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Polly — capítulo 1

"¿Cómo puede esto estar pasándome? Estoy mintiendo cuando digo: 'Confía en mí'. No puedo creer que esto sea verdad. La confianza duele. ¿Por qué  confiar significa sufrir?"

Trust - Megadeath.

Confianza. No sé puede relatar esta historia sin involucrar a esta palabra, que más que ser una simple palabra, es un estilo de vida, una filosofía. Es un escudo y espada al mismo tiempo. Dolor y felicidad van a la par al hablar de confianza.

¿Quién no desearía encontrar la verdadera confianza? Todos soñamos con una relación repleta de confianza, ¿no? Un tipo de relación de entrega total, sin un solo engaño. Nos sentiríamos libres de decir lo que quisiéramos a la otra persona sin temor de que ésta lo extienda o use la información para fines propios. Podríamos estar totalmente seguros de que aquélla persona nos dice la verdad, sin dudarlo.  Y no habría ninguna mentira que nos lastimara. Porque, ¡ah!, cómo duelen las mentiras. Son como un puñal en el corazón. Podríamos decir nuestros sentimientos sin vergüenza, incluso los más ridículos: desde esas cursilerías tontas o a los más amargos pensamientos suicidas. Podrías conocer finalmente esa sensación de seguridad que se experimenta cuando alguien sabe totalmente todo sobre ti. Todo, sin ninguna excepción. Esa persona jamás no lastimaría.

¿Suena maravilloso, a qué sí?

Pero, ¿se ha puesto alguien a preguntarse las desventajas de tanta confianza? ¿Realmente podrías vivir sabiendo que alguien más sabe todo, absolutamente todo, sobre ti? Cada secreto, incluso los más profundos, sádicos, malvados y desesperados…cómo que asesinaste a alguien o que eres un adicto a la pornografía. Viéndolo del otro lado… ¿te gustaría de verdad que alguien siempre te dijera la verdad? "¿Estoy gorda? Sí", "¿Me amas? No", "¿Me engañas? Sí"  O qué tal sí la otra persona en que tú confías tan ciegamente…te traiciona. Todos tus secretos quedarían desnudos frente a cientos de personas. Dicen bien que a veces la verdad duele más que una mentira. ¿Será cierto? ¿Prefieres saber que tu padre es un psicópata depravado sexual o quiere seguir creyendo que es un agradable jardinero?

¿Entonces?

No sé puede presentar a Polly sin conocer el concepto de la confianza antes. ¿Quieres saber por qué?

Porque Polly era la representación humana de la  confianza pura y total.

Era Polly una muchacha de diecisiete años, recién cumplidos en la primavera del año en el que todo pasó. Tenía el cabello rubio, largo y ondulado hasta su delgada cintura. Era su cabello un mar de seda tan brillante como su alma. Jamás he acariciado algo tan suave como el cabello de aquella muchacha.

Su piel era tan blanca, pálida, tersa y limpia como la porcelana, decorada con sus doradas pecas, que le daban aún más ese aspecto de niña. Y es que eso parecía Polly, una muñeca de porcelana que sólo se debe admirar a través de una vitrina, pero nunca tocar o se podría romper. El aspecto de fragilidad y debilidad que daba Polly era conmovedor, que sólo un hombre sin corazón podría hacerle daño. Parecía que al menor contacto con ella, la chica se rompería en mil pedazos, como el cristal fino. Y nadie querría que un ser tan hermoso como Polly se rompiera.

Sus enormes ojos azules eran como dos  ventanas al mar: interminables, soñadoras, lugar de muchas aventuras y bellezas extraordinarias.  Eran tan dulces como un par de caramelos, pero seductores como los ojos de una bailarina exótica. No podía uno hacer otra cosa que perderse en su mirada al verla a los ojos. No he encontrado ojos más bellos que los de Polly.  Tenían la inocencia de una niña, pero la madurez de una mujer. La pureza de una virgen, pero la experiencia de una vieja. Toda la belleza de sus azules ojos, estaba protegida por esas largas y oscuras pestañas que provocaban la lujuria de cualquier hombre.

Sus labios, cómo no mencionarlos, si tenían la forma de una manzana roja y prohibida. Eran tan pequeños y carnosos: parecían una obra de arte hecha de la mano de algún dotado escultor.  Y cuando Polly sonreía…el mundo entero parecía haber sido creado sólo para que alguien pudiera ver esa sonrisa.

La voz de Polly no se define con otra cosa que ternura. Era dulce, aguda como el sonido de una flauta.  Siempre era tan transparente: sabías inmediatamente el estado de ánimo de Polly por escuchar el tono de su adorable voz. Respondía con monosílabos rotos cuando estaba triste. Hablaba sin parar cuando se sentía feliz o emocionada. Entonaba una voz poética y soñadora al hablar de sus sentimientos, especialmente del amor. Apretaba los labios cuando estaba furiosa y gritaba enloquecida. Cuando estaba asustada, tartamudeaba.

Polly era pequeña y delgada, frágil y bella. Hermosa, en toda la extensión de la palabra. Pero lo más hermoso de Polly era su única personalidad.

