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Traicion — capítulo 19
El miedo en ocasiones nos hace actuar de manera irracional, Hermione se sentía expuesta y temerosa, pero no fue hasta que logro tranquilizarse que se propuso no darse por vencida, no al menos sin dar batalla.
Por primera vez observo con atención la habitación en la que se encontrara, mientras ponía a trabajar su mente, buscando una manera de liberarse de sus ataduras y escapar. Sabía que no tenía su varia y que eso dificultaría cualquier escape, pero pensó que si alguien podía lograrlo, era precisamente ella que no siempre había vivido conociendo la magia.
Inspecciono sus ataduras moviendo sus muñecas un poco para evaluar lo apretado y firme de los nudos, no creía lograr desatarlos pues estaban las cuerdas tan cernidas sobre sus muñecas que le cortaban la circulación. Una mueca de dolor se reflejo en su rostro cuando intento hacer presión para aflojar un poco el amarre, sin conseguir resultados.
Suspiro contrariada pero se obligo a seguir buscando la manera, movió un poco sus pies amarrados con el mismo tipo de cuerdas mágicas, fue entonces cuando noto que al menos la silla se movía, no había tomado la precaución de fijarla al piso cuando la dejo amarrada.
Pero antes de aventurarse a moverse y con ello hacer ruido debía buscar algo con lo cual poder cortar las cuerdas, pero nada parecía ser de utilidad en esa habitación.
Se tenso cuando escucho pasos acercándose y la puerta se abrió para darle el paso a su captor que entro tambaleante y con una botella de licor a medio terminar en una de sus manos, a esas alturas se había olvidado de las formalidades y el vaso, y ahora tomaba a boca de botella. En la otra mano llevaba un portarretrato de fina plata pero a la distancia a la que estaba no podía saber de qué se trataba, mas tomando en cuenta que la presionaba contra su pecho.
-No te parece adorable "Una familia Feliz" -soltó con sarcasmo acercándose con dificultad hasta estar frente a Hermione. -Mírala. -Ordeno acercando el portarretrato demasiado cerca de su rostro.
En la foto estaba Daphne y Astoria de niñas al lado de sus padres, todos sonreían a la cámara, sin duda era un recuerdo de tiempos más felices, donde no se sabía el engaño, donde aun desconocía que una de esas dos hermosas niñas no era su hija.
Hermione noto como los ojos de su captor cambiaron por un instante mientras se posaban sobre la imagen en movimiento de esa dos pequeñas tan distintas entre si, pero ambas felices y amorosas a su lado, el mismo se veía en esa vieja fotografía con el orgullo tatuado en el rostro, con una satisfacción que saltaba a la vista, sin duda a su manera y a pesar de todo había amado a su mujer y a sus dos hijas.
Ese breve instante que encontró algo diferente al odio en los ojos de Andrew, se dio cuenta que justo por eso estaba enloquecido por la rabia y el resentimiento, el afecto por su familia habia sido importante para ese hombre y saber del engaño de su esposa y que esa hija a la que siempre habia considerado suya, representaba un golpe demasiado fuerte, incluso para un sangre pura que se jactaba de su frialdad e indiferencia ante cosas tan vánales como los sentimientos.
Ahora entendía lo fácil que era mirar las cosas desde afuera y juzgar las vidas de los demás, sin permitirse ver más allá de lo que aparentaba. Frente a ella no tenía un moustro como había pensado hacia unos minutos atrás, se daba cuenta que ante ella estaba un hombre que presencio como su familia que había considerado perfecta se había desmoronado hasta reducirse a nada.
Le había bastado ver a través de esos ojos acuosos por los efectos del alcohol la tristeza y el dolor que no se permitía mostrar a nadie, pero ahora que observaba la manera en que mirada esa fotografía y posaba su vista sobre la imagen de Astoria, comprendía todo eso que hacia interpretado de manera equivocada.
Y es que quien mejor que ella podía saber del sufrimiento causado por el engaño, quien mejor que ella podía imaginar los estragos que deja un corazón lastimado por heridas tan profundas causadas por la decepción y el engaño. Quien mejor que ella para entenderle, cuando ella misma se había llenado de tanto resentimiento cuando descubrió a Ronald con su amante en su propia cama. Ella podía comprender que cuando todo ese dolor se expande por tus entrañas se convierte en una profunda rabia contra uno mismo por ser tan ciego y no haberlo notado antes y contra la persona que rompió su corazón y destruyo ese mundo que creía perfecto.
No lo justificaba de ningún modo, pero podía comprenderlo, porque ella misma había sentido las llamas arder en su interior de la rabia al ver como todas sus ilusiones y esperanza se habían incinerado por la traición de dos amantes inconscientes.
Veía con claridad el interior de ese hombre a través de sus ojos, sintió una profunda pena, ante el descubrimiento de que ese hombre frente a ella tenía sentimientos. Que esa sed de venganza y esa hostilidad que mostraba eran producto de su frustración y dolor, de perder esa familia que había sido todo para él.
Quizás era cierto que al principio Aime, su esposa no le inspiraba amor, pero el hecho era que a través de los años y en contra de los pronósticos la había amado profundamente, aunque quizás su error más grande fue nunca decirle que la quería o lo importante que era para él. Lejos de hablar de esos sentimientos que habían surgido se perdió en los placeres de la carne, ejerció el derecho de los sangre puras de compartir el lecho con muchas mujeres que no le inspiraban nada. Pero era su manera de minimizar los estragos que sentía en su pecho, esa calidez que no comprendía, pues nunca le habían enseñado del amor.
