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cuatro noches de sexo — capítulo 2

La conmoción e incredulidad de Hermione dieron paso a la ira.

-No hablas en serio.

Cristian respiró a fondo.

-Hablo muy en serio -dijo, desolado.

-Déjame entenderlo ¿draco malfoy intenta hacer de esto una cuestión personal?

-Sin ti no habrá trato. Lo discutirá contigo mañana. Desea que aceptes su invitación a cenar.

-¡Al diablo con él!

-herms -dijo Cristian, con el rostro grisáceo- ¿Quieres que Alexander sufra otro ataque al corazón?

Sus palabras helaron a Hermione. Los médicos habían advertido que otro infarto podría ser fatal.

Ella quiso preguntarle por qué había permitido que la situación llegara hasta ese extremo. Pero las recriminaciones no servían para nada.

-Quiero pruebas -sus palabras eran frías y controladas- Hechos -añadió al tiempo que observaba el desconcierto de Cristian- Necesito enterarme de los comos y los porqués y saber hasta qué punto han llegado realmente las cosas.

-¿No me crees?

-Necesito conocer la situación a fondo antes de enfrentarme a draco malfoy.

Cristian se puso aún más pálido.

-¿Enfrentarte?

-Está muy equivocado si cree que voy a aceptar sumisamente lo que se le haya pasado por la cabeza.

-¿Sabes con quién estás tratando?

-Creo que es hora de que draco malfoy sepa con quién está tratando él -replicó al tiempo que se llevaba la mano a las sienes para aplacar el súbito dolor de cabeza.

-hermione...

-¿Podemos postergar esta conversación hasta mañana? Comeremos juntos y luego revisaremos los documentos.

-De acuerdo.

Hermione lo condujo a la puerta. Luego se desvistió, se quitó el maquillaje, se metió en la cama y se quedó mirando al techo durante una eternidad.

A la mañana siguiente, una sesión de gimnasia seguida de unas cuantas brazadas en la piscina alivió en algo su tensión. Más tarde, se vistió con unos vaqueros, un top holgado y fue a la cocina a preparar la comida. Cristian llegó a las doce.

-Hay algo que huele muy bien. -Las adulaciones no te llevarán a ninguna parte.

El almuerzo consistió en pasta con salsa marinera y una ensalada fresca.

-Primero vamos a comer y luego hablaremos de negocios. ¿De acuerdo?

Por la expresión de Cristian, era obvio que no se sentía mejor que ella y que había dormido tan poco como su hermana.

-Papá nos espera a cenar.

La reunión semanal con el padre era una tradición familiar que siempre cumplían. Aunque a Hermione no le sentaba bien fingir ante él. Cierto era que el padre estaba enfermo, pero no se le podía engañar fácilmente. Durante la comida hablaron de todo menos de granger SA y sólo cuando los platos estuvieron lavados, Hermione señaló la carpeta de Cristian.

-¿Te parece que empecemos? -sugirió.

La situación era peor, mucho peor de lo que había previsto, reflexionó Hermione mientras examinaba con atención los documentos que indicaban claramente que granger SA estaba a punto de declararse insolvente. La visión de conjunto de los contables acerca de la situación actual de la empresa era irrecusable e incuestionable.

-Se me ocurren varias preguntas -empezó a decir, pero luego eligió una sola- ¿Por qué permitiste que las cosas llegaran a este extremo?

Cristian se pasó los dedos por el pelo.

-Esperaba conseguir más contratos que seguramente iban a mejorar la situación -hermione maldijo a draco malfoy y estuvo a punto de incluir a Cristian en la maldición.

-Los negocios no se basan en esperanzas.

Se necesitaba una mano firme que llevara las riendas de los negocios, asumiera el control y tomara decisiones adecuadas.«Un hombre como draco malfoy», dijo una voz en su interior. La fusión de las empresas tenía sentido y, como observó Cristian correctamente, era la única oportunidad de salvar granger SA.

