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Historia 8268 — capítulo 5

CAPÍTULO V: SORPRESAS

Cuando Hermione apareció Ron estaba asomado en la ventana de una pequeña casucha de piedra. Desde ahí, en esa misma posición decaída lo había visto muchas veces, siempre que le preocupaba algo. Él no se inmutó con el ruido que hizo al aparecer, sabía que era ella, sólo podía ser ella.

Desde la ventana Ron podía ver Hogwarts, aquel mismo en el que había pasado los mejores años de su vida, adentrándose con Harry en las más diversas aventuras, perseguidos siempre por los problemas y en cierto modo, buscando siempre un poco de acción. Al pie de la loma sobre la que estaba la cabaña se extendía el lago y un poco más allá podía ver Hogsmeade. Esa imagen siempre había conseguido tranquilizarle, le recordaba tiempos que ya no estaban y devolvía al presente un tiempo en el que la oscuridad era sólo una sombra de la que no se debía hablar y no un terror que se llevó a sus amigos y que estuvo a punto de llevarse también a la mujer que quería.

Hacía calor y los rayos del sol del medio día se reflejaban en el lago dando un toque dorado a la oscuridad del agua. Ron no miraba a nada se quedaba allí delante de la maravilla que se situaba delante de él y pensaba, pensaba en lo que acababa de hacer y en lo que debía hacer ahora. Sabía que Hermione estaba detrás de él. Lo había seguido hasta allí, hasta el sitio donde descubrieron su amor y se encontraron a ellos mismos. Ahora, después de tantos años volvían a estar juntos ahí, ese lugar que los cubría de magia como no lo habían estado nunca en su vida.

Ron y Hermione habían encontrado el lugar cuando estaban en séptimo en una de las salidas a Hogsmeade. Conocían tan bien el pueblo que ya nada les llamaba la atención y como Harry y Ginny habían preferido pasear solos, ellos se habían dedicado a investigar los alrededores. Pasaron la mayoría de las salidas al pueblo allí, hablando como no lo hacían en el colegio, era como si allí fuesen otro tipo de amigos, unos de esos que se entienden sin palabras, esos que están conectados sin saber muy bien cómo. Nunca hablaron a nadie del sitio que habían encontrado, formaba parte de una vida juntos, era como una forma de tener algo único que formaba parte de sus complicidades. Cuando entendieron que ese lugar les pertenecería siempre decidieron que nunca llevarían allí a nadie y para asegurarse que nadie lo encontraba como ellos lo habían hecho, Hermione, con su gran capacidad para encantamientos, realizó un hechizo fidelius. Ron fue el guardián de ese secreto y sólo se lo dijo a ella. Desde entonces los dos supieron que su relación estaba vinculada a ese sitio, y ahora sabían que volver allí era como retomar algo que quedaba lejos.

Ella se quedó a su espalda, sin hablar, dejándole meditar a apenas dos metros de ella. ¿Qué le pasaba por la cabeza? Había huido y de eso no quedaba duda, había escapado como lo había hecho ella pero él se dejó encontrar. Lo que fuese a pasar después de esa espantada era para Hermione una enorme duda que la estaba corroyendo por dentro. Sentía la necesidad de abrazarle y decirle que se olvidara de todo porque ella estaba ahí y le quería con todo su corazón, pero su cerebro, ese que no le había fallado nunca, le decía que se mantuviera en la estática posición en la que estaba.

-¿Estaba muy enfadada?- preguntó Ron sin dejar de mirar por la ventana.

-¿Quién? ¿Sara?- Respondió algo desconcertada- Sí, dijo que ya le habías dicho todo lo que tenías que decirle, pero yo creo que si la buscas y le pides perdón a lo mejor podéis seguir adelante.

Ninguno dijo nada, sólo se oyó una sonrisa triste y ahogada que venía de Ron. Siguieron pensando en silencio en lo que acababa de ocurrir. Ron se dio la vuelta y apoyado en la ventana miraba a Hermione a los ojos, fijamente, pretendiendo saber lo que pasaba por su mente, queriendo decirle todo lo que su alma quería decir y su boca no decía.

-¿Por qué lo haces?- terminó diciendo Ron- ¿por qué sigues insistiendo en que lo mío con Sara puede funcionar? ¿Todavía no te has dado cuenta que si no me he casado es por algo?

