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Historia 83485 — capítulo 1

Nadie iba a ganarle, ¡no ahora que tenían aquel preciado tesoro entre sus manos! Aquel libro escrito con aquella pluma mágica. Todo lo que aquel artilugio decía, se convertía en una realidad. Todo lo que alguien osaba escribir con ella, realmente se cumplía. ¡Estaba exaltado con todo lo que podía conseguir! ¡Podía incluso hacer, que Dumbledore lamiera el suelo que pisaba. Sin detenerse, hasta que no tuviera saliva y la piel reseca, se pudriera y se le cayera! Ojalá pudiera, pero no tenía el tiempo para eso. Tenía pensado escribir algo más interesante. Algo mucho más importante que eso. Ya tenía al mundo, pero le hacía falta algo. Sentía que algo necesitaba y no estaba seguro de qué era. No entendía si se trataba de la varita de sauco, aunque ya era poderoso con aquella mágica pluma. O si se trataba de Harry Potter y su cabeza para usarla como una especie de "pelota" y arrojársela a sus seguidores, para que se entretuvieran un rato. Bueno, ya tendría la idea adecuada. Mientras, tenía que admirar su enorme palacio y la exuberante decoración. Dormir una buena siesta sobre los muggles, aquellos que osaban burlarse de él. Una cobija hecha con sus pieles y sus cuerpos muertos. Tenía que escribir eso. Dumbledore caminaba de un lado al otro, mientras Severus Snape estaba parado frente a él y a una mujer rubia, que tenía aspecto de ser una muy asustada muggle. Aquel hombre de largos cabellos negros, la admiró en silencio, mientras ella observaba al anciano hombre, ir y venir. Meditando. — Entonces usted dice que lo creó, que usted es JK Rowling. Muy bien. Que usted escribió sobre él y que gracias a lo que escribió en esos siete libros, le debemos su existencia. Y la de todos nosotros también. — Así es. Todos ustedes forman parte de un universo, de un libro de nombre: "Harry Potter." Snape fue el primero en soltar un bufido suave y JK en sonreír suavemente, mientras admiraba su expresión. — Sí. Sabemos perfectamente que lo detestas. Yo escribí sobre eso, durante muchos libros. — Gracias a usted, tenemos tantos dolores de cabeza y gracias a usted, tengo la vida que tengo entonces. Pero ella había negado con la cabeza y Albus había sonreído suavemente. Severus se sentía burlado y les observaba con enojo entre ceja y ceja. — Bueno, el problema que nos ataña es cómo detenerlo. Tenemos que escribir un nuevo, pero él se llevó su pluma.— razonó Albus y JK lo miró con escepticismo. — No creo que esa pluma tenga algún poder. — A veces hasta lo más sencillo a nuestro alrededor, tiene más poder del que imaginamos. Y usted debería saberlo. Usted lo escribió. Ahora, lo que necesitamos, son escritores. Alguien con ideas para vencer a Voldemort, en un libro nuevo. ¿Qué tal tú, Severus? Snape se había encogido de hombros y Albus sonreía suavemente. Meditó. Severus iba a necesitar ayuda y otras manos ayudantes. Hermione. Harry... Ronald Weasley... — ¿Draco, Albus? — Se sentirá útil y seguro se divierte ayudando por una buena causa. Severus había ladeado la cabeza hacia JK Rowling, mirándola con una expresión de curiosidad. ¿En realidad lo había escrito de esa forma? Lo había hecho tan feliz y tan molesto a veces, que provocaba escribir que se moría. No. Era el mago más poderoso de todos los tiempos. ¿Por qué tenía que ser él, precisamente?