-¿Quieres que me comunique con draco y le diga que has aceptado su invitación a cenar?

-No -dijo al tiempo que se ponía de pie- Necesito trabajar una o dos horas en el ordenador antes de ir a cenar con papá -añadió mientras lo acompañaba a la puerta-. Te veré allí.

-De acuerdo -dijo Cristian con una sonrisa incómoda- Gracias.

-¿Por qué? ¿Por el almuerzo?

-Por eso también.

Eran pasadas las cinco cuando Hermione cruzó la verja electrónica que custodiaba la espléndida mansión de Alexander granger . Habían instalado un ascensor interno para facilitar el acceso a las plantas superiores. Además había un ama de llaves y Silvia, la enfermera, y ambas vivían en la casa. Hermione llamó al timbre y luego utilizó su llave para entrar al vestíbulo con suelo de baldosas de mármol. Se le partía el corazón cada vez que visitaba al hombre que una vez había sido muy fuerte, actualmente reducido a ese estado de fragilidad. Esa noche parecía más frágil que de costumbre, su dificultad de movimientos más pronunciada en comparación a la semana anterior, y con menos apetito que nunca. Hermione lo miró y deseó echarse a llorar. Cristian parecía igualmente afectado. A ambos les costó gran esfuerzo mantener una apariencia serena. No, no permitiría que nadie perturbara a Alexander. Ni Cristian, ni draco malfoy , se prometió Hermione mientras conducía de vuelta a casa. Esa noche le costó quedarse dormida y se levantó tarde al día siguiente. Así que tuvo que correr para llegar a tiempo a la oficina del magnate. Enfrentarse a él era una prioridad, y había decidido desafiarlo en su oficina antes que hacerlo en una cena social. Malfoy Corporation estaba situada en una de las plantas más altas de un rascacielos. Con airada decisión hermione cruzó las puertas hacia Recepción.

-draco malfoy -dijo con voz firme y autoritaria.

-El señor malfoy está reunido y no ha citado a nadie para esta tarde.

-Llámelo y dígale que Hermione granger desea verlo.

-Tengo instrucciones de no pasar llamadas.

-Llame a su secretaria.

Muy pronto apareció una secretaria.

-Por favor, informe a draco malfoy que necesito verlo.

-Tengo instrucciones de servir bebidas y canapés a las cinco -replicó la eficiente secretaria- Entonces aprovecharé para decirle que usted lo espera.

Era una victoria pequeña, pero victoria al fin y al cabo.

-Gracias.

Pasó media hora leyendo elegantes revistas de actualidad que aliviaron muy poco su tensión nerviosa. Cuando el personal empezaba a retirarse, apareció la secretaria en Recepción.

-Por favor, sígame -dijo. Minutos más tarde la introdujo en una lujosa suite- Tome asiento. Pronto la recibirá el señor malfoy . Tras media hora de espera, y cuando la tensión nerviosa y la rabia la impulsaban a marcharse, se abrió la puerta y draco entró en la habitación. -hermione -dijo al tiempo que ella se ponía de pie para no quedar en desventaja frente a él- Lamento haberte hecho esperar -añadió al tiempo que se dirigía al ventanal que cubría una pared entera, de espaldas a la magnífica vista del puerto y con una mano en el bolsillo del pantalón. Aunque la expresión de Hermione era serena, sus ojos estaban oscuros de ira.

-¿De veras? Imagino que dejarme esperando forma parte del juego.

-Es la razón por la que sugerí que cenáramos juntos.

-No deseo compartir nada contigo. Y ahora hablemos de negocios, ¿te parece? -dijo indicando una gruesa carpeta- Tengo en mi poder una copia de tu oferta. Todo parece estar en orden.

-Pareces sorprendida.

Hermione le dirigió una oscura mirada.

-Dudo que cualquier cosa que hagas pueda sorprenderme.

-Imagino que Cristian te ha dicho que el trato está sujeto a una condición.

Los ojos de Hermione brillaron de ira.