Hermione no le contestó a ninguna de las preguntas, se mantuvo en su sitio, alejada de Ron, mirándole como si la vida le fuese en ello. Sentía que si dejaba de mirarlo desaparecería y se sentiría ahogada otra vez. Él se acercó despacio y le acarició suavemente la mejilla con el dorso de la mano. Al contacto de su piel ella cerró los ojos y sintió que toda su coraza de hielo se derretía, notó toda su piel erizada como sólo él conseguía que estuviera. No pudo hablar, sólo sentía, sentía con cada poro de su cuerpo que lo tenía cerca. Respiraba su aroma, no usaba colonia, nunca lo había hecho pero olía maravillosamente bien, olía a él y a su mente llegaban momentos en que lo había tenido cerca. Veces en que sabía que estaba cerca sólo porque olía a él en la habitación; la primera vez que durmieron juntos, desnudos después de haber explorado cada centímetro de su cuerpo. Cogió la mano de Ron que jugueteaba con su pelo y la aferró para que no volviera a irse. No podía pensar en otra cosa que no fuera en él y que lo volvía a tener cerca.

Ron la miraba con una gran ternura. No podía evitar quererla, se veía preciosa acariciando su mano. Quería besarla, abrazarla tan fuerte que la presión de cuerpo fuese capaz de cubrir el vacío que se había formado en su estómago al acariciarla. Con la mano que tenía libre rozó la mano de Hermione y sus dedos jugaron como lo hacían inconscientemente cuando estaban en el colegio. Con las palmas unidas pusieron las manos a la altura de su cara y ambos las miraron como si de esa forma sellaran de nuevo su relación al entrelazar los dedos, despacio, sabiendo que era un momento de especial importancia. Respiraban al mismo tiempo, tenía las cabezas unidas y no podían dejar de mirarse sonriendo.

-Te quiero, te he querido siempre y no he podido dejar de quererte nunca- susurró Ron provocando una sonrisa más amplia en Hermione.

Ella no pudo decir nada. Sólo le besó. Le besó despacio, dulce y cálidamente, transmitiendo todo el amor que en ese momento su alma necesitaba compartir. Mientras le besaba un lágrima cayó despacio por su rostro hasta detenerse en la mano de Ron. Se sentía absolutamente feliz, pero había sido muy desdichada por unos momentos y poder tenerlo ahora quitaba de su corazón un enorme peso que lo había dejado muy deteriorado. Ron la abrazó con todas sus fuerza mientras susurraba “mi niña” para calmarla. Él había olvidado lo que había ocurrido en los últimos días y sólo sabía que volvía a estar en esa casa, con su niña, con esa a la que había amado profundamente desde hacía muchos años.

Después de unos minutos abrazados, sin decir nada. Escuchando sólo el latido del corazón del otro se soltaron y se dirigieron a la ventana, donde el paisaje seguía transmitiendo la misma tranquilidad y armonía que les había transmitido siempre. Él la abrazaba por la espalda y ella pasaba suavemente sus dedos por la mano que Ron tenía en su cintura. Era un momento especial para los dos.

-Nunca podrás imaginar lo mucho que te he querido- le dijo Hermione dándose la vuelta y quedando de cara a Ron.

-¿No me has olvidado ni un solo día en todo este tiempo?- le preguntó pícaramente.

-Imposible-La mirada de Hermione se perdió por un momento- Tengo a alguien que se parece muchísimo a ti. Tiene el pelo tan rojo como el tuyo- le pasaba los dedos entre los mechones- Tiene esas pequitas tan graciosas- Con el dedo señalaba suavemente la multitud de pecas que cubrían el rostro de Ron.

-¿Sabes una cosa?- le preguntó Ron todavía abrazado a ella- Quiero que estemos siempre juntos, quiero... quiero envejecer contigo, quiero que estés a mi lado, que nos casemos- cada vez sonreía más y se veía más emocionado al igual que Hermione- quiero... quiero que tengamos hijos.

En ese momento Hermione pareció despertar del sueño en el que estaba, su cara dejó de irradiar alegría y recuperó el talante serio que solía tener. Se alejó un poco de Ron dejándolo muy asombrado por su reacción.

-Verás Ron... respecto a eso... tengo algo que decirte- Hermione miraba al suelo y movía las manos adelante y atrás nerviosamente- ¿Recuerdas que te dije que te tenía que contar algo muy importante?- Ron asintió en silencio- Pues... esto es difícil- dijo Hermione, hablando más para sí misma que para Ron- yo tengo una hija- dijo rápidamente.

