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Traicion — capítulo 17
Astoria miraba atreves de la ventana, veía sin ver con sus ojos azules secos de tanto llorar, con la vista perdida en el infinito pensaba en él, en su pequeño Fred, y apretaba con más fuerza ese osito de felpa contra su pecho.
Su vida no tenía sentido sin su hijo, le habían arrebatado el alma y cualquier motivo de seguir adelante, amaba profundamente a Ron, pero el cariño que tenia por Fred era de otro origen muy diferente.
La angustia que sentía no era comparada con ninguna, el miedo, la desolación de perder a su hijo era el más grande sufrimiento, hubiera preferido morir a vivir de esa manera, estrujándose los sesos pensando en ¿dónde estará? ¿Se encontrara bien? ¿Sí, aun vive?
A lo lejos vio una figura aparecerse, el inconfundible cabello rojo se movía con el viento, pronto supo que era Ron quien se acercaba a la madriguera, pero no lo hacía solo.
La rubia abrió los ojos sorprendida, pensando que su mente le jugaba una cruel broma, parpadeo varias veces aturdida, intentando descifrar si lo que veía era real o solo una muestra de que estaba perdiendo la cordura.
Le llevo un minuto soltar el osito que aferraba entre sus manos, giro sobre sus talones y corrió escaleras abajo sobresaltando a la mayoría que estaba en la sala.
-¿Qué ocurre Asty? -Pregunto preocupada Molly, pero no recibió más respuestas que un leve empujón de su nuera que salió como estampida por la puerta.
Sorprendidos por su manera de actuar se apresuraron a seguirla pensando en que definitivamente había perdido la razón. Pero lo comprendieron todo cuandolograron ver ya solo a unos metros el feliz encuentro.
De nuevo las lagrimas surcaban las pálidas mejilla de Astoria, pero esta vez no eran lagrimas de angustia eran de felicidad, había corrido con todas sus fuerzas, con todas las esperanzas puestas en que ese no fuera solo un sueño. Veía a Ron sonreír y mirarle después de mostrar el pequeño bultito que llevaba en sus brazos.
Como si pensara que se tratara de un espejismo que se rompería si los tocaba, detuvo su carrera a unos pasos de Ron, mirando embelesada con los ojos aguados y la respiración entrecortada a el pequeñín acomodado en los protectores brazos de su padre.
Se llevo una mano a los labios para contener los sollozos que se hacían cada vez más fuerte y miraba con tanta emoción de manera alternada el rostro tranquilo de su hijo y el de su hombre, intentando aclarar su mente, sus pensamientos dispersos, alejar sus temores y confirmar que eso era verdad y no solo un truco de sucabeza.
Fue entonces que el pequeño reconoció a su madre y estiro sus pequeños bracito regordetes hacia ella, sonriendo con toda la inocencia y dulzura del mundo, exigiendo que le cargara.
Le llevo tan solo un segundo a la rubia estirar sus manos y tocar las delicadas manitas, suspiro de alivio al ver que no era una alucinación, era su hijo, de carne y hueso, el que le miraban con sus ojitos alegres esperando que lo abrazara.
Lo tomo con devoción entre sus brazos y lo cubrió de besos haciéndolo reír mas por las cosquillas que le hacían, después solo lo acomodo con infinita ternura y cerro los ojos suspirando con alivio, de nuevo su más grande tesoro estaba seguro, su angelito divino estaba con ella nuevamente para iluminar su vida.
Ron se acerco besándole los labios de manera fugaz a su mujer, y los abrazo a ambos, él también lloraba. Habían sido días muy largo, los peores de su vida y tenerlos ahora ahí cerca de él, hacia que se diera cuenta cuanto los amaba.
En la entrada de la madriguera todos lloraban, Molly se limpiaba con el delantal, Freu había sacado su pañuelo, Angelina era consolada por George y Percy tocia y se tallaba los ojospara desembarazarse de la situación de estar llorando como una mujercita, Penélope su esposa le daba palmaditas en la espalda mientras ella sin ninguna pena lloraba con una sonrisa dibujada en sus labios.
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Cuando Draco salió del cuarto en el que se recuperaba Zabini, no encontró a Hermione por ningún lado, con molestia imagino que se había ido a la madriguera para informales sobre la buena nueva. Estaba molesto porque había pensado que lo esperaría, pero pensó que quizás la decisión más conveniente era llevar al pequeño con sus padres antes que cualquier otra cosa.
