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Percy Jackson y El trono de los Muertos. — capítulo 1
Perseus Jackson
Parte I
El agua simplemente le encantaba, para él… estar en el agua, era como volver a vivir.
Percy Jackson, así se llamaba. Nombre extraño tenía que admitir, pero acentuaba muy bien con su personalidad y también con su físico, aunque claro el nombre se acostumbraba a la persona… por lo que Percy, no tenía mucho que esperar.
Asistía a la secundaria pública, como cualquier persona normal. Sí, él era una persona normal… sufría de dislexia, pero eso no importaba. Percy Jackson, aún se consideraba una persona normal. Sí… normal.
-¡7 minutos, nuevo record!-. Gritó alguien desde la superficie, Grover. Su mejor amigo desde que tenía memoria, se habían conocido en la primaria; este, sufría de un mal en las piernas, por lo que no podía caminar. Pero aparte de eso, era muy inteligente aunque a veces no lo mostrara tanto.
Percy salió a la superficie, con el agua deslizándose bajo su rostro. Otra vez, estaba como nuevo. ¿Y qué podía decir? Le encantaba el agua; era reconfortante. Era muy bueno en natación, aunque por alguna razón su madre no lo dejaba hacerlo muy a menudo. Grover estaba esperándolo, sentado en una de las muchas bancas, mientras le aplaudía y sonreía. Percy, agarró una toalla blanca, y se empezó a secar.
-¿Cómo lo haces, eh?
-No lo sé… solo me gusta el agua, sabes.
-Bueno, será mejor que te cambies rápido… ya que tenemos que ir al Museo Griego hoy día, no lo olvides
-¡Y por eso es que a Atenea la llaman la Diosa de la Sabiduría y la Estrategia!-. Exclamó el profesor Chirón, raro nombre, mientras empujaba su silla de ruedas para llegar a la siguiente estatua.
-¡Solo porque es una cabezona!-. Gritó uno, todos se rieron entendiendo el chiste. Era demasiado obvio, que daba asco… hasta alguien como el con dislexia podría averiguarlo: Atenea salió de la cabeza de Zeus… cabezona… tiene un poco de significado, ¿Verdad? ¡Bah! Pero lo que verdaderamente importaba, era porque le estaban dando esas clases ahora. Se suponía que la Mitología Griega viniera recién el último bimestre…. Pero se habían adelantado dos, lo cual era raro.
-¿Percy?-. Le llamó alguien; se había sumado tanto a sus pensamientos, que se había olvidado que seguía en el museo.- ¿Percy?-. Grover le golpeo suavemente el brazo.
-Percy, ¿Cómo se le llama a un hijo de un Dios y un Mortal?-. Preguntó. Era fácil la pregunta, pero…. Había algo raro. Tal vez, su mirada. Era como si esperara algo de él, algo más que una respuesta… y quería averiguar que era.
-Un Semi-Dios-. Contestó confiado, mirando la escultura que tenía enfrente, era de un gran hombre con una lanza y una armadura de esas antiguas. No se suponía que supiese quién era pero lo sabía. ¡¡Lo sabía!! Y tenía dislexia… algo raro estaba pasando. En el letrero de arriba de la estatua, aquellas letras salían del pequeño recuadro y se re mezclaban… siempre le pasaba eso, sin embargo esta vez, las letras no solo salían del cuadro… se re-ordenaban, formando un nombre. Era Aquiles, un Semi-Dios, como el profesor Chirón había dicho.
-Exacto, Percy. Un Semi-Dios-. Dijo, recalcando la palabra y a la vez, mirándolo -otra vez- esperando algo de él. Algo que no entendía. Era disléxico, ¡Por Dios!
Y con eso, se alejó de la gente… no quería ver a nadie. La Mitología Griega enserioaburría… y demasiado. Se la paso viendo estatuas, hasta que encontró un lugar que decía "Paso Restringido" era de esos donde solo podías entrar si eras un personal. Percy, jamás había sido un niño problema pero tampoco era tan santo que digamos, siempre se podían romper unas cuantas reglas de vez en cuando.
El cuarto donde estaba, era bastante amplio. De un color gris claro, al igual que el museo, pero estaba en construcción -por eso no dejaban pasar a nadie- y se notaba por los diversos botes de pintura y periódicos tirados en el suelo. El cuarto debía ser algo relacionado con la Mitología Griega, ya que ya estaban empezando a tallar las formas de las paredes, que tenían una cierta similitud con las de afuera.
-¡Perseus Jackson!-. Escuchó a alguien gritar, con una voz demasiado ronca. ¿Perseus? Debía preguntarse más que nada, se parecía a su nombre pero ese no era su nombre. Volteó. No había nadie ahí, solo su maestra de Tutoría, la Sñr. Wood, quién -ahora que se había dado cuenta- estaba parada en uno de los escalones para pintar. En el más alto.
-¿Maestra Wood….?-. Pero no pudo terminar la pregunta. La maestra, se le había echado encima mientras se transformaba en una especie de monstruo horrible. Entro en pánico… ¿Cómo era que su maestra podía ser esa cosa? Corrió, era lo único a lo que sus piernas respondían. El cuarto podía ser amplio, pero hasta alguien un poquito bruto como Percy sabría que sería imposible distraer al monstruo mientras estuviera ahí. Pero tampoco podía salir afuera, era demasiado raro… ¿Y si todo eso solo pasaba en su mente? ¿Y si tal vez… nada de eso fuera real en cuanto saliera de ahí? Esto tenía un poco más de lógica que al ver a su maestra convertirse en monstruo, dado que el mismo Percy había visto cuando ella se quedaba sin subir en ningún momento al bus.
-¡Ahí está!-. Gritó alguien, era una voz de hombre y muy familiar. Corrió hacia donde venía la voz, hasta que llego a ella y sintió como duramente aquel monstruo caía en el suelo. Suspiró.
-¿Percy estas bien?-. Pregunto el profesor Chirón. ¿Qué hacia el ahí? Y… ¿Qué hacía Grover ahí? No se había dado cuenta, pero Grover {G-man} era el que lo había salvado de ese monstruo, ahora que la había visto bien: una furia. Ser mitológico, y como no, griego.
-¡¿Qué si estoy bien?! Claro que lo estoy… solamente mi profesora trato de matarme, y mi amigo que se supone que no puede caminar me ha salvado la vida…. ¡Claro que estoy bien!
-Grover-. Dijo Chirón.- Es hora-.
-¡¿Qué están hablando?!
-Grover te lo explicara todo en el camino, Percy. Mientras tanto, ten esto-. Dijo,sacando de uno de los bolsillos de su camisa, un lapicero negro con toques dorado.
-¡Es un lapicero!-.
-Úsalo con mucho cuidado y solamente en los momentos de suma emergencia… Grover, llévatelo-.
-¡Pero es un lapicero….!-. Aunque, en ese momento, simplemente no importaba lo que Percy dijese. La misión, ya estaba en marcha.