Un silencio sepulcral volvió a reinar entre ellos. Se miraban a los ojos buscando algo de cordura a una situación tan surrealista. De repente estaban tan felices y por primera vez hacía planes de futuro y al siguiente segundo todo se descuadraba con una noticia como esa.

-¿Cómo se llama?- Preguntó Ron con mucha tranquilidad.

-Aroa- le respondió Hermione sorprendida por una reacción como esa.

-¿Qué tiempo tiene?- Ron seguía preguntando como quien habla con un extraño.

-Poco más de dos años- ella no entendía nada. Lo miraba sorprendida, hubiera esperado otra reacción, pero no esa tan calmada.

-Me da igual- terminó diciendo casualmente- He pasado mucho lejos de ti, ambos hemos pasado por muchas pruebas hasta llegar aquí, hasta empezar a planear una vida juntos. No voy a desaprovecharlo.

-Pero hay algo que debes saber. Es que...

-No me importa- le interrumpió Ron.-No me importa nada. Si Aroa es parte de tu vida, lo será también de la mía...

-Pero es que- Hermione intentaba explicarle a Ron pero éste le puso el dedo en los labios para que guardar silencio.

-Te he dicho que me da igual. Yo quiero estar contigo y si eso implica tener que compartirte con una niña de dos años, lo haré encantado. Ahora no quiero saber nada de ella, de su pasado, solo quiero saber de ti y de mi- le acariciaba el pelo con dulzura- Te recuerdo que tu vives en París y yo en Londres.

-No creo que haya mucho problema en eso. Me han ofrecido un puesto aquí y creo que lo aceptaré- le dijo con una sonrisa y mirándolo con complicidad.

-¿En serio?-Ron no cabía en sí de felicidad- No será una broma ¿Verdad?- Hermione negaba con una sonrisa en los labios mientras Ron la abrazaba hasta dejarla casi sin respiración.-Es una noticia maravillosa. Tenemos que volver y contárselo a todos. Tenemos que decirle que viviremos juntos, que tendremos una familia.

-Pero Ron, por favor, déjame explicarte acerca de Aroa.

-Te he dicho que no, no ahora. Ahora es nuestro momento y sea quien sea el padre forma parte de tu pasado.

-Pero...

-Pero nada- le interrumpió tajantemente- Vamos a casa a contárselo a Harry y a Gin, verás lo contentos que se ponen.

En unos segundos estaban de vuelta en el jardín de la Madriguera. Todos los adornos y las sillas habían sido retirados y no quedaba ni rastro de que ahí se hubiese celebrado una boda. De la mano y con una gran sonrisa se dirigieron a la puerta. Desprendían felicidad aunque en el corazón de Hermione quedaba todavía una espina por la explicación que debía darle a Ron sobre su hija. Se sonrieron antes de cruzar la puerta de la casa, donde todos los Weasley estaban esperando muy preocupados. Cuando entraron de la mano, todos se quedaron muy desconcertados excepto Harry y Ginny que sentados en el sofá los miraban con una gran sonrisa sabiendo que por fin habían escogido el camino correcto. Ninguno de ellos le dijo a Hermione una palabra, todos se acercaron a Ron preguntándole casi en susurros cómo se encontraba, a lo que siempre contestaba con una enorme sonrisa.

La señora Weasley se acercó a Hermione con una carta en la mano.

-Ya veo que vuelves a ser de la familia, cariño- dijo con una sonrisa mirando las manos entrelazadas de Hermione y de su hijo- Esa lechuza la trajo hace una media hora- Hermione miró la lechuza y su cara se llenó de preocupación, arrancó la carta de las manos de la Sra. Weasley y comenzó a leerla pasando rápidamente sus ojos de uno a otro lado.

-Esa es mi lechuza, la carta es de mis padres- aclaró sin mirar a nadie dirigiéndose a Ginny y dejando caer la carta al suelo, de donde la recogió Ron y comenzó a leerla también muy preocupado- Gin, tú eres muy buena en pociones, tienes que hacer la poción para bajar la fiebre, no la hagas muy fuerte, sólo tiene dos años.

-¿Qué ocurre?- Ginny estaba muy preocupada por la cara de Hermione y sobretodo muy sorprendida por el hecho de tener que preparar una poción para alguien de dos años.

-Lleva dos días con muchísima fiebre- dijo Hermione buscando la mirada de Ron- No encuentran la forma de bajársela.

-Pero ¿a quién, querida?- le preguntó la Sra. Weasley también con mucha preocupación.

