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¿Cual es tu problema Malfoy? ¡Eres tú Granger! — capítulo 24
Hermione Granger
Había pasado ya una semana desde mi regreso a Hogwarts.
Al principio fui el objeto de las miradas, los cotilleos y algunas burlas, porque la "sangre sucia" había regresado al colegio. Pero después de unos días las cosas volvieron a la normalidad en mi vida.
En este momento me encontraba almorzando en el gran comedor. Estaba sentada junto a Harry quien, además de Nathaniel, era mi único amigo en este momento.
Me enteré de que tuvo una discusión con Ginny al defenderme y que ya no hablaban. Ahora ella se sentaba junto con Ronald en una esquina alejada de la mesa y nos miraban asesinamente. Eso me dolía, pensar que habíamos sido los mejores amigos.
Nate se integró rápidamente con las Serpientes. Quizáno lo había notado, pero tal vez el siempre estuvo destinado a Slytherin, y el sombrero seleccionador no había cometido un error como yo creía.
Aun así, el mantenía su promesa de continuar siendo mi amigo, y no se dejaba llevar por los comentarios de sus compañeros de casa. Además, todas las chicas estaban coladas por él, al parecer se volvió rompecorazones, e incluso había roto el record de Draco Malfoy.
Pero, hasta donde yo sabía, a Nate no le interesaba ninguna de esas chicas. Pero hace dos días estaba muy extraño, y había un aire de enamorado en él, se notaba en sus ojos. Y también parecía que su "amor secreto" no le daba ni la hora, porque estaba medio triste.
Asique esa noche, cuando estábamos sentados en la biblioteca conversando, decidí sacar el tema a relucir ya que la curiosidad me embargaba.
-Nate… - comencé, el me miró con sus ojos verdes azulados - ¿a ti te gusta alguien? - le pregunté, se tensó.
-¿po… porque pre… preguntas eso Hermione? - tartamudeó, mientras llevaba que con su brazo derecho tocaba su cuello.
-Vamos, te acabo de preguntar y te pones nervioso - le dije, el suspiró - dime.
-De acuerdo - acepto - me… me gusta… Astoria Greengrass - confesó un poco apenado, mis ojos se abrieron como platos.
-¿¡Greengrass!? - exclamé sorprendida, el se sobresaltó ante mi tono de voz y luego asintió - ¡Ella es una perra!
-¡No la llames así hermione! - me gritó, pero claro, el no sabía la clase de persona que podía ser esa rubia malcriada.
-Tengo mis motivos para llamarla así
- le aclaré, después me tranquilicé - además ella está saliendo con… Draco malfoy - me dolía pronunciar su nombre, ya que ahora no éramos nada, peleábamos, nos insultábamos continuamente, y él me restregaba su relación con Greengrass en la cara.
-Pues bien por ella… - contestó con desdén. Suspiró - ya es tarde, creo que iré a dormir - se despidió, se levantó de su silla y se marchó.
Al mirar mi reloj, me di cuenta de que era demasiado tarde. Quizá también era hora de que yo me fuera a la cama, asique levanté mis libros y salí de la biblioteca.
Caminé por el pasillo en dirección a la torre Gryffindor, cuando escuché unos ruidos que me asustaron un poco.
Me asomé en una esquina para ver de qué se trataba, pero me arrepentí al instante: Draco y Astoria estaban muy acaramelados, besuqueándose y toqueteándose mutuamente. Me dio un poco de asco, pero sobre todo me dolió. Pensar que esa podría ser yo… ¡Basta Hermione!
Di media vuelta y seguí caminando hasta que por fin encontré el retrato de la dama gorda. Pronuncié la contraseña y cuando estuve adentro me dirigí sin escrúpulos a mi habitación.
Estaba tan cansada que, cuando apoye mi cabeza en la almohada, al instante me quedé profundamente dormida.
Ya era la mañana del día viernes. Caminaba por los pasillos dirigiéndome a mi primera clase de ese caluroso y ventoso día, cuando alguien me tomó del brazo y me aprisionó en una esquina.
-¿Qué quieres? - pregunté furiosa - ¡suéltame malfoy! - le exigí, pero él me sostuvo con más fuerza.
-¿asique ahora soy Malfoy? - inquirió irónicamente, haciendo énfasis en su apellido.
-¿Cuál es tu problema?
-¡eres tu Granger! - me gritó - yo… yo nunca he podido olvidarte, te… te amo - confesó. Yo me quede atónita. ¿el me amaba? ¿Qué estaba ocurriendo?
Acercó sus labios a los míos y comenzó a besarme lentamente. Al principio yo estaba congelada, pero poco a poco comencé a responder el beso. Extrañaba sus caricias, y cuando me besaba me sentía tan… bien. Realmente él era bueno en eso.
Poco a poco nuestros besos comenzaron a ser más intensos, más apasionados.
El comenzó a deslizar sus manos por mi espalda, metiendo sus manos por debajo de mi blusa. Podía sentir su frio tacto. Yo hice lo mismo, metí las manos debajo de su camisa y comencé a dibujar figuras en su espalda, de verdad que el quidditch había dado sus frutos, su espalda era muy musculosa.
Me acercó más a su cuerpo, mientras que un escalofrío me recorría de los pies a la cabeza. Por instinto levanté mis piernas y rodeé su cuerpo con ellas. El me alzó y me apoyo aun más contra la pared, para que el peso no fuera un problema.
Esta vez habíamos llegados más lejos que cualquier otra, y era mucho más excitante al saber que era algo prohibido, ya que él estaba con Astoria. Me prometí no arruinar este momento pensando en ella.
Comenzó a desabotonar mi blusa, mientras que yo le quité su camisa. Esto cada vez se hizo más intenso.
Estábamos en el segundo piso, asique me tomó de la mano y juntos entramos en el baño de Myrtle la llorona. Mientras que yo rogaba que ella no estuviera espiándonos, el ya estaba quitándome el pantalón. Yo hice lo mismo, y me detuve un minuto para observarlo. Llevaba unos bóxers negros que le quedaban de maravilla. No pude evitar morderme el labio inferior. Intenté acercarme a él para continuar besándolo, pero él me tomó de la barbilla, y me contempló por unos segundos.
-Sé que no puedes dejar de pensar en mí…
- susurró con una sonrisa altanera. Y después de eso, desperté sobresaltada de mi sueño…
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