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Traicion — capítulo 8

¿Las personas cambian? Se pregunto mientras se cepillaba el cabello después de tomar un baño relajante, se encontraba sentada frente alespejo de su pequeño tocador, detuvo su labor por unos minutos y se observo con detenimiento intentando encontrar posiblemente una respuesta en el reflejo.

Dejo el cepillo sobre la superficie del mueble y se acerco un poco para verse mejor, era como si por primera vez se observara y buscara en si misma detalles que antes no había notado.

Los años habían pasado y sabiamente la habían transformado, no era vanidosa ni se consideraba especialmente bonita, pero encontraba en si misma algo interesante que probablemente antes no había notado, ya no era la misma pequeña que alguna vez se había sentado en el tocador de su madre a jugar con su maquillaje, las redondeces infantiles de su rostro había desaparecido, no así las pequeñas pecas que adornaban su nariz que eran quizás el último vestigio de su infancia.

Hermione no gustaba de pasar el tiempo como las demás admirándose en el espejo, comprobando que tan bien o mas se veía como Lavender o Parvia, había invertido su tiempo más sabiamente sinpreocuparse como era la imagen que le devolvía el espejo.

Tenía sus teorías sobre la vanidad femenina y el deseo de llamar la atención, y ella entraba en una sub especie femenina que no estaba interesada en lo mas mínimo por su aspecto, pues encontraba siempre algo en que poner su atención que fuera más importante y menos superficial, sin embargo, con los años cuando se convertía en una adolecente y deseo llamar la atención de cierto pelirrojo aun en contra de sus costumbre comenzó a preocuparse un poco mas por su aspecto, a dedicarle tiempo al arreglo de su cabello y a un maquillaje quizás discreto que solo le daba un poco de brillo y color a su rostro.

Nunca había sido hábil en esos menesteres y había necesitado la ayuda de sus amigas, especialmente de Ginny para sacarle partido a lo que la naturaleza le había dado, de eso ya hacia algunos ayeres y el giro que había dado la vida la ponía sobre terrenos inexplorados, ahora buscaba sobresalir como jamás lo había hecho, era su manera de revelarse, de demostrarle al mundo que había cambiado y que no era la misma ingenua chica que había sido alguna vez que creía en el amor rosa.

Claro que buscaría encontrar un equilibrio entre la muchachita simple que había sido y la mujer fatal que no deseaba ser por completo, era divertido de alguna manera el proyecto, verse a si misma como un reto, como tantas veces había puesto todo su empeño en algún plan especialmente importante, ahora se planteaba ser su propio proyecto de mejora.

Algunos dicen que las personas no cambian, y quizás tengan un poco de razón, hay cosas que no cambian nunca a pesar del tiempo y la madures que se supone llega con los años, pero en algunos casos los embates que te da la vida te hacen cambia para poder sobrevivir, porque de otra manera te quedas estancado y no avanzas.

Hermione se sentía cambiada, renovada después del dolor, ella estaba cambiando porque no le había quedado otra opción porque no deseaba seguir siendo la misma, porque ya que ser como era no le había garantizado la felicidad, ahora seria alguien distinto.

Su esencia seria la misma, pues seguía creyendo en la igualdad, en la justicia, la verdad y sobre todo en la lealtad, por lo que sería sincera con lo que desea y siente y estos momentos así era. Quizás no era convencional la relación quela unía con Malfoy, pero a nadie lastimaba con sus acciones, ambos eran libre y dueños de estar con quien deseara, además no había las formalidades de una relación normal.

Viéndose un poco más en el espejo, sonrió y esa sonrisa se reflejo en sus ojos haciéndolos brillar de expectación y un toque sensual, pronto llegaría su amante, ese que no le prometía bajarle las estrellas, que no le endulzaba el oído con mentiras, ese del que no esperaba nada más que una entrega apasionada sin promesas que pudieran romperse y por tanto se marcharía sin romperle el corazón cuando ambos estuvieran satisfechos.

No todos cambian, algunos siguen siendo los mismos imbéciles inseguros que con tal de reafirmar su hombría buscan el calor en otras mujeres, sin atender a aquella que les espera en casa y que les ama. Pero algunos si cambian, aquellos que cansados de embustes deciden ser el cazador y no la presa, aquellos que renacen de sus cenizas y deciden no regresar su mirada atrás mas que para complacerse al comprobar que no lograron vencerles.

Hermione se levanto sonriente y se coloco una fina bata de seda sobre la provocativa ropa interior negra, su nueva actitud le daba confianza y una seguridad que antes había sido desconocida para ella, misma que le hacía saber que no tardaría en aparecer su rubio amante.

Ron estaba desesperado, si antes se había comportado condescendiente con Astoria ahora estaba fuera de sus cabales, exasperado de que esa rubiecilla fuera una inútil incapaz siquiera de calentar un poco de agua, y encima de todo pretendía que fuera algo así como su sirviente personal.