-A mi hija, está de vacaciones en casa de mis padres- el movimiento que se había despertado en el salón desapareció de repente, todos miraban a Ron y a Hermione- Volveré en seguida- dijo Hermione a Ginny- tenla preparada, por favor- Ginny asintió rápidamente mientras Hermione desaparecía después de besar suavemente a Ron.

En apenas diez minutos Hermione estaba en la chimenea de la madriguera cubierta de ceniza y con una niña en sus brazos. A pesar del calor del mes de julio llevaba una capa que la cubría de pies a cabeza y apoyada en el hombro de su madre temblaba de frío. Todos se habían ido, habían preferido dejar a Ron sólo. Harry y Ginny seguían allí con Ron que no dejaba de dar vueltas por el salón mientras su hermana corría de uno a otro lado de la cocina buscando los ingredientes necesarios para hacer la poción. Nunca había tardado tan poco tiempo en hacerla. Cuando Hermione llegó, Ron corrió hacia ella y la abrazó, los dos estaban muy preocupados y no podían pensar en todos sus planes, sólo en que la niña se pusiera bien.

-Llevémosla a mi cuarto- le dijo Ron a Hermione cogiendo en sus brazos a la niña, aún tapada con una capa roja.

De camino a la habitación iban Ron y Hermione y detrás de ellos Harry y Ginny, sudando por las prisas que se había dado y llevando un pequeño caldero con la poción en su interior.

-Oh, vaya, Ron, se me olvidó la cuchara ¿puedes bajar a por ella?- le preguntó a su hermano. Éste dejó a la pequeña Aroa en brazos de su madre y bajó las escalera en dirección a la cocina.

Hermione quitó la capa a su pequeña y la metió en la cama de Ron. Estaba muy preocupada, su rostro estaba blanco y no paraba de susurrarle cosas al oído. Le temblaban las manos sólo de pensar que algo pudiera ocurrirle. Empezó a acariciarle el pelo, esperando la cuchara.

-No hay nada como ser madre, Ginny- le dijo sin mirarla. Al ver que no obtenía respuesta, miró a su amiga, que con el caldero todavía en la mano, miraba a la pequeña Aroa con los ojos muy abiertos y una enorme cara de sorpresa- Ginny, ¿qué te pasa?

-Es...-Ginny señalaba a la pequeña. Harry a su lado tenía la misma cara de sorprendido que su mujer.

-Sí, ya lo sé- le interrumpió Hermione, esbozando por primera vez desde que recibió la carta algo parecido a una sonrisa.

-¿Eso significa que...?- preguntó Harry

Hermione asentía con la cabeza cuando Ron entró corriendo con la cuchara en la mano. Ginny se dio media vuelta, entregó el caldero a su hermano sin pronunciar una palabra, y junto a Harry salió de la habitación, todavía con gesto de sorpresa. Hermione se levantó de la cama y le quitó de las manos el caldero y la cuchara a Ron, que se había quedado en la misma situación que su hermana. Estaba muy quieto, mirando fijamente a la niña, con las cejas arqueadas y los ojos muy abiertos. Hermione ignorando esto, le dio la poción a su hija que en cuestión de segundos se recuperó considerablemente. Ron seguía en la misma posición sin decir ni una palabra.

-Es...-Terminó diciendo, señalando a la niña como lo hiciera su hermana.

-No podrás negar que Ginny y tú sois hermanos- le dijo Hermione, ya más animada al ver lar recuperación de la niña- Ella ha dicho lo mismo. Sí, ya sé que es pelirroja.

-¿Eso significa que...?

Hermione se puso de pie y se acercó a Ron hasta ponerse justo delante de él. Le sonrió un instante por haber tenido la misma pregunta que su amigo y luego su rostro se volvió muy serio. Le acarició el pelo y se mantuvieron así, callados, durante unos instantes.

-Sí, eso es lo que significa- terminó diciéndole- Sólo espero que me perdones por haberte privado de tu hija durante dos años. Pero no hubiera sido justo para ti, que volviera.

Ron no contestó. Completamente anonadado salió de la habitación y dejó a Hermione allí que al ver cómo había reaccionado se derrumbó en la cama, rogando porque encontrase la forma de perdonarle por no habérselo contado antes. Había sido una decisión muy difícil. Si volvía y le contaba a Ron que después de su encuentro en la boda de su hermana, ella estaba embarazada, él dejaría todo lo que pensaba e iniciaría una relación seria con ella. Pero esto no hubiese sido decisión de él, como era lo que les estaba pasando ahora, sino que se hubiera visto forzado a tener una vida que en ese momento no quería. Por otro lado, para ella era muy tentador tener una buena excusa para conseguir algo de seriedad por parte de Ron, pero eso significaba utilizar a su hija y hacer de la persona a la que amaba alguien que él no quería ser.

