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Historia 89187 — capítulo 1
Mariana y Julia ya se iban. Las estaba despidiendo en la puerta de su departamento.
Esa noche habían ido a cenar las tres juntas y después decidieron que querían mas intimidad. El restaurante era demasiado respetado como para que alguna de un espectáculo. Les gustaba ir ahí, había gente interesante y buena música, disfrutaban de estar en sociedad y hablar de banalidades. Pero esa noche no se sentían dignas portadoras de tan nobles apellidos.
Fue al baño a sacarse el maquillaje.
Odiaba esa parte del día. Todos se iban, la casa quedaba vacía después de haber estado riéndose a carcajadas en el mismo lugar, minutos antes. Sentía una terrible opresión en el pecho, una soledad reinante en todo el lugar. Un horrible vacío que la perseguía hasta que se iba a dormir, pero que al otro día ni recordaba.
El sonido de alguien moviéndose en el comedor la saco de sus pensamientos. Enseguida fue a ver que pasaba. Sus ojos se abrieron como platos.
-¿Qué haces aca? - pregunto bruscamente.
-Vine a verte. Te lo había prometido. - parecía burlarse de ella con ese tono calmo.
-Nunca te habías preocupado por cumplir tus promesas - reprocho.
-Me habías dicho que las personas pueden cambiar.
-Los dos sabíamos que no lo esperaríamos nunca de nosotros.
Los dos sabían que era para poder perdonarse. Para darse otra oportunidad.
-Hace calor aca. ¿Queres darme tu saco? - pregunto la dueña de la casa, mostrando buena educación.
-Si, muchas gracias - contesto sacándose el abrigo. - El lila te queda bien. Resalta tu piel clara.
Sonrío ante el halago.
-¿Queres vino? - siguió mostrándose como una buena anfitriona (a pesar de la sorpresa de la visita).
-Si gracias.
Se sentaron uno a cada lado de la mesa y comenzaron a conversar.
Hablaron sobre todo lo que había pasado en estos tres meses en los que no se habían visto, durante los que ninguno supo nada sobre el otro.
-Sabia que no querías estar atado a nada. A mi no me hubiera importado. Tengo veinte años, pero para mis padres iba a ser un tema bastante serio. Yo no quería obligarte a nada, no quería forzar nada… - las lagrimas empezaron a escaparse de sus ojos.
-No llores, por favor.
-Quería que elijas quedarte conmigo. Que sea tu propia decisión.
- la copa de vino temblaba en sus manos.
-Cálmate. Respira - no sabia como reaccionar ante esa situación. Definitivamente no esperaba eso.
-No fui lo bastante valiente como para seguirte. Ni siquiera lo fui para rogarte que me siguieras vos a mi.
Los dos sabían que hubieran seguido al otro si se lo pedía, asi como sabían que el otro quería que lo siguiera.
-Tenia miedo. No quería impedir tu escape, pero no quería aceptar que nos podríamos ir. No quería dejar todo esto y que después vos quieras dejarme a mi, no quería enfrentarme a eso. Después me di cuenta que lo peor que podría haber hecho fue dejar que vallas solo con cualquiera que se te cruce en el camino. - parecía no poder dejar de hablar. Parecía que tampoco quería. Nunca había dicho todo esto que sentía, y desahogarse le alivianaba todo el cuerpo - tendría que haber ido con vos, o persuadirte de que te quedes con migo, pero fui lo bastante estupida como para dejarte escapar.
-Yo ahora estoy aca, Camila - dijo - me di cuenta de que es lo que yo quiero. Las personas si pueden cambiar. Yo lo hice. No me importa atarme a nada. Respetarte no seria una obligación para mi, seria lo que yo elijo, lo que yo quiero hacer.
Julian se acerco a Camila, la hizo levantarse de la silla. Camila seguía llorando. Julian seco sus lagrimas y la abrazo.
Quizá no se casarían, como los padres de Camila, y a veces hasta ella misma, querían o alomejor sus vidas no se basaría en salidas cada fin de semana, pero en ese momento se tenían y lo que ellos querían era estar juntos.
Y al menos por un tiempo, Camila dejaría de estar sola, cuando todos los demas se hubieran ido.