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Crónicas de un viejo sombrero — capítulo 8

Capitulo 8:

E

l fue un niño muy especial. Durante casi veinte años no seleccionaba a alguien como él. Sabéis de quien os hablo, ¿no es verdad? Aunque durante algunas noches sufría una metamorfosis, más era solo externa, pues su corazón quedaba intacto, de oro como durante el día. Hablo, desde luego de un hombre-lobo, muy estimado. En ese entonces, niño-lobo, claro. Y aunque no tuve el placer de conocer a muchos de su estirpe, puedo jurar frente a todos quienes quieran oírme, que él fue como persona, el mejor hombre-lobo que allá conocido. A pesar de sus miedos, completamente naturales y racionales, al rechazó y repulsión de otros individuos, y su baja autoestima. Tenía una personalidad autentica y prodigiosa, se supo rodear de unos amigos muy leales (o al menos dos de ellos) y que lo acompañarían en todas las circunstancias. Al contrario de la reacción que tanto temía el joven Remus John Lupin, sus amigos, quienes acabaron de descubrir su secreto más intimo y mejor guardado, antes que aterrorizarse y huir, se sorprendieron; se maravillaron ante la realidad de que su amigo fuese un hombre-lobo, estaban completamente encantados. Quizás ese era el rasgo que los chicos más amaran de Remus, y a gran escala ese pequeño hecho, "un pequeño problema peludo" fue lo que mejor forjo su amistad. Remus Lupin, Lunático; Sirius Black, Canuto; James Potter, Cornamenta y Peter Pettigew, Colagusano. Los merodeadores, nada más. Nada menos.

Cuando la profesora Minerva McGonagall, llamo a:

-¡Lupin, Remus!

… pude entrar en una mente tan extraña como interesante. Atacado a los seis años por Fenrrir Greyback y sintiéndose carga y vergüenza para su familia, creció con una infancia muy dura. Su padre quiso venganza, buscó a Greyback y lo retó a un duelo, aunque, no sorprende, Greyback peleo deshonrosamente, si bien sus dotes mágicos no eran excelentes supo matar al señor Lupin mordiéndolo en el cuello, aun con forma humana, le arrebato la varita y disfruto de verlo morir desangrado.Remus se culpo eternamente por la muerte de su padre y en la tierna edad de seis años se juró proteger a su madre costara lo que costará.

Creció… y se fue experimentando en materia de licantropía, aprendía como escapar de la luz de luna más rápido, tenía mentiras muy elaboradas y complejas bajo la manga, preparadas para toda ocasión que la ameritará, se volvió solitario, no se relacionaba con otros niños. Y descubrió además que cuanto él más crecía, su ferocidad cuando estaba trasformado aumenta, si bien era un ser peligroso en la forma de cachorro lobo, cuanto más tiempo pasaba más se horrorizaba al descubrir poco a poco los indicios de las noches trágicas donde no llegaba a tiempo al abrigo de la oscuridad. Una de las noches que más odio en toda su vida fue cuando se despertó en el jardín de la casa, escondido hecho un bollo detrás de los jazmines. Su ropa estaba hecho jirones y manchadas de la sangre de alguna alma inocente. Tenía un tajo pronunciado en una mejilla con sangre seca y, ya, oscura. Y un olor a lavanda curioso. Había atacado a su vecina, de diez años de edad, igual que él. ¡Mató a María! Esa niña era la única en la que alguna vez confió, y posiblemente un buena amiga… y ahora estaba bañado en su sangre… Esa noche no durmió, estuvo todo el día llorando, sintiendo vergüenza de sí mismo, una repulsión de proporciones increíbles, un odio a si mismo poco comparable a otras personas. Se había convertido en la persona a quien más odiaba.

Su madre lo cuidaba de la luz y la sombra. Pero no lo podía cuidar y proteger dentro de su mente donde poco a poco se volvía loco.

Cierto día llego una lechuza a posarse sobre la ventana de su pequeña casa. Una carta pálida, con tinta verde esmeralda y selló bordó.

