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Historia 90415 — capítulo 1

I. Nature.

Quiero tu mente, sólo tu imaginación y aquel miedo que se apodera de ti en los momentos de oscuridad. Quiero que te olvides de todo y sólo leas estas palabras danzarinas que bailan en tu honor. El silencio, tan espeso como el mismo tiempo, inunda tus oídos, apaciguando el sonido de tu respiración incluso. Todo a tu alrededor es vacío y terror constante.

Sientes el frío y doloroso suelo bajo tu pecho, intentas abrir los ojos pero la luz te da directo, obligándote a cerrarlos de golpe nuevamente. Con un poco de esfuerzo, tus pupilas se acostumbran a la luz del sol crepuscular y te levantas. No sabes dónde estás, ni por qué razón te encuentras ahí, ya que el lugar parece estar desierto.

Miras hacia todas partes, encontrando nada más que edificaciones propias del Centro de la Ciudad de México. ¿Cómo llegaste ahí?, te preguntas. Deseas moverte de donde estás, mas…

--¿Qué te lo impide? -se puede oír un eco a tu alrededor. Sabes que no es un sueño, sabes que todo lo que ves es tangible, lo sabes.

Buscas el lugar de donde provenga la voz, sin embargo, pareciera que está en todos y cada uno de los rincones. Poco a poco, a lo lejos, un sonido rompe aquel silencio sepulcral. Se acerca, puedes oír pasos, miles de ellos, como si un gran ejército estuviera entrando en la ciudad. Y así es.

El sol se refleja en los edificios, provocando una tonalidad naranja en los alrededores. Los soldados se detienen en cada esquina, rodeándote. El uniforme militar les queda gigante y pronto te das cuenta que sólo son esqueletos.

--Aquí es el hogar de La Muerte, querido visitante -Comienza a hablar uno de los esqueletos, el General del ejército, muy probablemente. No puedes evitar mirar las cuencas vacías donde debería haber ojos, así como el movimiento de su mandíbula. - Todos le temen, piensan que es una bruja desalmada cuando mi amada es tan bondadosa.

--No deberías estar aquí, aún tienes cuerpo y alma -Continua el segundo al mando, que sonreiría de tener un poco de piel.

No pronuncias palabra alguna, como si la oscuridad de sus cuencas tuviera un efecto sobre tus cuerdas vocales. El General da la orden y su marcha comienza nuevamente, ésta vez se dirigen hacia ti. El sonido de sus pasos se hace insoportable. Luchas contra ellos, contra tu miedo. Tus piernas responden, al fin, comienzas a correr sin parar, sin mirar atrás, sin importarte lo mucho que duela. No sabes a dónde vas.

De pronto escuchas un sonido ensordecedor, uno más y otro y otro… Un ritmo que la banda del ejército toca con sus tamboras. Tú sigues corriendo, tienes pánico de volver la mirada y advertir que no has avanzado nada. Sientes temor de tan sólo pensar que tu mente te engañó y nada es real. Quieres que termine. Ya no quieres huir.

Y entonces todo se desvanece. El sonido de la marcha militar es un tumulto de gente, reunida en el panteón para convivir con sus familiares fallecidos a la luz de las velas, con el incienso y el copal, mezclado con el aroma de las flores, perfumando el ambiente.

Miras el nombre grabado en el mármol, sobre el cual caíste en el profundo sueño de la muerte. Dejas el ramo de flores naranjas sobre la tumba y sales de ahí, sin mirar a ninguna persona a los ojos. No quieres saber si en ellos hay vida o sólo la oscuridad y el silencio que acecharon tu mente.