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Hermanas — capítulo 22
Bajé a cenar con una falda corta de color gris vaquero, un top negro sin mangas, leggins en las piernas hasta las rodillas, manoletinas rosas a juego con la chaqueta rosa y blanca holgada y grande que llevaba en la mano.
Me senté en una mesa al lado de una columna fuera de la vista de la puerta. Por si acaso. Tardé en decidirme, no sabía que comer, pero al final elegí caldo de pollo, y merluza con dos salsas... No tomé postre, ni nada mas, ya que no quería engordar y no me apetecía.
Me sentía rara desde que había bajado.
Subí a mi habitación y abrí la ventana, sentándome en el alféizar con un libro y la chaqueta puesta.
Estuve allí, que se yo, ¿hasta las dos? de la madrugada. Me puse un pijama y me dormí enseguida, no me hizo falta ni encender la televisión.
A la mañana siguiente, me desperté tarde, como siempre, a las diez menos cuarto, el desayuno en el hotel terminaba a las diez y cuarto, debía darme prisa: salté de la cama y trté hasta el baño, donde me vestí rápida y en vez de ducharme me mojé el cuello y los brazos. Cogí mi móvil junto con una nota que le había quitado "sin querer" a Carlisle en Forks.
Cuando bajé a desayunar no había casi nadie, normal. Desayuné volando, casi como lo que dura un suspiro, cogí una pieza de fruta de la bandeja cuando salía del comedor.
Me dirijí corriendo al castillo con el que me había quedado embobada la tarde anterior. Los Cullen ya deberían de haber salido, recemos para que no hubiesen entrado todavía, porque sino, haber cómo narices entraba yo...