Su primer pensamiento había sido alcanzarla, ir a la madriguera para disfrutar de su compañía, pero se tomo un momento, sentándose en la sala de espera. Estaba confundido, nunca se había sentido de esa manera, como cuando tuvo al pequeño pelirrojo entre sus manos, era un sentimiento inexplicable esa sensación de paz que lo había embargado, como lo habia enternecido la manera en que Fred le sonreía y le miraba como si fuera lo mas sorprendente del mundo.
Él quería eso en su vida, quería un hijo al cual amar y cuidar, al cual poder enseñar todas esas cosas que su padre nunca le enseño y darle todo el amor del que era capaz, pero sobre todo deseaba que la madre de ese hijo que tanto anhelaba fuera Hermione.
Alguna vez había pensado en ser padre cuando aún estaba casado con Astoria, antes de que se descubriera su infidelidad, en ese entonces tenía razones diferentes, era quizás que creía que ya era el momento propicio para que hubiera un heredero Malfoy que continuara con su apellido, había pensado en las conveniencias sociales para que un nuevo integrante de sangre pura llegara. Quizás eran pensamientos demasiado fríos y calculados, pero eran ciertos, en esos momentos no había sido capaz de pensarlo como lo hacía ahora.
Ahora no había conveniencias sociales involucradas, más que su enorme deseo de ser padre, de que la mujer que amaba le diera un hijo, que sería de ambos, que llevaría su sangre sin importar si esta fuera pura, mestiza o simplemente muggle, porque sería un pequeño deseado, concebido por amor y por tanto la obra más grande de su vida.
Siendo sincero consigo mismo tenía que dejarse de juegos, la amaba eso era cierto, Granger se había ganado no solo su admiración y respeto por la gran bruja que era, también se había ganado su amor. Desde hacía mucho ya no era solo compartir su cama, no era mera pasión o sexo, era algo mas intimo, una conexión lograda atreves del reconocimiento y otros muchos sentimientos que habian inundado poco a poco su corazón.
Draco Malfoy no era romántico, siempre se había creído alguien práctico como para creer en las beldades amorosas y cursilerías baratas, él era más frio, más cerebral y calculador, para el siempre había sido ganar en las relaciones, sacar un provecho sustancioso de ellas, así había sido con Astoria y esa relación que había unido a dos grandes familias.
Pero con Granger todo era distinto, no había con que comparar la relación que los unía, ambos estaban porque querían estarlo y para ninguno de los dos suponía una ventaja que así fuera porque simplemente cada uno teníalo que quería en esos momentos.
Draco no necesitaba más poder, prestigio o dinero, el nuevo negocio había rendido frutos pero no era algo que esperara o quisiera solo había sido un pretexto para estar cerca de la leona. Quizás el que su nombre se hubiera limpiado suponía una ventaja, pero como nunca busco ser eximido de sus culpa o redimirse de sus errores pasados, tampoco era algo que ambicionara o por lo que buscara utilizarla.
En cuanto a Hermione la historia no era muy distinta, la chica tenía un lugar que se había ganado a pulso, con su propio esfuerzo, callándole la boca a muchos que la habían subestimado y menospreciado, era una gran bruja, la mejor en su área, era respetada, admirada y querida por todos los que tenían el privilegio de conocerla; tenía el poder en sus manos por ser una de las heroínas que ayudo a vencer al innombrable, bastaríauna petición suya al señor ministro para poner en jaque a cualquiera o hacer su voluntad si así lo quisiera: en cuanto al dinero, no le sobraba pero tampoco le hacía falta, tenía el suficiente para llevar una vida digna y decorosa, incluso para darse caros lujos. Pero ella no era de ese tipo.
En resumen no había ningún interés de por medio que no fuera lo bien que se sentían juntos, la complicidad que encontraban entre las sabanas y fuera de ella, se querían y se cuidaban mutuamente porque les nacía hacerlo, se conocían lo suficiente para saber cuando tenían un día difícil y entonces ahí estaban intentado reconfortarse.
No importaba lo diferentes que eran, importaba que se entendieran en sus diferencias, que se aceptara con sus imperfecciones y se apoyaban aun en los momentos difíciles. Por amor Draco había hecho sus resentimientos a un lado para ayudar a Astoria y a Ron, porque quería verla feliz, porque le importaban sus preocupaciones y sus malos ratos, no solo los buenos.