De mala gana había preparado el desayuno para ambos, nada demasiado elaborado, pero al menos era comestible. Le enervo la cara de asco que habia hecho la rubia cuando le puso el plato de algo que pretendía ser huevos revueltos y tocino, y que para alguien de la finura de la chica le parecía el desperdicio para los perros.

-Es lo que hay. -Dijo elevando la voz por lo que la rubia dio un respingo y tratando de arreglar las cosas intento probar lo que le ofrecía.

-Te ha quedado rico. -Contesto con voz fingida y sonrió de manera acartonada conteniendo lasganas de vomitar allí mismo.

Aunque parecía imposible Ron había perdido el apetito después de tantos disgusto, a penas dio un par de bocados se levanto de la mesa.

-¿A dónde vas?

-A trabajar Astoria, alguien de los dos tiene que hacerlo, lo que gastamos ayer en la despensa era lo poco que me quedaba de mis ahorros. Te recomiendo que tu hagas los mismo. -Le dijo con seriedad.

-¿Yo? ¡Trabajar! -Exclamo consternada como si le pareciera inconcebible.

-Algo tienes que hace, a menos claro que te quieras hacer cargo de los deberes de la casa. -Dijo levantando una ceja.

-Yo no sé cómo…

-Pues tienes que aprender, como veras yo no tengo el oro que Malfoy, no tengo elfos domésticos que se encarguen en la limpieza y si te quieres quedar aquí tienes que colaborar de alguna manera.

Los ojos de Astoria se llenaron de lágrimas de inmediato, mismas que comenzaron a derramarse por sus mejillas.

-Lo siento Astoria, pero las cosas son así, fuimos una estúpidos y perdimos todo, no nos queda más que intentar salir adelante, para mí tampoco es fácil.-Le dijo dándole un par de palmaditas en la espalda a manera de consuelo.-Tengo que irme. -Le aviso y salió apresuradamente de la cocina.

La rubia decepcionada y afligida se sentía cada vez mas perdida, después de todo no era su culpa ser así, la habían acostumbrado a tener todo cuanto quisiera, mientras ella se dedicaba solo a lucir bonita, ella que iba a saber de los deberes de una casa o de trabajar como si fuera una simple empleada asalariada.

No le apetecía ninguna de las dos opciones que le había dado Ron, pero sin duda no pensaba salir a pedir empleo y ser víctima de las especulaciones y críticas de las personas, así que no tenía más opción que intentar hacerse cargo de la casa.

Ron reanudo sus actividades en la tienda de sortilegios Weasley después de una larga y acalorada regañina por parte de su hermano George por no haberse presentado por semanas a su empleo. Pero su hermano dejo de gritar cuando noto el estado deprimente en el que se encontraba su hermano menor, había adelgazado bastante, estaba ojeroso y pálido. George suspiro frustrado y le permitió regresar solo porque sabía que de no hacerlo el estado de Ron seria peor, hacia semanas que tampoco se paraba por la madriguera, sin duda su madre estaba sumamente preocupada aunque seguía sumamente enojada por lo ocurrido e intentaba disimular que no le importaba lo que le pasara a Ron.

Después de la jornada laboral el pelirrojo regreso a su casa sin mucho ánimo de encontrarse ahí con Astoria, cuando abrió la puerta se asusto mucho pues una nube de humo le dio la bienvenida, corrió en busca del origen de ese humo, pues parecía que la casa se estuviera incendiando. Llego a la cocina y abrió la puerta, tuvo que dar un paso a tras pues el olor a huevos podridos y esencia s Throll le golpe las fosas nasales, a penas se podía ver de lo espero de la humareda que salía de un caldero puesto sobre la flama de la estufa.

De inmediato lo apago y abrió las ventanas para que el lugar se ventilara, cuál sería su sorpresa cuando el humo se disipo al ver a Astoria despatarrada en el piso de la cocina bajo la mesa cubierta de pies a cabeza de una sustancia de color verde vomito que tenía una textura similar a la del moco de Throll.

Si solo verla era algo asqueroso, el olor era simplemente insoportable, la rubiatenia los ojos enrojecidos de tonto llorar y no podía levantarse pues la sustancia que la cubría la mantenía pegada al piso, por eso lo que fuera que estuviera cocinando se termino de quemar después de haber explotado y mandarla a ese lugar bajo la mesa.

-Ron. -Le llamo entre lágrimas. -Ayúdame. -Pidió suplicante y al pelirrojo no le quedo más remedio que aguantarse el asco y ayudarla a levantarse.

-¿Qué paso? -Pregunto temiendo la respuesta.

-Intentaba hacer de comer.

