba alguna mirada furtiva a través de la ventana de la cocina. A través de esa ventana Hermione pudo ver como Sara se despedía de Ron con una frialdad que no es propia del día antes de la boda y volvió a cruzar la puerta para dirigirse a la chimenea donde se le oyó gritar su dirección con una fuerte voz de enfado.