Ahora veía todo claro, como si la venda que cubría sus ojos hubiera caído por fin, veía todo lo que se había negado a ver y sentía todo lo que no se había permitido sentir, no solo la quería, la amaba y quería una vida con ella.
Ciertamente tenía miedo de su descubrimiento ante la posibilidad de ser rechazado, de que Granger no quisiera más formalidades en esa extraña relación que mantenían. Tenia miedo de que su historia pasada hiciera mella en su confianza y no quisiera nuevamente enlazar su vida a la de nadie más.
Se sentía debilitado ante sus sentimientos, perdido como nunca lo había estado, esa seguridad que siempre lo había caracterizado habia desaparecido, en el mismo momento que se dio cuenta que la amaba.
¿Cuándo habían cambiado sus sentimientos? O era quizás que siempre la había querido, y su testarudez y su orgullo lo había hecho negarse a ver que estaba perdido por ella. ¿Cuándo cambio todo? ¿Cuándo esa leona se había metido en su corazón, en su sangre? ¿Cuándo había dejado de ser un juego para volverse una realidad?
Escondió el rostro entre sus manos, dejándose llevar por los recuerdos, tenía muy clara la manera en que había iniciado todo, pero no sabía en qué parte del camino se habia perdido para adentrarse en lugares desconocidos, no tenía ni la más remota idea cuando se descubrió a si mismo necesitando de su calor.
Todo había iniciado de manera tormentosa, todo estaba impregnado de dolor, de rabia y furia, de decepción, con el sabor a traición a tortura. Su mano aun hormigueaban después de esa bofetada que le había propinado a Astoria cuando descubrió el engaño, esa sensación se había extendido, corrido por su brazos hasta revolverle las entrañas.
Estaba furioso, ofendido y sentía la mirada amielada de Granger sobre él, y la odio por eso, la odio porque era precisamente ella quien le hacía ver que era un cornudo, un hombre engañado, una piltrafa que no había sabido mantener a una mujer. Pero se odiaba más a si mismo por inbecil, por ciego, por no ser capaz de darse cuenta que esa vida que creía prefecta era solo una farsa.
Después, después todo dio un giro inesperado, una proposición… el cobro de un favor… un encuentro que pretendía era para olvidar, para no sentir por un momento todo ese dolor y rabia, para no pensar en el engaño del que fueron víctimas.
Se entregaron a la furia de otras paciones, de besos exigentes, de caricias bruscas y demandantes, era una posesión salvaje y al mismo tiempo tan placentera que les tranquilizo un poco. Se utilizaron para no cometer una locura, para no sentirse solos y acabados. El mañana no importaba solo el presente, ese momento ¡Al diablo con todo! ¡Al traste con Astoria! ¡Que se jodiera Weasley! Dejaron que todo fluyera por instinto, inundados de deseo y necesidad de calor humano.
Así había sido su primer encuentro, después fueron encuentros igual de demandantes pero más tranquilos, mas concienzudos y aun pasionales, no deseaban estar solos y decidieron entonces curar ese vacío con el calor de un cuerpo que aprendieron a amar con los días.
En algún punto de la historia los motivos salieron sobrando, ya no era solo compartir un lecho, era compartir una vida, sus ilusiones, sus sueños, esos detallitos pequeños pero importantes, ese día a día cotidiano lleno a veces de desacuerdos y de trivialidades. Se sumergieron en la normalidad de sus vidas, aprendiendo a quererse, a respetarse, pero sobre todo a aceptar esa parte del otro que antes habían aborrecido. Porque cuando amas aceptas y eres aceptado sin importar ese lado malo o ese pasado turbio, pasando a segundo plano el carácter terco y obstinado, el orgullo y los prejuicios.
Una mano se poso en el hombro del rubio.
-Hola Malfoy -Le saludaron y el lentamente levanto el rostro un tanto aturdido por la revolución de sus pensamientos que ahora lo mantenían ocupado.
-Lovegood. -Contesto a manera de salido, sorprendido de ver a la delgada rubio de ojos azules saltones con una bata blanca con una pequeña placa mostrando su nombre y su condición de medimago.
-¿Estás bien? -Pregunto confianzuda sentándose a su lado y mirándole con comprensión como si fueran amigos de toda la vida, no había retirado su mano del hombro del muchacho.
Incomodo el rubio carraspeo un poco aclarando su garganta, intentando contestar esa pregunta estúpida, que la insulsa rubia le había lanzado y que lo había dejado incomodo y desubicado.