Al ver salir a Ron de la habitación, Harry y Ginny prefirieron no meterse y se mantuvieron en el salón. Hermione en un sillón junto a la cama de Ron, esperaba a que su hija despertase una vez que ya se le había pasado la fiebre. Ron había salido a pasear, necesitaba aclarar sus pensamientos, de repente era padre y la mujer que más quería en el mundo se lo había ocultado. Pasó varias horas fuera de la casa, cuando volvió Harry y Ginny se habían marchado y Hermione dormía sentada en el sillón. Ron se arrodilló junto a la cama en la que dormía la pequeña Aroa, estuvo contemplándola en silencio largo rato, no la tocaba, sólo la miraba y sonreía. Finalmente, acarició con mucha suavidad su mejilla, lo hizo despacio con un enorme cariño, como si tuviera miedo de romperla. En ese instante sintió que Hermione dejaba de ser la mujer de su vida, sintió que no habría cosa en el mundo que pudiese hacerle más feliz que su hija. Hermione había despertado y lo observaba con una sonrisa en los labios pero todavía con temor a su reacción.

-Es linda ¿verdad?- dijo Hermione tímidamente, sacando a Ron de sus pensamientos.

Él levantó la cabeza y le dirigió una mirada severa. Durante unos instante la miró con frialdad y Hermione sintió que el corazón le desaparecía. Quería hablar y pedirle perdón pero las palabras no llegaban a su boca. Después de unos segundos que se hicieron eternos le sonrió levemente. La palidez que se había adueñado del rostro de Hermione desapareció y ella volvió a sentir que la vida giraba a su alrededor.

-Se parece a ti – le dijo finalmente Ron mirándola con absoluto cariño.- ¿es bruja?- preguntó acariciando los rizos de la pequeña.

-Sólo decirte que mejor no la asustes nunca. Será increíblemente poderosa- contestó Hermione sonriendo.

Sus miradas volvieron a cruzar y así las mantuvieron durante unos minutos. No hablaron sólo se sonreían, se decían con la mirada lo importante que era el uno para el otro y lo mucho que se querían

-Siento mucho todo esto, de verdad. –terminó derrumbándose Hermione- Te juro que quise decírtelo, pero hubiera sido obligarte a tomar una vida que no querías.- Hermione cada vez estaba más nerviosa y las lágrimas empezaban a ahogar su voz.

-Shh- Ron se acercó a ella y le acariciaba suavemente la mejilla- Tranquila, ya todo ha pasado, lo importante es que te quiero con todo mi corazón y que estoy dispuesto a pasar toda la vida contigo y con ella.- Hermione se abrazó a él sonriendo y llorando, repitiendo una y otra vez que le quería.

A penas pasaron tres meses cuando la Madriguera volvía a lucir sus mejores galas para un enlace matrimonial. Ron y Hermione habían estado viviendo en una preciosa casa con jardín, cerca de la residencia Potter, donde Aroa pasaba horas observando a su pequeño primo James. Harry volvía a ocupar junto a Ron un lugar en el altar cuando vieron aparecer a Aroa con un pequeño cesto de flores seguida de su madre, que vestían una túnica de seda beige. Ron pensó que no había mujeres más hermosas en el mundo que esas que compartían vida con él. Al llegar al altar Aroa se aferró a la pierna de su padre y tuvo que ser Ginny, ya con una excelente figura, de nuevo, la que retirase a su sobrina.

Ese día no hubo dudas. Ninguno pensó si realmente era eso lo que querían porque sabían que durante toda su vida habían estado destinados a llegar a ese momento. Los emotivos discursos de los novios hicieron referencia a esa vida juntos, a los malos ratos, a cómo su amor superó todo lo que la vida les puso por medio y por supuesto se prometieron amarse tan profundamente como lo hacían en ese momento.

FIN.

N/A: Bueno pues ya se ha terminado, espero que os haya gustado y muchas muchísima gracias, otra vez, por los mensajes que habéis dejado. ah! y seguid dejando mensajes con lo bueno o con lo malo.

Muchos Besos