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Enamorando a Hermione Granger. — capítulo 9
Como dije, intente hacer este capítulo un poquito más interesante... y...mmm... no sé si me salió así...
Solamente espero que les guste.
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Hermione se sentó al lado de sus amigos haciendo caso omiso a la presencia de Ginny. Comenzó a desayunar tranquilamente mientras charlaba animadamente con sus dos amigos. Había decidido que no iba a dejar que los celos infundados y la posesividad de Ginny intervinieran en su amistad con Ron y Harry. Ella podría pensar lo que quisiera y si la amenazaba nuevamente con decirle a Harry sobre sus sentimientos la iba a dejar hacer porque dudaba seriamente que llevara a cabo aquella amenaza. Si sin que Harry supiera la verdad temía que ella pudiera arrebatárselo ¿Cómo sería si su amigo se enterara? No quería pensar en eso.
Se llevó la taza de té a la boca y bebió un largo sorbo disfrutando del sabor.
En ese momento la bandada de lechuzas entró volando con el correo matinal. Como una parte de ella esperaba, no se asombró al notar que la lechuza blanca con manchitas marrones sobrevolaba y parada delante de ella trayendo un nuevo pergamino y una cajita de cartón dorado con un lazo verde a su alrededor. Tomó aquellas cosas y la lechuza alzó vuelo nuevamente y se marchó. Alzó la vista y se encontró con la mirada interrogante de Harry. Ella asintió con un movimiento apenas perceptible que él logró captar respondiendo a aquella pregunta silenciosa.
-¿Tu amigo de nuevo?- preguntó Ron ajeno a la comunicación sigilosa de sus dos amigos.
-Sí- fue todo lo que respondió ella.
Apartó la vista de la de Harry y se encontró con la de Ginny (quien sí se había percatado del intercambio de miradas) pero rápidamente la apartó.
-Discúlpenme- les dijo sin mirar a ninguno mientras se levantaba- Voy a leer la carta y responderle.
-Déjame que te acompañe- le dijo Harry apresurándose y soltándose del abrazo, casi estrangulador, de Ginny- Tengo que ir a la sala común a buscar unos libros que me olvidé.
-Te acompaño- dijo Ginny parándose también.
Harry titubeó.
-Eh… No, gracias.- le dijo finalmente a su novia- Vengo enseguida.
-De acuerdo- dijo Ginny sentándose nuevamente con los labios apretados y mirando indignada a Hermione- Te espero acá.
Pero antes de que ella lo dejara marchar se colgó de su cuello y frente a todo el colegio le plantó un profundo y enardecido beso a Harry. El muchacho, feliz por esto, no tardó en responderle con la misma efusividad. Hermione tuvo que apartar la vista de esa escena. Detestaba a Ginny por hacerle esto a ella. Había sido hacía poco tiempo atrás su amiga pero ahora había comenzado a odiarla.
Cuando la pareja cortó el beso se dieron cuenta que la sexta parte de los alumnos los miraba. Algunos silbaron y vitorearon ante esto haciendo que Harry adoptar un efusivo color rojo en su rostro. Ginny simplemente sonrió y volvió a sentarse.
-Vamos, Harry- lo apresuró Hermione.
-Sí, ya voy.- le respondió éste caminando rápidamente a su lado.
Harry podía ver que su amiga estaba molesta pero no interpretó aquello como celos ni por el hecho de que él estuviera con Ginny, sino que simplemente imaginó que estaba disgustada porque había roto una de las normas del colegio que prohibía hacer este tipo de escenas en público. Pero a él no le importaba demasiado. Nadie le había dicho nada (y eso que los profesores habían permanecido en su mesa).
Caminaron en silencio hasta la sala común de Griffyndor. Harry dijo la contraseña y le cedió el paso a Hermione. Entraron y una vez que comprobaron que allí no había nadie Hermione abrió la carta. Estaba por comenzar a leerla cuando Harry se la arrebató.
-¡No!- exclamó ella mirándolo asombrada por lo que había hecho- ¡Dame eso!
Harry sonrió.
-Anda, Hermy- le dijo- Sólo quiero ver qué es lo que te dice este señor misterioso.
Hermione cruzó los brazos sobre su pecho y lo contempló ceñuda.
-Está bien- le dijo seriamente- Pero no te rías.
Harry comenzó a leer en voz alta.
-"Espero que te hayan gustado las rosas"- hizo una pausa y contempló a su amiga- ¿Te regaló rosas?
Hermione asintió.
-¡Vaya! ¿Y cómo te las mandó?
Ella dudó si contarle o no que había aparecido en su cama.
-No importa- le dijo finalmente- ¿Qué más dice?