-Dijo que era algo personal. Explícate.

-Dos noches más y un fin de semana contigo.

Hermione sintió como si una fuerza misteriosa la hiciera volar contra la pared más cercana.

-Eso es una barbaridad -dijo al fin.

-Llámalo como quieras.

Le llevó un par de segundos recuperar la voz.

-¿Porqué?

-Porque, ¿digamos que me divierte?

-Debí suponerlo.

¿Era esa su venganza por todas las invitaciones que ella había rechazado? Entonces podía hacerlo. Pero en esos momentos un rechazo tendría consecuencias demasiado peligrosas. ¿Tenía fuerzas suficientes como para arruinar a su padre y a la empresa a la cual él había entregado su vida?

-Una inversión de veintitrés millones de dólares, decidida en contra de todos los prudentes consejos, permiten una bonificación, ¿no te parece?

Sin pararse a pensar en las consecuencias, ella le arrojó lo primero que encontró a mano, con tan mala suerte que él lo atrapó en el aire y luego lo colocó en la mesa.

-¿Quién te crees que eres? -preguntó hermione en un tono ronco que casi no reconoció como propio.

-Te aconsejo que pienses cuidadosamente antes de hacer otra tontería como esta - draco le advirtió en un tono suave como la seda.

Los ojos de Hermione lanzaron brillantes chispas azules.

-Qué esperabas. ¿Que cayera en tus brazos para expresarte mi eterna gratitud? Afortunadamente, no percibió la chispa de humor en los ojos oscuros.

-Imaginé una cierta resistencia.

-¿Te das cuenta de que podría demandarte por coacción?

-Podrías intentarlo.

-¿Sólo para que tu equipo de abogados alegue que se trató de un mal entendido mientras tú retiras los fondos del rescate financiero?

-Eso es.

-El chantaje emocional es una táctica detestable.

-Es una de tantas herramientas para negociar -corrigió draco, y en ese momento ella lo odió más de lo que pensaba que podía odiar a alguien.

-No. -dijo Hermione con determinación.

-No estás en condiciones de regatear.

-No estoy en venta -declaró Hermione con dignidad.

-Todo tiene su precio.

-¿Ese es tu credo?

-¿Lo dudas?

-Entonces el trato ya está hecho, ¿no crees?

Hermione intentó calmarse mientras se acomodaba la correa del bolso en el hombro y se dirigía a la puerta. Maldito Cristian. Y maldito todo ese asunto.

-Queda algo más - Hermione reconoció el tono de amenaza bajo la voz cansina- Se trata de la homosexualidad de Cristian.

No era posible que draco malfoy lo supiera. Nadie lo sabía, aparte de Cristian, su compañero y ella. hermione sintió que la invadía el pánico al pensar que su padre pudiera enterarse.

-Te odio -las palabras salieron de sus labios con temblorosa ira.

draco inclinó la cabeza mientras observaba sus pálidas facciones y la rigidez de la derrota que traslucía su expresión.

-En este momento creo que sí.

draco había ganado y ambos lo sabían. Había una sola cosa que ella podía esperar..., su silencio.

-Tienes mi palabra -dijo draco con tranquilidad, como si le hubiera adivinado el pensamiento.

-Por lo que debería estar muy agradecida, ¿verdad?

Él no contestó.

-¿Por qué no te sientas? -sugirió al tiempo que se acercaba a un pequeño bar. Sacó del refrigerador una botella de agua, llenó un vaso y se lo puso en la mano. Después se acercó a la mesa y apoyó una cadera en el borde.

-¿Empezamos de nuevo?

-Te escucho. ¿Se daba cuenta de su aspecto tan vulnerable? Los sorprendentes ojos chocolate lo miraban, atrapados. draco recordó su sabor de entonces, su fragancia, la suave respuesta tentativa. Había querido imprimir su sello en ella, sin saber exactamente el motivo. ¿Tal vez por el deseo de conmocionarla, de castigarla? ¿O quizá darle una lección para que tuviera cuidado con los hombres cuya necesidad primordial era el sexo?