-Estoy bien. -Contesto con sequedad evitando la mirada de Luna.
-Ya veo. -Replico simpleza la rubia. -Se les ve bien juntos. -Solto de repente con la vista perdida en un punto indefinido en la pared de enfrente.
-¿Qué? -Pregunto mas incomodo
-Tú y Hermione. -Aclaro girando de nuevo su rostro para fijar sus ojos en los orbes grises del blondo. -Lucen felices juntos, siempre se lo digo a mi padre, aunque me diga que son tonterías. -Sonrió por sus propias palabras y se encogió de hombros. -Yo creo que hacen bonita pareja.
Draco no sabía que contestar. -Imposible que un Malfoy luzca mal. -Dijo intentando ser sarcástico para quitarle importancia al asunto.
-Entonces Hermione luce tan bien que debería de darle tu apellido. -Contesto con tal soltura que hizo que se atragantara con su propia saliva.
-Lo tomare en cuenta Lovegood. -Contesto vencido cuando por fin controlo la tos.
-Harías bien en hacerme caso, ambos han pasado por tanto que merecen ser felices.
-¿Tu sabes…? -Pregunto callándose el resto de la pregunta, no creía posible que nadie aparte de los involucrados se enterara dela infidelidad de la que fueron víctimas.
-Sobrevivimos a la guerra. -Dijo como si fuera lo más obvio. -No sé exactamente que les paso después pero parece que sufrieron mucho, es justo que puedan ahora ser felices. No hay que dejar que el miedo nos impida lograr la felicidad Malfoy.
-¡Yo no tengo miedo! -Exclamo ofendido
-Todos tenemos miedo alguna vez, eso no nos hace cobardes. -Sonreía de nuevo viendo al infinito con sus ojos soñadores.
Malfoy nunca hubiera imaginado que alguien como la lunática pudiera decirle con tal claridad, lo que el mismo sabía y se negaba a aceptar, tenia miedo.
En el colegio siempre había pensado que en verdad a esa rubiecilla le faltaba más de un tornillo, pero ahora se daba cuenta que al igual que con muchas otras cosas estaba equivocado, la había juzgado mal, subestimando su intelecto, le estaba dejando claro ahora que hablaba de esa manera como si conociera a la perfección sus conflictos internos.
-¿Quizás no me acepte?
-O quizás sí. -Rebatió. -Peso si sigue ahí nunca lo averiguaras. -Se levanto de la silla y le dio una palmadita en la espalda a Draco. -Saluda a Hermione de mi parte, dile que todos merecemos una segunda oportunidad, incluso ella. -Fue lo último que dijo antes de alejarse para atender a sus pacientes.
Draco se levanto decidido, tenía que arriesgarse.
No le llevo mucho tiempo llegar a la madriguera, el problema fue que ahí no encontró a Hermione, según le dijo Ron se había quedado en San Mungo esperando que saliera de visitar a Blaise. Eso alarmo seriamente al blondo, no era común que ella desapareciera de esa manera.
Regreso a San Mungo para preguntar si alguien la había visto marcharse, antes había ido a la mansión y al departamento de la Leona, al igual que a la oficina y nadie la había visto ese día.
Fue una enfermera quien le dio la desagradable notica, el rostro de Hermione era demasiado conocido para pasar desapercibida. Le informo que la había visto marcharse del brazo de un hombre mayor que reconoció como Andrew Greengrass, después de todo el también era muy conocido por ser uno de los magos de sangre pura más ricos.
Draco palideció al instante y se dejo caer en una silla cercana, temiendo por la vida de su amada Granger.
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-Espero que estés cómoda -El sarcasmo y el asco se notaban claramente en las palabras de Andrew
-¡Pagara por esto! -Amenazo la castaña amarrada en una silla
-Quizás. -Dijo sin darle importancia. -Pero tú ya no estarás para verlo y Malfoy, Astoria y esa perra de esposa también se quemara en los infiernos antes de que eso ocurra, de mi cuenta corre. -Le dijo acercándose y tomando su barbilla con fuerza para que lo mirara. -Te lo juro. -Afirmo con los ojos inyectados del más puro odio.
Hermione se estremeció por la amenaza pero le sostuvo la mirada a ese hombre, no sabía si saldría vida de eso, pero a pesar de la situación lo único que no podía alejar de su cabeza era el rostro de Draco. Solo esperaba tener la oportunidad de verlo una vez mas.