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Hermanas — capítulo 19

Me desperté super pronto, todavía era de noche, helaba y Charlie dormía. Bella se había quedado a dormir en casa de los Cullen. Pero yo sabía a que hora salía su vuelo, a las siete de la mañana. Eran las cuatro. Cogí mi equipaje, una manzana y salí. Le había dado la escusa a Charlie de que iba a ver a Lilly a California, mi mejor amiga.

Fui andando hasta el aeropuerto, está lejos vale.Pero Forks es un pueblo pequeño, tampoco tardé tanto.

Cuando llegué facturé mis maletas t consulté, con el billete en la mano, el panel de vuelos... Ajá!! El nuestro salía justo a las siete y veinte. Quedaban dos horas...Ag que aburrimiento.

Decidí subir a una especie de puente que había en la planta de arriba, me situé en una zona en la que vería a los Cullen llegar, facturar y evitar que me vieran. Yo llevaba unos vaqueros rosas con una sudadera holgada en la que ponía mi nombre de color beige, unas converse con chapas de todas las maneras diferentes y una cazadora verde militar nuevecita con botones marrones y una coleta de caballo con dos diademas finitas negras.

Si, lo se. Iba preciosa. De repente. Cuando mi espera desistía, apareció una familia apuesta, con equipaje carisimo de ultimo modelo que sobresalían al pasar. Si, eran ellos, como para no verlos!!! Vi que facturaban y que iban al panel de vuelos por lo que les seguí por la segunda planta agachada.

A las seis se sentaron en una cafetería por lo que aproveché para ir al baño que había enfrente. Toda una jungla este, había putas, niños, madres con bebés y carritos, gordos, borrachos... Que pasa, que este era el sitio donde todo el mundo se escondía, o que?? Agg, que asco. Pero con suerte y con abilidad logré entrar a un váter, mear, ir a un espejo, retocarme y salir sin pisar lo que fuera que fuera aquel líquido del suelo...

Cuando salí los Cullen estaban sentados, hablando. Por lo que me senté en un banco de piedra enfrente, al otro lado de su vista. Cogí un periódico y empezé a mirarlo sin prestarle mucha atención.

A las siete me encaminé hasta el avión que nos correspondía. Tenía que entrar antes que ellos para que no me vieran. Y así fue. Entré a y cuarto al avión, y sobre y veinte llegaron, puntuales, y se sentaron en los asientos de alante, por lo que ellos no me verían pero yo a ellos divinamente. Me puse el cinturón, desconecté el móvil. 0 llamadas.

Y en unos minutillos despegó el avión, hasta Italia...