El pelirrojo se abstuvo de hacer más preguntas la tuvo que cargar escaleras arriba pues era incapaz de caminar por su propio pie, estaba demasiado alterada y temblaba después del susto que había pasado cuando le exploto en la cara lo que debía de ser una suculenta sopa, según el estúpido recetario que encontró.

Ron estaba cansado de esa situación, pero no podía perderle que se marchara pues no tenía a donde ir, y probablemente el no era el mejor hombre del mundo pero tampoco era un patan que la dejaría morir a su suerte.

Lleno la tina de baño y le ayudo a desvestirse, el también hizo lo mismo pus termino también cubierto por esa asquerosa sustancia que había pretendido ser su cena.

Desnudos se metieron a la tina, un poco apretados por el limitado espacio, pero no les importo mucho, ambos necesitaban una tregua, habían pasado ya por tantas cosas que no tenían fuerzas para nada más.

En silencio Ron contemplaba el cuerpo desnudo de Astoria, ese cuerpo que le había hecho perder la cabeza para entregarse a una relación clandestina, reconocía que en verdad era hermosa, esa piel blanca era perfecta, los finos rasgos de su rostro eran una obra de arte, su cabello rubio a pesar de tener ahora manchas verdes era bonito y sedoso, su figura era majestuosa, la estreches de su cintura, sus pechos grandes y amplias caderas, esos ojos azules ahora enrojecidos e hinchados eran como dos pedazos de cielo.

En comparación a su ex mujer, Astoria eras mas voluptuosa, sus curvasmás generosas y definidas, su rostro más perfecto, sus manos eran más delgadas y suaves, no tenia esas asperezas en los dedos de tanto escribir, ni las pecas en esa nariz respingona y obstinada. La rubia tampocotenía lascicatrices en el cuello de cuando la torturo Bellatrix ni tantas otras que eran vestigio de la valentía con la que había luchado en la guerra.

Hermione no era tan alta como la rubia, ni tenía esa feminidad y sofisticación que ella. Astoria era hermosa, una belleza aristocrática de piernas largas y torneadas, de piel blanca, lozana y suave, de rostro divino y cuerpo exquisito, pero no era su Hermione.

Astoria ya buscaba la boca de Ron y acariciaba su cuerpo necesitada de un poco de afecto que le ayudara a olvidar el momento amargo por el que había pasado. El pelirrojo correspondía a sus besos, a sus caricias tan necesitado como ella de sentir esos suaves contactos.

Pero Ron pensaba en Hermione mientras entraba en Astoria, y comparaba ese cuerpo que exploraba con manos ansiosas con el de su ex mujer, y su propio cuerpo sabia, como cada poro de su piel que Hermione era perfecta, aun más hermosa sin la armonía del cuerpo de la rubia, sin las formas finas, sin la apariencia de una muñeca de aparador era bella.

Era la dulzura de sus ojos amielados, la sinceridad y la pureza que encontraba en ellos lo que los hacía más hermosos que el azul intenso del cielo, eran sus manos llenas de asperezas lo que su piel añoraban en esas caricias prodigas llenas de amor y reconocimiento, era la extensión de su piel tostada que mostraba con orgullos sus cicatricesla que deseaba tocar y explorar de nuevo para redescubrir cada imperfección que la hacía más perfecta.

Ron hacia suya a Astoria pero pensaba en ella, en la mujer que engaño y que ahora anhelaba tener de nuevo. Sin secarse se aventuraron al territorio de esa cama que había sido testigo de sus infidelidades y se perdieron entre besos y caricias para no pensar, para intentar borrar los vestigios dolorosos de amores rotos y corazones destrozados.

Astoria seestremecía y arqueaba la espalda al sentirlo dentro pero sabía que aunque Ron estaba entre sus piernas estaba muy lejos de estar ahí, lo sabía por la manera en que apretaba los ojos y por la forma en que la estaba haciendo suya, porque esta vez no solo tenían sexo, ahora le estaba haciendo el amor, pero no a ella, si no aun recuerdo, y eso le dolía.

Sabía que besaba su boca con anhelo, con detenimiento enlazaba su lengua con la suya, pero no era a ella a quien besaba, era a Granger, por eso apretaba los ojos para pensar en ella, para rememorar un cuerpo diferente, un rostro distinto, un olor que ya se había perdido por la ausencia.

Entraba en ella con lentitud, sentía sus caricias recorriendo su piel, sus bocas recorrer su rostro y bajar por su cuello, para perderse después entre sus senos y besarlos casi con devoción. Este no era un encuentro cualquiera, no era como esos viejos encuentros furtivosllenos de candidez, de salvajismo, de sexo primitivo, de caricias ardientes y rápidas, de besos húmedos violentos y exigentes, no era solo esos maratónicos momentos de posesión. Ahora le hacía el amor con lentitud casi con dulzura, y las caricias eran distintas, dadas con la suavidad que emplearía un escultor al definir una obra de arte.