Harry entrecerró los ojos dándose cuenta que su amiga le estaba ocultando algo pero no hizo ninguna pregunta más sobre el tema y siguió leyendo.
-"Espero que te hayan gustado las rosas. Siempre me recordarán al aroma de tu cabello y sus pétalos a la suavidad de tu piel…"
-¡Oh!... Harry… dame que sigo leyendo yo…- se apresuró a decirle pero él no le hizo caso.
-"Piel que a pesar de no haber tocado nunca sueño con acariciar..."
-¡Harry, dame eso ya mismo!- ordenó molesta y ruborizada.
Harry giró el rostro hacia ella y la miró fijamente casi como si la viera por primera vez pero luego, cuando se dio cuenta de lo que hacía, rápidamente le entregó la nota.
-Creo que…- dijo tartamudeando y apartando la vista, nervioso, de ella- Mejor bajo a ver a Ginny. Ya vi la letra. Estaré atento.
Hermione lo contempló confusa viendo como se marchaba de allí como si lo corrieran cientos de demonios. Agitó la cabeza intentando apartar cualquier clase de pensamiento confuso y comenzó a leer ella en voz baja la nota.
Espero que te hayan gustado las rosas. Siempre me recordarán al aroma de tu cabello y sus pétalos a la suavidad de tu piel. Piel que a pesar de no haber tocado nunca sueño con acariciar cada noche que me visitas mientras Morfeo se apodera de mí cuerpo.
Ten presente que te quiero y disfruta del obsequio.
Algo impaciente, sin darse cuenta que cada vez disfrutaba más de esas notas y de los regalos que recibía, tomó la cajita y la abrió. Del interior sacó un pequeño frasquito de vidrio delgado pero de unos cuantos centímetros de largo y con pequeñas incrustaciones de piedritas translúcidas y brillantes en él dándole un toque delicado. Contempló el líquido ámbar que tenía el interior preguntándose qué sería aquello. Llevó una de sus manos a la tapa y la abrió. Cuando lo hizo un suave aroma salió del interior confirmando la sospecha de que esto se trataba de un perfume. Lo acercó a su nariz y aspiró deleitándose con aquella fragancia que parecía haber salido del mismo cielo. No iba a poder resistirse. Antes de guardar todas las cosas en su habitación se colocó un poco de aquella esencia y con una radiante sonrisa salió de allí.
Draco, que había estado observando atento a todo lo ocurrido en la mesa de Griffyndor, estaba impaciente por comprobar si Hermione se había colocado el perfume que contenía la poción Modelus amorte. Había averiguado todo lo posible de esta antes de decidirse a dársela y, a pesar de las advertencias de Snape, él estaba seguro que esto funcionaría. No iba a hacer que Hermione se enamore de él pero iba a ayudar en el proceso.
La vio aparecer por una de las puertas laterales del comedor y a penas comprobó la sonrisa en su rostros supo que su plan había funcionado.
Se paró de su mesa sin importarle no haber tocado bocado alguno de su desayuno y cruzó al lado de ella sin mirarla, pero a pesar de eso pudo sentir la mirada de la joven y, prontamente, unos cuantos pasos que lo seguían. Actuó como si no se diera cuenta de nada caminó hacia uno de los pasillos desiertos del segundo piso con Hermione detrás de él.
-¡Draco! Espera- lo llamó ella finalmente.
Dando media vuelta, giró sobre sus pies e intentó permanecer impasible y con una expresión aburrida.
-¿Qué quieres, Granger?- le preguntó.
-A ti- le contestó ella acercándose mucho a él con una pícara sonrisa en su rostro.
Draco abrió inmensamente los ojos no pudiendo creer lo que acababa de oír. Había sido una declaración demasiado directa, inducida, obviamente, por la poción.
-¿A… mi?- inquirió dando unos cuantos pasos hacia atrás.
Hermione asintió mientras ladeaba la cabeza y seguía avanzando hacia él con un aspecto un tanto felino y, tenía que añadir, seductor.
-Te quiero a ti- repitió la joven mientras miraba la boca de Draco y se relamía los labios humedeciéndolos con saliva como si estuviera viendo la cosa más deliciosa- Quiero que me beses…
-Eh… ah…
Draco no sabía qué decir. Había querido darle la poción pero no que ella se comportara de esa forma. Era consciente que cuando los efectos de la misma acabasen ella se odiaría al comprender lo que había hecho y dicho.
-¿Te han dicho que te ves muy tierno cuando te ruborizas y tartamudeas?- le preguntó ella arrinconándolo contra una de las esquinas.
-Hermione, no estás en tus cabales- le dijo intentando convencerla.