Sus propios errores habían lanzado a su mujer fuera de su vida, buscando el afecto que no le demostraba en brazos de otro, pero era demasiado orgulloso para reconocer que había sido su culpa, por eso se empeñaba en señalar otros culpables, a la infiel de su mujer, a ese maldito que alguna vez considero si no su amigo, sí, su compañero y aliado en negocios.
Todo ese amor que había convergido en su interior alguna vez ahora se convirtió en odio y resentimiento contra aquellos que le habían arrebatado todo en su vida, la estabilidad, esa familia que había considerado perfecta.
Quería a sus dos hijas desde su nacimiento, pero siempre Astoria había sido su predilecta, la que compartía más rasgos con su madre, pero que tenía un poco de su carácter voluntarioso y decidido, era astuta y brillante. Estuvo sumamente orgulloso de que fuera capaz de conquistar a Draco Malfoy, por eso no pudo soportar que hubiera terminado enredándose con un patético e insignificante Weasley, un traidor de la sangre.
Pero aun entonces, a pesar de la indiferencia que mostraba, de ese aparente resentimiento por manchar su apellido y el silencio que siguió por unir su vida a ese pobretón y la llegada posterior de ese pequeño bastardo, en el fondo la quería y deseaba de conocer a ese pequeño que decían era hermoso, sin embargo, su orgullo se hacía presente y se negó en rotundo ceder.
Pero lo que desato ese caudal de odio en su interior fue descubrir que su amaba esposa le era infiel. Su comportamiento había cambiado repentinamente y eso le había desconcertado demasiado por lo que mando seguirla y sus descubrimientos fueron contundentes. Su esposa tenia encuentros con un hombre que conocía perfectamente bien de su pasado e investigando a fondo descubrió ese gran secreto que su mujer haba guardado celosamente, Astoria no era su hija.
Su mirada se torno violenta con forme esos recuerdos se agolparon en su mente, enardecido lanzo el portarretratos rompiendo el cristal que protegía la foto.
-Pero pagaran por la burla, por la deshonra. -Grito furioso para después dar un largo trago de la botella. -Pagaran, claro que pagara y se arrepentirán incluso de haber nacido. -Su voz sonaba confusa pero se notaba a la perfección el odio destilar en cada palabra.
Sus ojos brillaban de rabia, de toda esa furia que sentía y abrazaba cada parte de su cuerpo a pesar de lo alcoholizado que se encontraba.
-¿Qué ganara con ello? -Se atrevió a preguntar sintiendo el aliento a licor por tenerlo tan cerca.
-Vengarme por todos estos años en los que debieron burlarse de mí.
-Se cómo debe sentirse… -Intento decir.
-¡Se cómo debe sentirse! -Imito su voz con mofa. -¿Cómo podría saberlo una sangre sucia como tú?
-A mi también me han engañado y lastimado. -Le recordó con firmeza, sintiendo incluso un poco de compasión por ese hombre que ahora en nada parecía al temible captor que la había secuestrado. Ahora veía a un hombre que había sido traicionado como alguna vez lo habían hecho con ella.
-Pero yo no soy tan estúpidamente noble o patético para perdonar Granger. Yo no voy a permitir que se sigan burlando de mí y de mi nombre. No, ellos van a pagar con sangre su ofensa, primero serás tú, pagaras por arrebatarme la oportunidad de aniquilar ese maldito niño, después será la zorra de mi esposa y al final esa bastarda que se decía mi hija.
La piel de Hermione se erizo con sus amenazas y trago duro, intentando mostrarse firme. El hombre salió a tropezones del la habitación no sin antes declarar una última amenaza. -Tus horas están contadas, por la mañana todos sabrán de lo que soy capaz para hacerlos pagar.
La castaña respiraba con dificultad, aterrada de sus palabras se sobresalto por el golpe que dio al cerrar la puerta. Si iba hacer algo tenía que hacerlo pronto. Sus ojos brillaron esperanzados cuando vio en el piso a unos metros de distancia los cristales rotos del que había sido un hermoso portarretratos.
Intentando hacer el menor ruido aun atada a la silla comenzó a moverse hasta llegar cerca de los cristales rotas, sabía que tenía que tirarse al piso para intentar coger alguno que le ayudara a cortar las cuerdas, pero tenía miedo que el ruido al caer trajera de vuelta a su captor a la habitación.
Espero un momento, agudizando su oído, intentado percibir cualquier ruido. Cuando lo creyó prudente y rogando a Merlín no hace demasiado escándalo se lanzo al piso con todo y silla, conteniendo un grito de dolor por el golpe. Aterra y asustada alcanzo un fragmento alargado y filoso que podría utilizar y comenzó a cortar las gruesas cuerdas.
Trataba de hacerlo lo más rápido posible antes de que llegara, pero era difícil. Escucho pasos acercándose… cada vez más cerca, contuvo el aliento… tenía un sabor amargo en su boca y sus muñecas le dolían mucho… la puerta comenzó a abrirse y supo que estaba perdida, cuando los pasos se acercaban a donde estaba recostada… cerró los ojos cuando vio un par de zapatos frente a su rostro… sin duda era su fin…