cuatro noches de sexo — capítulo 4
Con el dedo pulgar él delineó el labio inferior y luego lo deslizó hasta la barbilla en tanto buscaba la boca femenina, como un preludio a la deliberada seducción de los sentidos femeninos.
La sutil exploración se convirtió en una sugerente posesión sensual que la llevó a prescindir de sus inhibiciones... con demasiada facilidad para su paz mental.
Debería intentar escapar, retirarse, protestar un poco, pero el toque de sus labios tenía algo de mágico que ella no podía resistir, y gimió mientras las manos acariciaban sus pechos y luego atormentaban los excitados pezones.
Una onda de calor se había apoderado de sus venas llenando su cuerpo de honda calidez sensual mientras él le quitaba la camiseta.
Durante largos segundos soportó la mirada apreciativa sobre su cuerpo desnudo y supo instintivamente que el momento de la intimidad había llegado.
Todas las células de su cuerpo respondieron con dolorosa vivacidad cuando él se inclinó sobre un pecho y suavemente mordió el pe*zón.
Hermione deslizó los dedos por el pelo de Draco y gimió deseando que se detuviera al sentir la lengua alrededor del ombligo antes de posarla entre los muslos.
A pesar del ruego para que desistiera, la caricia se hizo más íntima, y aunque ella luchó contra las sensaciones que le producía se sintió lanzada hacia lo alto, tan alto que un breve grito de placer escapó de su garganta.
Cuando pensaba que la sensación ya no podía ser más intensa, volvió a repetirse, hasta tal punto que sintió que su cuerpo se incendiaba.
-Ya estás húmeda para mí -dijo Draco.
De repente él se paró, no hizo nada, dejando que su ansiedad aumentara por minutos. Los nervios de ella estaban tensos hasta el límite, alcanzándole, rogando por ser tocada, tanteando cualquier susurro de movimiento, cualquier cálido suspiro.
Cuando sintió el primer tanteo caliente de su lengua, pensó que podría gritar.
-¡Oh, dios! -susurró ella cuando él pasó la lengua por su se*xo. Él le mordisqueó el muslo en advertencia, y ella se mordió el labio para sofocar su grito.
Dolor y placer...una embriagadora mezcla que le hacía hervir la sangre. Él subió sus manos de nuevo, manteniéndole los pliegues abiertos como un libro, desnudando su más íntimo centro a su ávida boca. Su lengua se introdujo profunda y duramente y ella gimió, arqueando su espalda mientras él hacía girar la lengua en su interior antes de retirarse y dirigirse a su inflamado clí*toris.
Eso era lo que ella había querido, lo que había anhelado hacía tanto tiempo, lo que un vibrador no podía copiar. El calor, la húmeda sensación de la boca de un hombre envolviendo su clí*toris, volviéndola loca.
Él lo tomó en su boca y succionó. Ella empujó hacia él sin pensar. Él chupó más fuerte, con dolorosa intensidad, hasta que ella pensó que se desmayaría, entonces él aflojó, pasando la lengua rápidamente sobre su clítoris, más rápido que cualquier dedo. Succionando y masajeando, la llevó hasta el borde del clímax.
Ella jadeó buscando aire, tensándose alrededor de él, manteniéndolo muy cerca. Sabía que tenía que estar asfixiándolo pero no le importaba, solo podía pensar en esa boca, llevando su clítoris al clímax, necesitando el orgasmo.
Él paró de repente, dejándola en el borde, y ella gimió de frustración.
-Por favor -rogó ella. Si no la hacía correrse, se moriría.
-No...puedo...negarte nada herms..
Vagamente, ella reconoció el suave crujir y rasgar de un condón cuando lo abres, pero a penas había registrado el hecho cuando él volvió sobre ella de nuevo.
Con fuertes manos, él le agarró los muslos, levantándolos por alrededor de sus propias caderas mientras se movía entre sus piernas abiertas. Esto era para lo que ella había venido.
Hermione se tensó cuando su capullo excitó su abertura, moviéndose lentamente, abriéndola más, más incluso de lo que ella creía posible.
Ella apretó los puños, arqueando su espalda mientras él se introducía profundamente en ella, empujando contra su útero. Ella se tensó, rodeándolo.
Hermione se mordió para evitar gritar, sintiendo el orgasmo crecer, intensamente, llegando muy cerca.
El orgasmo la atravesó, zumbando a través de sus venas mientras su corazón golpeaba contra su pecho. Él le mordió el cuello mientras ella se tensaba alrededor de él, con espasmos de éxtasis, y él le dio una última embestida, que le estremeció hasta el alma. Él se agitaba con su liberación, desmoronado sobre ella, besando su húmeda frente. No tuvo recuerdo del grito que se escapó de su garganta, ni de las uñas clavadas entre las costillas o sus dientes en la carne de draco.