Fue entonces que cerró los ojos también Astoria para no pensar, para intentar que no doliera tanto que esa era la primera vez que le hacían el amor y que por irónico que fuera se lo hacían a su cuerpo pero no a ella.

La rubia se dejo llevar, correspondiendo cada beso, cada caricia, intentando perderse en la dulzura del encuentro,llego al clímax junto con Ron y aun entonces ninguno de los dos abrió los ojos, el pelirrojo para seguir engañándose con que esa mujer que abrazaba era Hermione, y Astoria simplemente para no llorar porque por vez primera sabía lo que era el amor que no tenia.

En el departamento de la castaña las cosas eran menos turbias, hacía ya tiempo que Draco y Hermione habían dejado atrás las pesadas cargas que les dejara el desengaño, vivían a su manera, sin más promesas que vivir el momento.

Malfoy se apareció dentro del departamento de Granger,había esperado que esta estuviera ansiosa por su llegada, pues intencionalmente había llegado tarde, era del tipo de hombres que se sabían importantes y podían darse el lujo de darse a desear. Sin embargo, Hermione no estaba en la sala esperando su llegada, ni le daba la bienvenida.

El lugar estaba en silencio, las luces apagadas como si no le esperara, dio un paso y maldijo por lo bajo pues se golpe su pie conuna mesa, invoco un lumus para alumbrarse un poco y en efecto comprobó que no lo esperaba.

Estaba molesto y desconcertado, no esperaba Granger no le valorara lo suficiente para esperarle como merecía, furioso se encamino a buscarla para reclamarle, no le parecía algo difícil considerando que ese departamento era como una ratonera para su gusto, aunque tenía que reconocer que estaba muy bien decorado y sumamente limpio y organizado.

Llego a la habitación principal y la encontró dormida cubierta por las sabanas, su primera intención fue despertarla de manera abrupta para hacerla pagar por esa indiferencia que apabullaba su ego, pero lo pensó mejor cuando la observo mejor.

Tenía el cabello desparramado por la almohada, dormía de lado y con cada respiración podía ver como sus pechos se movían de manera un tanto sensual, pensándolo mejor podría despertarla de manera mas suave y desquitarse por el desaire de otras maneras.

Suavemente jalo las sabanas para no destaparla aun y tuvo que pasar saliva al verla con esa provocativa lencería negra de encaje, olvido incluso su molestia y no tardo en desnudarse por completo para meterse en la cama a su lado antes de despertarle.

Hermione ya le había sentido, pero fingía seguir durmiendo. Pero no pudo continuar con su plan cuando sintió la boca del rubio invadir su boca y sus manos expertas acariciar su piel por encima de la diminuta lencería.

Abrió los ojos con lentitud como si fuera cierto que despertara de un largo sueño y se encontró con los ojos grises con las pupilas dilatadas de Draco que la miraban con deseo. Hermione sonrió.

No hubo necesidad de decir nada, todo se dio con naturalidad, ambos se comenzaban a conocer, a descubrir lo que le gustaba al otro. Sus encuentros cada vez eran más ardientes, mas pasionales, no habían palabras de amor, solo se limitaban a gemir sus nombres, a disfrutar, a sentir todo ese cumulo de sensaciones que les erizaban la piel y los hacía tocar el cielo.

No le llevo mucho comprender a Draco que así serian las cosas respecto a Granger, esa leona no era del montón, ni se guiaba como el resto de las féminas, ella no era del tipo que esperaba sentada a que un hombre llegara, no le esperaría despierta ni toleraría condiciones, y eso era precisamente lo que le gustaba de ella, pues bien podía conseguir otras amantes más dispuestas, mas complacientes, que hicieran todo cuanto deseara sin rechistar, pero eso no era lo que quería.

Granger era un reto, una mujer que no se dejaba mangonear y aunque a veces le disgustaba y le sacaba de su casilla eso le atraía de una extraña manera, porque no era de esas mujeres que se dejaban deslumbrar fácilmente por su apellido o su dinero.

Malfoy tampoco era del tipo romántico que decía palabras de amor, tampoco era sensible o detallista, no era tierno o comprensivo en muchos aspectos y eso lo sabía muy bien Hermione, por eso no le exigía nada.

Tuvieron un sexo increíble y cuando terminaron agotados casi de inmediato se durmió la castaña, ese era el momento en el que debería irse Draco, pues tampoco era de los que se quedaban a dormir, pero sin duda se sentía a gusto estando en esa cama y estaba exhausto, así que pensó en dormir un poco antes de irse, después de todo Granger no le pediría matrimonio o cualquier otra estupidez de esas al despertarse como posiblemente lo hiciera cualquier otra.