La parte inteligente y racional de ella debería estar allí. ¡Debería! Pero al parecer, con los efectos de la poción, aquella parte racional había quedado muy, muy pero muy en el fondo.
-Si así me siento cuando no lo estoy… ¡Viva la locura!- exclamó mientras se pegaba a él.
-No, Hermione…-
Intentó apartarla sin demasiada brusquedad pero ella enredó sus brazos alrededor de su cuello y colocó sus labios allí comenzando a besarlo suavemente.
Draco no podía creer nada de esto. No podía creer que Snape haya tenido razón al decir que esta poción era muy inestable; no podía creer que Hermione estuviera actuando de ese modo tan desinhibido ni que estuviera empezando a aflojarle el cuello de su camisa para intentar quitarle la corbata; no podía creer que, a pesar de todas sus mejores intenciones, él estuviera disfrutando de aquellas caricias.
Los besos de Hermione subieron de su cuello pasando por su mandíbula hasta la comisura de su boca donde acarició con la punta de su lengua todo el labio inferior y lo mordisqueó suavemente haciendo que miles de escalofríos recorrieran la columna vertebral de Draco incitándolo a perder el control. Tenía que apartarla, tenía que hacerlo.
Las manos de ella lograron sacar la corbata por sobre la cabeza pero rápidamente se apoderó de sus labios. Draco no pudo resistirse y le devolvió el beso.
Tal sólo un pequeño beso, se dijo intentando convencerse.
Pero el beso no fue tan pequeño e incrementó su pasión cuando sintió las manos de ella acariciando su pecho por sobre la camisa. Tenía que detenerse. Tenía que decirle a sus manos que la apartaran pero contrariamente a los pensamientos cuerdos, éstas se aferraron a la cintura de ella para atraerla aún más a su cuerpo.
Hermione cortó el beso y él pensó que allí se encontraba su salvación. Tenía que resistirse, tenía que encontrar el modo de controlar a su cuerpo y el deseo que sentía de perderse en ella… Pero se equivocó. Porque cuando los labios de ella dejaron su boca, estos siguieron besando la línea de su mandíbula hasta toparse con el lóbulo de su oreja donde comenzó a apretarlo con los labios y a rasparlo delicada pero provocativamente con sus dientes. Draco aspiró profundamente y cerró los ojos. Esto se le estaba yendo de las manos.
Y hablando de manos… ¡¿Qué estaban haciendo las manos de Hermione al borde del cinturón de sus pantalones?!
-No… Esto no está bien- le dijo intentando nuevamente apartarla pero cada vez con menos convencimientos.
-Yo creo que se siente bien- contestó ella antes de volver a besarlo.
El beso siguió y siguió. Draco ya no encontraba suficientes fuerzas como para impedir aquello. Acarició la espalda de la joven, enredó sus dedos en aquel cabello castaño, acarició su rostro y comenzó a besarla ahora él internándose en la curva que formaba su cuello y hombro.
-Detenme- le rogó él sin dejar de besarla.
Pero Hermione sólo respondió con un suspiró que sonó casi como un gemido haciendo que Draco se apoderara de su boca nuevamente.
Estaban en pleno pasillo pero ninguno de los dos se daba cuenta de lo que eso significaba. Cualquiera podía verlos y sin embargo no podían dejar de besarse y acariciarse.
-Por favor,- volvió a decir él- has que me detenga.
La hizo rodar dejándola contra la pared aprisionándola contra su cuerpo. Hermione subió una de sus piernas enredándola con la cadera de Draco, dejando sus pelvis soldadas por ese agarre. Ambos gimieron.
-¡Por Merlín!- exclamó Draco mientras volvía a dedicarse a besarla por el cuello de manera descendente acercándose peligrosamente.
Hermione tiró la cabeza hacia atrás dándole una mejor posibilidad de adentrarse en esos confines y Draco, perdido en el deseo, no lo dudó. Mientras la besaba subió sus manos hacia allí y comenzó a desprenderle lentamente los botones.
-¡¿Qué es esto?!- grito una voz a unos pocos metros detrás de él.
Ambos giraron sus rostros y miraron hacia allí viendo a un muy asombrado y enojado Albus Dumbledore.
Draco comenzó rápidamente a ayudar a Hermione a prender los botones que él había sacado de su ojal mientras intentaba pensar en cualquier cosa que ayudara a calmar en enardecimiento de su cuerpo y así poder voltear hacia el anciano sin que éste se diera cuenta de su evidente estado.
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No se enojen por haber dejado aquí. Publicaré lo más rápido que pueda el siguiente capítulo.
Besitos para todos.