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Hermanas — capítulo 8

Me desperté a las 12 del medio día. Me dolía la cabeza y temblaba todavía. Papa estaba de pesca con Bill y Bella con Edward, seguro.

Desayuné un batido y me tumbé despacio en el sofá. Me encontraba muy mal. En todos los sentidos. Me costaba respirar, tenía los ojos y los párpados hinchados y los ojos rojos. Las manos y los pies fríos y temblaba. Me puse una manta, pero seguía temblando. Por dentro aún me sentía peor. ¿Estaría incumbando algo?

No se. Hoy era Domingo por lo que mañana iría al médico para aclararnos.

En todo el día estuve tumbada en el sofá, mirando la tele o en el baño vomitando.

Bella y Charlie volvieron por la noche. Al verme a Bella se le escapó un grito ahogado y estuvo cuidándome toda la noche ¡¡Hasta dormí en su cama con ella!!

Al día siguiente Charlie cogió cita para el médico antes de irse a trabajar. Bajamos a desayunar y me vestí, con la ayuda de Bella, para ir al médico. Pusiera lo que me pusiera seguía igual, no cambiaba nada. Hasta creo que hoy estaba mas pálida y todo.

Estuvimos en la sala de espera mucho tiempo. Una eternidad para mi. Al entrar fue peor. La enfermera nos pidió que nos sentáramos en las sillas enfrente de la del escritorio del doctor. Quien entró a los pocos minutos, y ¿a que no sabeis quien era? ¡¡¡¡Carlisle!!!! DIOS, ahora me encotraba peor, ayayayyayay, que dolor punzante mas malo sentía en el pecho, me agarré con las manos el costado a la vez que me inclinaba para alante, haciendo que Bella dijera muchas veces mi nombre y Carlisle frunciera el ceño y se preopupara meintras escribía en una hoja. Estoy bien, le dije a los diez mintutos a Bella, para que no se preocupase.

Carlisle me pidió que me tumbara en la camilla y pidió a Bella que saliera fuera. Yo pegué un salto y Bella se negó, pero no tuvo mas remedio. Ahora si que estaba cagadita de miedo.

Carlisle se volvió y corrió las cortinas para que no nos vieran los de enfrente, no estábamos a oscuras, ni mucho menos, pero apagó las luces y encendió unas mas pequeñas mientras se sentaba en una banqueta al lado de la camilla. Tragué saliva. Empezaban los temblores. Ahora si que estaba muerta de miedo.