Mi bella desconocida — capítulo 29
-Estoy segura de que después lo lamentare.
Isabella se relajó recostándose en el asiento del coche, cerró los ojos un momento, pero sus pestañas se elevaron cuando percibió la mirada intensa de Edward.
-¿Es preciso que me mires de ese modo?
-¿de qué modo?
-Como si acabaras de sentarte a comer y yo fuera el plato fuerte. Cualquiera diría que habías quedado satisfecho la otra noche.
-Eso no hizo más que hacer crece mi apetito- cambio el tono de voz- se que te hice daño la otra noche, siempre es así la primera vez.
-está bien.- dijo ella sin poder mirarlo.
-la próxima vez será mejor.
-no habrá segunda vez
-¿no?- pregunto el perplejo.
-claro que no, acaso ya te olvidaste de lady hale, y el niño que ella tendrá
-Todavía no estoy muy convencido de que allá un niño, estoy tratando de descubrir la verdad, pero aun así su Rosalie está embarazada, no me casaría con ella.
-debe ser difícil estar en semejante situación....-ahora dijo ella con voz más dulce
--esta noche no quiero hablar de Rosalie - metió la mano dentro de su chaqueta y saco un pequeño estuche- tengo aquí algo para ti.
-gracias, no-dijo incomoda- no quiero un regalo.
-es tuyo por derecho, tendría que habértelo dado hace mucho tiempo
Isabella l abrió y en el había un hermoso anillo, un diamante tallado en forma de rosa.
-nunca había recibido un anillo de bodas- le dijo Edward a Isabella al ver su expresión.
-no puedo...
-pruébatelo.
-quédate con el- dijo ella en un suave ruego.
-perteneció a mi madre, ella hubiese querido que lo tuvieras- dijo el también en luego
-¿acaso intentas sobornarme?
-estoy tratando de tentarte
-¿y que me pedirás a cambio?
-considéralo como regalo a cambio de todo lo que a ocasionado nuestro matrimonio.
-no soy tan ingenua, tu no perteneces a esa clase de hombres capaz de dar algo por nada, te lo agradezco pero no puedo aceptarlo.
-si me lo devuelves, lo arrojare por la ventanilla.
-no serias capaz
-pruébame
Cuando Isabella vio que Edward en verdad lo tiraría, se tiro sobre el para sostener el anillo, pero cayó sobre él, Isabella cerro los ojos y jadeo al sentir los largos dedos de el en sus pechos.