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Historia 83376 — capítulo 1

—No sé lo que quiero, pero sé en mi corazón que no eres tú.

Estas palabras se arremolinaban una y otra vez en la mente de Linda; llevaba ya una eternidad arrepintiéndose de haber pronunciado aquellas catorce simples palabras, con las que había destrozado el corazón del chico más maravilloso que había conocido. Y es que ahora, mientras se encontraba tendida boca arriba en la cama de su habitación analizando sus sentimientos, todo se había vuelto más claro… lo amaba, sí… cada fibra de su corazón le reprochaba dolorosamente y a gritos el por qué lo había dejado ir.

¿Cómo había sido tan tonta? Cualquier chica estaría más que feliz de tener un novio como Alejandro, pero no, ella no era cualquier chica, ella era la más carismática, inteligente, hermosa e irresistible y se merecía lo mejor de lo mejor. Sin embargo, muy tarde había comprendido que Alejandro era exactamente lo que ella merecía, su alma gemela, su único y verdadero amor.

Incapaz de seguir lidiando con el sentimiento de culpa, se levantó de su cama con un agraciado movimiento, recogió su hermoso cabello castaño en un moño y se puso a dar vueltas por la habitación. Cada centímetro de aquella estancia le recordaba a su ex-novio, los marcos vacíos en donde habían estado las fotografías suyas, las paredes de donde había arrancado los poemas que había escrito para él, la laptop sobre el escritorio desde la cual habían chateado durante horas, el teléfono celular encima de la cama en el que había escuchado por primera vez su melodiosa y varonil voz.

¡Ah! Esa voz… daría lo que fuera por tener la oportunidad de escucharla una vez más; de poder decirle que estaba arrepentida de haber terminado con él, de pedirle perdón por su estúpida bipolaridad, de suplicarle (de ser preciso) que volviera con ella, de decirle cuanto lo amaba y lo mucho que lo extrañaba, de hacerle saber que no podía olvidarlo y que cada día que pasaba, sin él a su lado, se sentía morir en la más completa soledad, ¡Dios! Como lo echaba de menos, extrañaba su mirada risueña y soñadora, ese par de ojos azules, esa sonrisa encantadora, sus palabras amables y tiernas, su tonto sentimentalismo y su odiosa cursilería.

De pronto el celular empezó a emitir una melodía conocida, "You are the Only exception" A su mente acudieron un torbellino de preguntas ¿Será posible que sea él? ¿Se me está dando una segunda oportunidad? ¿Tendré el valor suficiente para pedir perdón? ¿Por qué diablos tardó tanto en llamar? Cogió el teléfono de sobre la cama y en la pantalla pudo leer claramente el nombre de Alejandro. Contestó sin pensarlo dos veces, ansiosa y hambrienta de su voz.

—Hola, ¿Linda? —Escuchó decir a través del auricular— soy yo, Ale.

Esas palabras fueron suficientes; colgó el teléfono sin decir nada y en su rostro se dibujó una orgullosa sonrisa de satisfacción.

<<Pobre imbécil>> se dijo así misma <<No puede dejar de pensar en mí>>

Ahora Linda estaba lista para continuar con su vida.