Pero, en cambio, había sido ella la que dejó en él un recuerdo persistente, que inesperadamente removió su espíritu y también su anatomía. Una adolescente tentadora, inconsciente de su poder femenino. draco se preguntó cómo habría reaccionado si él se hubiera aprovechado de su juventud. Las niñas de dieciséis años no entraban en sus pensamientos. Especialmente cuando esa chica en particular, de dieciséis años, era la adorada hija de uno de los magnates de la industria en Sidney. El hermano, dos años mayor que ella, debió haberlo pensado mejor antes de llevarla a una fiesta donde abundaban el alcohol y las drogas. Una situación que les había hecho ver antes de llevarse a los hermanos de la fiesta. draco había tenido pocas relaciones. Había disfrutado de las mujeres tomando lo que gustosamente le ofrecían sin ánimo de mantener relaciones estables. En cuanto al compromiso... en su vida no había ninguna mujer que hubiese deseado exclusivamente para sí. El amor eterno era un mito. Durante el año anterior tan sólo una mujer había atormentado sus sentidos, aunque ella había desdeñado todas sus invitaciones y había tenido que contentarse con un saludo cortés cuando se encontraban en alguna reunión social…hermione.

Hasta ese preciso momento.

-Tan pronto como se haya satisfecho nuestro acuerdo personal firmaré los documentos para el traspaso de fondos.

-¿Y cuando piensas dar comienzo a nuestro «acuerdo personal»? -preguntó ella.

-Cualquiera diría que piensas que el sexo conmigo es un castigo.

-Tu ego debe de ser desmesurado si imaginas que para mí sería un placer.

-Valientes palabras para quien ignora la clase de amante que soy.

El instinto le advirtió a Hermione que se enfrentaba a un hombre experimentado. Lo veía en su mirada oscura... en la confianza en sí mismo que posee un hombre muy versado en los deseos de las mujeres.

-Vaya...

-El miércoles asistiré a una cena. Iré a buscarte a las seis y media. Lleva un neceser con todo lo que necesites para la noche.

Una risa histérica nació y murió en la garganta de hermione.

¿Tan pronto? Bueno, al menos así la primera noche acabaría al fin. Y entonces le quedaría una más y un fin de semana.

-¿Y las otras noches?

Cielo santo, ¿cómo podía su voz sonar tan serena?

-El sábado y el siguiente fin de semana. Un millón de dólares será depositado en la cuenta de granger SA después de cada una de las veladas que pases conmigo. Y a partir del lunes siguiente se pagarán todas las deudas a los acreedores.

-La condición que aparece tan sutilmente expuesta en el documento no me ofrece ninguna fiabilidad. ¿Cómo puedes garantizarme que no vas a invalidar tu oferta alegando que la condición no se ha cumplido a tu entera satisfacción?

-Tienes mi palabra.

-Lo siento, pero eso no es suficiente.

-¿No confías en mí?

-No.

-¿Qué deseas entonces?

-Un documento en el que aparezca el detalle de esas noches en tu compañía, que no pasarán de doce horas, y que asegure que el cumplimiento de tu parte del trato no estará condicionado a mi comportamiento sexual durante ese tiempo. El documento original será destruido cuando deposites el dinero en la cuenta de granger SA. Más tarde, Hermione observó cómo redactaba el documento en el ordenador portátil, lo imprimía por duplicado, lo firmaba y luego se lo tendía. Bueno, el contrato no se había realizado ante un notario, aunque eso era mejor que nada. Después, draco malfoy la condujo hasta el vestíbulo y llamó el ascensor.

-El miércoles a las seis y media.

-No puedo decir que haya sido un placer verte -comentó Hermione mientras oprimía el botón de bajada.

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hola a tod@s e  bueno como ya saben comenzamos esta nueva obra para los amantes de la pareja mas hot draco y hermione -comenten plis-