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La historia mejor guardada — capítulo 10

Volvía a estar en Hogwarts, mi segundo hogar. Las imágenes de lo ocurrido en Gringotts aun frescas y aterradoras volvían a mí con insistencia. La voz de Voldemort atemorizaba a todos, aun antes de que comenzara la batalla, ya reinaba el caos y el terror: Todos corrían, gritaban y salían de sus camas. Los profesores intentaban mantener a todos ordenados. La Orden estaba allí. Perdí a Harry durante un largo rato, Hermione y Ron no aparecían.

-- ¿Has visto a Harry? -- pregunté angustiada.

-- No, también lo estaba buscando -- se lamentó Sirius.

Gemí aterrada. La lucha había comenzado.

-- Protego! -- Rugí pasando al lado de Neville y Dean. Tenía cinco grandes cortes en ambos brazos que ardían de la misma forma en que sangraban.«Malditos, me la van a pagar» pensé al sentir como una maldición me pasaba a dos pulgadas de la espalda. Vi a una chica rubia pasar a mi lado con rapidez; Luna. Me hizo preguntarme otra vez si todos estarían bien.

« ¿Dónde estás? Ahora no por favor, aparece, aparece. » Grité interiormente al ver tanto hechizos verdes como rojos o plateados; se asimilaban a los fuegos artificiales, pero esa ocasión no tenía motivo para celebrar, lo único que deseábamos era que todo acabara lo más pronto posible, con escasos heridos. -- Si tratas de matarlo, te mato yo mismo. -- rugió alguien cuya voz me era irreconocible entre tanto ruido.

Una figura un poco más alta que yo me tomó del brazo y me tranquilicé, al menos él, estaba sano y salvo.

-- ¿Dónde demonios estabas? -- reproché aliviada.

-- ¡Ya sé en dónde está el Horrocrux, vamos!

Corrimos hasta el septimo piso, allí Ron y Hermione nos contaron su gran proeza. ¡Uno menos! Pensé con alegría.

-- Merlín… esto es todo un laberinto -- musité boquiabierta.

Nos separamos para encontrar la diadema. Estaba caminando entre estantes con libros de todas clases hasta que escuché un grito, corrí intentando no perderme, hasta que llegué a Harry.

-- ¿Qué haces tú aquí? -- Pregunté con el seño fruncido.

En realidad una especie de felicidad recorrió todo mi cuerpo: Estaba vivo, realmente estaba vivo. Y me miró casi a modo de disculpa.

-- Tiene a mi madre… si no encuentro esa diadema la matará -- se justificó --, ella salvó mi vida, Sharon, yo debo salvar la suya.

-- No es la manera, Draco… nosotros podemos arreglar esto, necesitamos esa diadema para acabar con todo.

-- Oh, qué tanta explicación… -- se burló Goyle -- Avada Kedavra!

-- ¡No! -- Gritó Malfoy direccionando la maldición a una estantería que explotó -- ¡No podemos matarlo!

-- ¡Le estaba apuntando a ella, infeliz! -- Se defendió.

Caos y más caos: El fuego maligno se extendía, Crabbe desaparecía en sus llamas y nosotros montábamos en escobas. Divisé a Draco entre las llamas y me lancé hacia él, en una mirada rápida hacia atrás pude que ver que Harry hacía lo mismo.

-- Toma mi mano -- urgí desesperada, sentía las abrasadoras llamas muy cerca.

Logré subirlo a la escoba, Ron tomó a Goyle y salimos desesperadamente. Harry atrapó la diadema en el aire.

-- Tendría que haberme muerto -- fue lo último que le escuché decir a Draco.

La diadema se deshizo con un fuerte alarido.

Pasamos por al lado de Fred y Percy, el primero entretenido en X cosa no vio al mortífago que se acercaba.

-- ¡Fred! -- Grité a viva voz.

-- Desmaius! -- Bramó el aludido.

El mortífago cayó hacia atrás impactado por el hechizo. Suspiré aliviada, por un momento creí que lo perdíamos.

Fuimos a la casa de los Gritos, al ver a Snape así, no sabía qué sentir. Se lo merecía, o eso pensaba yo, pero igualmente… nadie merecía morir así. 

-- Vamos -- mandó Ron.

Entramos al Gran Comedor.

-- Por dios… no -- gemí.

Sentí algo desgarrador por dentro: Remus y Tonks yacían sobre el suelo, muertos. Hermione me abrazó y ambas lloramos en silencio. Cuando quise buscar a Harry, ya no estaba: Seguramente estaría viendo los recuerdos del difunto profesor. Pero no regresó al cabo de un rato. Encontré a Luna, a Neville, a los miembros de la Orden, a Sirius, que me dio un paternal abrazo y hasta a Ginny, que no debía estar allí.

Preocupada, me senté en la destruida escalera de mármol. En ese momento las palabras del relicario me atacaban. ¿Era así de egoísta? Estaba pensando en la profecía que hablaba de mí… entré en la lucha, ¿Entonces por qué no estaba muerta? ¿Por qué solamente tenía unos cortes superficiales? ¿La batalla no había cesado verdaderamente?

Las palabras de Voldemort llegaron a mis oídos cual puñal al pecho. Escuchar el grito de McGonagall y ver el cuerpo inerte de Harry me dejaron devastada. El mundo desapareció, lo único que veía era la delgada figura que alzaban los brazos de Hagrid. No podía llorar, el dolor era peor que eso, fuera tanto que no podía siquiera moverme. La persona que más amaba en el mundo estaba sin vida. Disfrazando mi dolor, un pensamiento me atacó: Tenías que hacerte el héroe, Harry Potter.

Pero estaba vivo, milagrosamente más vivo que nunca. Y Voldemort era un simple humano: Neville se encargó de que así fuera. Y yo también me sentía más viva que nunca, no lo había perdido, él aun seguía allí.

-- Niñas bobas -- se burló Bellatrix.

Ginny y yo luchábamos contra ella, pero era rápida. De pronto un calambre en mi pierna lo cambió todo: Me desestabilicé y la mortífaga aprovechó eso.

-- Avada Kedavra!

Era cierto que uno veía pasar toda su vida antes de su muerte, la fuerte luz verde me cegó y caí al suelo, sentía algo muy pesado sobre mí. ¿Sentía? ¿Es que no había muerto?

Abrí los ojos. Pansy estaba tumbada sobre mí con cara de pánico. Molly apareció en la escena.

-- A mi hija no, perra -- rugió encolerizada.

Pansy se levantó con rapidez y ambas corrimos lejos de la fuerte conexión que había entre ambas brujas, Molly y Bellatrix.

-- ¿Por qué lo hiciste? -- pregunté luego de poner un escudo sobre nosotras.

-- Draco me contó que lo salvaste del fuego maligno. Dijo que gracias a ti él sabe quién es en verdad. Y gracias a ti me dijo que ahora no le temía a nada, por eso me confesó que me ama.

Estuve a punto de morir… allí comprendí que nuestras acciones marcan nuestro destino, de no haber aconsejado a Draco, él no hubiera sacado a luz sus sentimientos, y Pansy jamás me habría empujado lejos del maleficio. Era cierto que las cosas podían cambiarse por mucho que el destino estuviera escrito. Era cierto que debían cambiarse, por el bien de todos. Y cuando la batalla cesó y todo terminó, al fin pude sentirme otra vez en casa.

¡Hola! Sí, mi super corto Fic ha llegado al final. Me falta el Epílogo, que espero subir mañana y acabó, así que ya cuando lo suba hablaré un poco más. Estos días estuve sin internet, así que por eso me atrasé al subir éste capitulo. Espero sea de su agrado :)