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Historia 84944 — capítulo 1
Severus Snape sonreía jocosamente, mientras Sirius Black lo miraba de mala gana y Harry se encontraba en medio de ambos hombres, tratando de separarlos. Estaban por batirse en duelo y él no sabía qué decir, para evitar una catástrofe. Como fuera, tenía los brazos estirados hacia cada uno de ellos, mientras Sirius sostenía su varita con rabia y Snape sin embargo, permanecía tranquilo, sosteniendo su varita con aire calculador. Con una mirada burlesca y sin embargo, no dejaba de analizar las expresiones de Sirius y sus labios que temblaban como si atravesaran un inmenso sentimiento friolento. Como si estuviera entre témpanos de hielo. Algo fuera de lo normal. — Y entonces, Black, creo que eres un inútil. Tantos años de magia y entrenamiento, y mira lo que te han traído como consecuencia. Encerrado en la vieja casa de tu madre, puesto que eres un vulgar asesino que se fugó de Azkaban. ¿Qué no te da vergüenza, Black? ¿Ese es el ejemplo que quieres darle a tu ahijado, el gran Harry Potter? No me sorprende por qué es amante de romper las reglas. ¡Si eso lo lleva en la sangre! El muchacho tiene un excelente pedigree. Sirius soltó una especie de gruñido y su intención de apartar a Harry, se hizo cada vez más evidente. Trataba de empujarlo con su mano libre y pese a los esfuerzos que el muchacho hacía por quedarse quieto y sin vacilar, en su lugar, reconocía que aquella sensación no era nada placentera. Sirius comenzaba a apretarle cualquier parte del cuerpo que pudiera alcanzarle con su mano y por supuesto que resultaba algo doloroso. Estiraba la piel, la pellizcaba y ardía. — Quejicus, ¡espera a que te de tu merecido y te enseñe mis años de entrenamiento! Nunca pudiste superarlo, ¿no es cierto? Que James te ganara en todo. ¡Que Fuera mejor que tú en muchas cosas! Eso es lo que tienes, solo envidia de que Harry tenga todo eso que tú no tienes. ¡Una madre y un padre que lo amaron como nada en este mundo! Un padrino que se haga responsable por él. Amigos, un enorme grupo de personas que se preocupen por sus sentimientos y lo protejan. ¡Tú no tuviste ni tendrás, nada de eso! Ante aquello, tanto Harry como Snape parpadearon. No era que quisiera llevarle la contraria pero... ¿Dónde había estado su "padrino", cuando más lo había necesitado? Y pareció incluso, que Snape pensaba lo mismo que Harry al respecto. — ¡Oh pues entonces bien! ¡Alabado sea el gran Harry Potter y toda la comparsa que está detrás de él, limpiando su desorden como si tuviera cinco años! Por si no te has fijado, Potter solo trae problema tras problema. Me es natural imaginarme que todos han de estar felices, corriendo de un lado al otro, sacrificando sus pellejos, porque el muchacho es amante del desorden y de desobedecer hasta la más pequeña regla creada en la humanidad! ¡Discúlpame Black, por no parecerme a él! Si crees que envidio su comportamiento y sus genes, me temo que estás equivocado y no has visto nada. El auror lo miró, entrecerrando los ojos como pequeñas persianas. A lo que Snape respondió, con otra sonrisa triunfante de sus desiguales y amarillentos dientes. — No puedo creer que Lily Evans, tratara de ser tu amiga. ¡No puedo creer que tratara de convencernos una vez, de que eras un buen tipo! ¡Eso jamás me lo creí y hasta el día de hoy, no me arrepiento! No eres más que un tonto, más que un imbécil cuya nariz no le permite ver más allá de las cosas! Por eso la has perdido, quejicus. Por eso te abandonó. Porque sin importar cuánto te esfuerces, seguirás siendo eso. Un canalla que ha llamado a su mejor "amiga": sangre sucia y ni siquiera disculpó a su memoria. Con aquellas palabras, Severus Snape, pareció perder el poco temple que le quedaba y Harry tuvo que brincar en última instancia, cuando un hechizo surcó la cocina de aquella enorme casa. Sirius respondía habilidosamente, pero se dio cuenta de que había sido solo cuestión de suerte. Todos aquellos años, habían formado a Snape en el arte de la magia oscura. Algo que su padre no había podido aprender y que era lo único que aquel hombre de negros cabellos y mirada ligeramente paranoide, podía usar a su favor y derrotar a Sirius e incluso a su padre. — ¿Te ha dolido, quejicus? No ha estado fácil ¿cierto? Todos estos años de remordimiento, no han de ser sencillos. ¡Si me he preguntado uno de estos días!— dijo mientras esquivaba otro largo hechizo, que Snape parecía ni siquiera esperar a detener. Mantenía su varita en ristre y la magia continuaba saliendo de ella, sin detenerse— ¡Cómo demonios haces para sobrevivir con toda esa ira contenida y esa culpa que ha de estarse comiendo tus entrañas! — Sobrevivo y así puedo descargarme con tu pequeño ahijado, que no tiene nada de pequeño ni un pelo de tonto. ¿Cierto? — ¡Ni te atrevas a poner un dedo sobre Harry o juro que vas a probar tu sangre, de adentro hacia afuera! — Brillantes palabras para aquel que estuvo tantos años, fuera de la vida de los Potter. Si yo fuera Potter, me preguntaría ¿con qué derecho reclamas y te haces el aludido, hablando de protección y de afecto, si pasaste tanto tiempo en una mugrosa celda? A lo que Sirius sonreía suavemente y contra atacaba y esta vez, era a Snape a quien le costaba devolverle el golpe. — La estaba calentando para ti y para la asquerosa rata de Pettigrew. Pero me temo que tu vives en una celda interna. ¡Un castigo mucho peor que el mío! A los traidores no los quieren en ningún bando, Severus. Y es por ende, que juegan a la pelotita contigo. ¡Rebotando de lado en lado! Quizá Dumbledore te estima, pero sigues siendo un saco para él. Algo para responder por los errores. ¡Eres el indicado! Tenía que hacer algo. Si los insultos y los hechizos continuaban aumentando o ambos hombres se mataban el uno al otro, o acababan con toda la casa. Pero no se le ocurría una forma para interponerse y él no era un gran mago, para detenerlos a ambos con su varita. — ¡Ya basta, Sirius! Él solo quiere provocarte y no tiene sentido que pelees. ¡Profesor Snape, deténgase de una buena vez! Esto no nos conduce a nada. — Quizá Potter tenga razón y es mejor que des esto por perdido, Black. Dudo que tu varita ya vieja y oxidada, pueda con los retos en el exterior. Si estará igual de vieja que esta casa y su dueño. Algo se le tenía que ocurrir para detenerlos. Y sabía que Sirius sí tomaba en cuenta sus palabras. Ya se lo había dicho antes. Se sentía todo un inútil, encerrado en casa y sin poderse acercar a su ahijado. Sin poderlo ayudar. Eso comenzaba a hacer mella en él y si Severus Snape era responsable de cualquier acto de locura que Sirius cometiera... Él mismo iba a batirse en duelo con él, hasta vencerlo o morir en el intento.