¡Su carta de Hogwarts! Desde los cuatro años esperaba con ansias el día en que aquella dichosa carta le correspondiera… pero ahora, sin su padre, con una vergüenza y un odio tremendo y la culpa de un asesinato atroz, más el gigantesco miedo de que descubran su secreto, lo aterrorizaba y torturaba.

Su madre insistía en que estar en un colegio internado, podría ser mejor que viviendo en su pequeño pueblo, donde poco a poco todos se enterarían del misterio a las pequeñas atrocidades que acometían por el lugar. Y que podría distraerse de todos sus abrumadores pensamientos… y de María.

A pesar de eso, Remus no entendía razones, con cada célula de su cuerpo rechazaba el colegio. Hasta que un día, su madre escribió una carta a cierto anciano, el profesor Dumbledore. De las poquísima personas que conocían de la identidad completa del joven, estaba Dumbledore. Él le escribió personalmente a Remus, diciéndole que lo mejor para él, sería asistir a la escuela. Porque en el aislamiento, y en confidencia con sus atronadores pensamientos, sufriría demasiado, más de lo que un niño de once años pudiese soportar.

Tardó, mucho, y aunque toda inseguridad seguía vigente y ardoroso como el hierro al rojo vivo, finalmente cedió.Empacó, y se encamino a una de sus aventuras más grandes.

Aquí conoció a aquellos que fueron sus mejores amigos.

La noche en que descubrieron la completa identidad del chico raro y solitario, se emocionaron tanto que se decidieron a acompañarlo todas las noches. Descubrieron su secreto, una noche de abril del primer año y desde esa noche en la que le juraron ayudarlo y acompañarlo, comenzaron sus impulsos para convertirse en animagos y disfrutar de las mejores aventuras que un adolescente medio animal podría desear.

Recién en tercer año fue cuando lograron adoptar una trasformación completa, sintiéndose triunfales cada noche del mes acompañaron a Lunático a La Casa de los Gritos, estando rodeado de animales se sentía mejor, aunque no tuviera idea ni razón alguna de quienes eran. Cornamenta y Canuto se trasformaban en animales grandes y fuertes y unidos podían controlar a Lunático para evitar que lastimara o se lastimase. Además Colagusano, con su pequeño y ágil contextura podía treparse a la forma de lobo sin ser devorado y controlarlo recorriéndole el cuerpo. Lo cuidaban, tranquilizaban y protegían. Al amanecer era cuando los tres le contaban todo lo sucedido durante la noche. Se reían y disfrutaban narrando las aventuras y también desventuras que sufrían. Era un divertido juego de no terminar. Entre risas volvían al castillo y procuraban que no los viera nadie salvo por… los únicos estudiantes en la historia del castillo que tuvieron como cómplice a Peeves fueron ellos. Era todo una elaborada "coreografía" que se inventaban para entretenerse y eludir a los profesores. Ni el mismísimo Albus Dumbledore sospechaba que todos los incidentes, escándalos, ocurrencias, disparates y estados de caos momentáneo cada luna llena se debiera a las artimañas divertidas de cuatro adolescentes, animagos ilegales, que se divertían y la pequeña ayuda de un poltergeist.

Toda esa osadía, lealtad a muerte ante todo, desacato a las normas muchísimas veces, valentía, amor por la aventura, lo desconocido, nuevo y extraño lo calificaban como un ejemplar:

-¡GRYFFINDOR!

Se fue a sentar junto a Sirius muy contento, en la mesa escarlata, con una sonrisa de oreja a oreja, vislumbrando los pequeños destellos de las maravillosas emociones y aventuras de un futuro poco distante.

Tarde mucho??

Mil perdones, me imaginaba que mi otro cap. iba a recibir más comentarios… ni modo. Además estuve muy deprimida para escribir y la inspiración y ganas necesarias no alcanzaban. Sumándole el hecho de que debía actualizar el otro fic y entre en el concurso de terror… perdón.

Y un gracias especial a:

Por poner en favoritos, otro gracias más grande a los que comentan y me dicen que es "lo mejorcito de lo mejorcito" que hay por aquí.

El siguiente será el de Pettigrew, y lo subo si me demuestran que lo quieren**; )**