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Historia 90829 — capítulo 24
Nunca pensé que pudiera llorar tanto con una boda. Sin duda fue un dia horroroso para algunos y feliz para otros. Mi padre, Cooper, se casó con Michelle. Una barbie de pies a cabeza. Con un ego interminable.
Si, lloré, pero no de felicidad, si no de todo lo contrario. Me sentía muy desdichada. Michelle era una (con perdón) puta muy grande. No la soportaba ¿como podía estar mi padre tan ciego? El no paró de sonreír en toda la ceremonia (normal) y yo lloré mucho, en la ceremonia, en la calle, en el banquete y en el coche de vuelta a casa, donde Jackie me consolaba.
Claro que hablé con mi padre ( hasta bailé con el) y me vio llorar y mi cara llena de churretones, pero el pensaba que era de alegría. A veces la ignorancia es buena.
Luego, cuando llegué a casa pensé, tumbada en el sofá y abrazada a un cojín lo que me esperaba a partir de ahora:
Mi padre y esa p*** se iban mañana de luna de miel a las Islas Hawaii. Dentro de dos semanas volvían. Cuando llegaran, se instalarían en casa de Cooper. Ella trabajaba de diseñadora, según me habían dicho, en una tienda famosísima de la que yo nunca había oido hablar.
Yo espero que no me llamara para quedar, tomar café, quedarme allí a dormir, ir de compras...Porque no, no iba a ser posible. Si quedaba con alguien sería con mi padre solo.
Nada de brujas barbies. Espero que mi padre fuera, al menos el, feliz, porque lo que es yo, no, ni una pizca.