No creo en los ángeles, pero si existieran, serían igual que Polly. Dulces, inocentes. Siempre con esa tranquilidad tan curiosa en este mundo violento y agitado. No hay personas que en estos tiempos que sean como Polly, tan sinceros y entregados. Porque Polly nunca contó una mentira, ni copió en un examen. Era tan amable que parecía ser de otro planeta.

Era un ejemplar único en la oleada de adolescentes macabros y alocados. Mientras las chicas se preocupaban por vestir como zorras, contar chistes sucios y seducir chicos; la mente de Polly estaba en otro lugar. Siempre andaba como ensoñada, pisando arena de luna en lugar de asfalto, caminando en un palacio en vez de en una casucha horripilante y apestosa, donde el borracho de su padre bebía mientras veía las carreras de caballos con la esperanza de tener un golpe de suerte que lo sacara de su pobreza y lo volviera un millonario.

Al mirar a Polly era fácil reconocer que la chica se tenía un amor propio inmenso, y por supuesto, un enorme respeto. Andaba con la barbilla en alto, sin llegar a parecer arrogante. Amaba su belleza, me lo dijo varias veces. Se sentía bonita, y era feliz con ello. Daba una apariencia de debilidad, pero aunque Polly era una criatura pequeña, silenciosa y pacífica, tenía unas agallas increíbles escondidas en alguna profundidad de su alma.

Pero lo que más caracterizaba a Polly, lo que le daba su lugar en el mundo, era su capacidad de confiar. No sólo en ella, como he mencionado, sino en el resto de las personas.

La confianza que Polly tenía hacia los humanos era intensa y pura. Ésa era la verdadera confianza que todos sueñan, la que mencioné en un principio. Polly entregaba su vida a cualquier extraño, confiando en que no le haría daño. La chica no tenía secretos, pues confiaba lo suficiente en el resto de la gente para decírselos. Era Polly bellísima, por lo que obviamente había varios pretendientes asquerosos detrás de ella. Y ella se enamoraba, una y otra vez, sin perder la confianza y la pasión del primer amor, a pesar de que le rompían el corazón, una y otra vez.

Hubo algunos  chicos que se aprovecharon de Polly, por supuesto, como lo hizo su último novio. Debían ser unos malditos demonios, pues sólo un ser verdaderamente malvado, como su padre, podría hacerle daño. Polly confiaba tanto en sus parejas amorosas, que no sentía celos al verlos con otras chicas. Se decía a sí misma que debía confiar en que la amaban, y no la engañarían. No siempre fue así, claro. Pero Polly era una novia perfecta, y estúpidos fueron aquellos que la perdieron: hermosa, adorable, dulce, cariñosa…y tenía cierta característica a entregarse a la relación con tanta confianza, que no dudaba en hacer el amor con sus parejas. Confiaba que ellos la cuidarían, y que lo hacían porque se amaban, y no porque fuera un simple deseo lujurioso y pecador.

Despertaba en los hombres ese intenso deseo apasionado con tan sólo pasar frente a sus ojos, con su aroma dulzón y su andar soñador. Ella no se daba cuenta de que en todas partes, los ojos de cualquier varón, desde adolescentes llenos de granos hasta viejos seniles y pervertidos, se posaban en ella. Seguro en la mente de todos aquellos espectadores, su imaginación se encargaba de imaginarse a la pobre e inocente muchacha en alguna fantasía.

Muchas mujeres, como se ha de suponer, la envidiaban. Y con justa razón. Pues, ¿cómo podrían compararse ellas con Polly, que era un ángel caído? Yo sigo creyendo que algún ser, quizás Dios, la hizo tan bella por algún motivo. Su belleza serviría de luz en este mundo de oscuridad.

La confianza de Polly, cualidad que todos desean, la llevó al mismo infierno. Su confianza en un ser repugnante la hizo terminar encerrada. Era como un colibrí en una jaula. Debía ser libre.

Polly desapareció el 7 de Abril de 1996.

Sus padres jamás la volvieron a ver. Creyeron, por supuesto, que se había fugado con su novio.

La verdad era mucho más truculenta. Había sido secuestrada. Estaba cautiva en un pueblo horripilante a unas tres horas de la ciudad donde la chica vivía. La mafia de aquél lugar ya había escogido el destino de Polly, al igual que había escogido el de cientos de jóvenes más.

Polly estaba atrapada en una red de prostitución.

La trasladarían en un lapso de seis meses a Nueva York, pues con su belleza, muchos hombres adinerados pagarían por pasar una noche con aquella muchacha que más bien parecía una niña.

Curiosamente, uno de los encargados de cuidar su estadía en ese pueblucho, era un hombre malvado, adicto a las mujeres y las drogas. Un maldito. Un asesino. Tenía el corazón de piedra. Nada podía conmoverlo, o siquiera provocarle algún remordimiento o emoción.

Aquél hombre cambió al mirar por primera vez los ojos bañados en lágrimas de Polly. Su corazón se volvió de fuego y amó a Polly más de lo que se amaba a sí mismo.

Aquel secuestrador, era yo.