Ese instante la había convertido en una salvaje desenfrenada, conducida más allá del mero deseo, a un lugar primitivo donde la pasión era una entidad incandescente.
Entonces draco la acomodó lenta y suavemente, calmando el cuerpo estremecido hasta dejarlo quieto entre sus brazos.
Las lágrimas le corrían por las mejillas y él sintió el corazón oprimido ante la vulnerabilidad de hermione.
Se sentía totalmente expuesta. Como si ese hombre tuviera la facultad de ver dentro de su corazón, dentro de su espíritu, en todo su ser, y todos sus secretos quedaran al desnudo.
Cuando draco se tendió, siempre con ella entre sus brazos, la miró bajo la suave luz y ella no pudo retirar la mirada. No tenía palabras, nada que pudiera decir.
Más tarde, él volvió a abrazarla y al sentir que entraba otra vez en su cuerpo, dejó escapar un gemido mientras se adaptaba al ritmo de draco, y juntos alcanzaron el clímax.
Más tarde, draco la estrechó contra su cuerpo hasta que ambos empezaron a respirar con normalidad.
Ella se había dormido al instante con la mejilla apoyada en el pecho masculino, incluso protestó cuando él bajó de la cama y la tomó en brazos.
-¿Qué haces? -preguntó en un tono débilmente escandalizado mientras él entraba en el cuarto de baño y luego en la ducha.
-No podemos compartir la ducha -protestó hermione.
Draco dejó escapar una risa ronca.
-Hemos compartido hasta la última intimidad -dijo al tiempo que empezaba a pasarle el jabón suavemente por la piel.
Eso ya era otra cosa y ella le puso una mano en el pecho a modo de silenciosa protesta.
-No.
Él no se detuvo.
-Más tarde dormiremos.
Ella intentó empujarlo.
-Puedo hacerlo yo misma.
-Permítemelo.
-draco...
-Me gusta oír mi nombre en tus labios.
-Por favor -murmuró al sentir el contacto más íntimo de la mano de draco.
Estaba invadiendo su intimidad de una manera que nunca había experimentado con otro hombre. -En un minuto más te tocará a ti -dijo draco en tono divertido, y luego tuvo la audacia de reír cuando ella le mordió el hombro- Si quieres jugar, querida, estoy dispuesto a complacerte.
-Ya he jugado bastante.
Y era verdad, porque la fatiga se había apoderado de ella. Todo combinado con el chorro de agua caliente, el vapor y la hora tardía.
Él terminó de lavarla y luego hizo lo propio. En un par de minutos salió del agua y la secó con una toalla de baño que luego utilizó para él.
Segundos después, la condujo al dormitorio, la acomodó bajo la ropa de cama y apagó la luz.
Luego la atrajo contra su cuerpo y esperó que el cansancio venciera el rechazo de hermione, hasta que al fin ella se durmió.
Hermione despertó lentamente y en unos segundos comprobó que no se encontraba ni en su cama ni en su casa. Tras volver la cabeza vio que estaba sola en el lecho.
Allí no había señal de draco. Después de mirar el reloj, saltó de la cama consternada, sacó ropa limpia del neceser y fue al cuarto de baño.
Quince minutos después bajaba las escaleras y se dirigía a la cocina. Al oler el aroma del café y de las tostadas, de inmediato sintió que el estómago protestaba de hambre.
draco estaba vestido con un pantalón oscuro y una camisa impecable. La chaqueta a juego y la corbata colgaban del respaldo de una silla.
Su aspecto era demasiado dinámico para alguien que había pasado gran parte de la noche entregado a la actividad física. La sola visión del hombre puso en tensión los nervios de hermione.
-Te iba a dejar dormir otros cinco minutos más antes de subir a buscarte -dijo mientras señalaba la cafetera- ¿Café?
-Por favor -respondió ella. Se sentía incómoda e increíblemente vulnerable- Luego me iré en un taxi.
Draco puso frente a ella un plato con huevos revueltos y tostadas.
-Yo te llevaré a casa. Siéntate y come.
-No tengo hambre.
Él la examinó apreciativamente, notó las sombras bajo los ojos y el cansancio.
-Come y luego nos iremos -insistió.
Cualquier protesta habría sido inútil, y además el plato era apetitoso. Hermione se sentó, dio buena cuenta del desayuno y luego se sintió más dispuesta a enfrentar el día.
Tan pronto como hubo terminado. Draco se puso la corbata y la chaqueta.
hermione empezó a despejar la mesa con la intención de lavar los platos. -Déjalo.
-Sólo será un par de minutos.
-Ya lo hará la señora de la limpieza.
Sin decir una palabra, ella recogió el neceser y lo siguió hacia el garaje.
Tras el corto viaje entre Point Piper y Double Bay, hermione casi no esperó a que Draco estacionara a la entrada de su edificio para abrir la puerta del coche.
Como no le vino a la mente ninguna palabra adecuada de despedida, se alejó sin más.