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Nueva En El Mundo — capítulo 14
Después de dos días de dolor por fin podía moverme mas o menos bien, aunque seguía débil y no podía ir a trabajar.
Lucas, trajo a casa para "hacer un trabajo" a un amigo suyo, cuyo nombre no recuerdo. Yo estaba tumbada en la cama de Lucas, sudando y temblando, como hace dos días, aunque ahora ya no tenía los labios morados ni los ojos caídos. Ellos entraron un momento, Lucas me saludó y me ayudó corriendo a incorporarme en cuanto vio mis intenciones de levantarme.
_Yo puedo sola, pero gracias. Le dije mientras su amigo se acercaba (nada guapo, por cierto)
_Hola, ¿que tal? soy Hugo.
_Que hay le dije mientras me ponía los pantalones bien. Y mientras salía por la puerta, no sin antes dedicarle una sonrisa a Lucas su amigo le soltó:
_Vaya, tío, si que es guapa. Es un pivón.
Lucas abrió los ojos, yo me quedé muerta, aunque seguí con mis aires de autoridad hasta salir al pasillo y dejarles a solas. Se que estoy buena, pero tampoco es para tanto ¿no?
Hice pis. Pero luego no volví a la habitación, no quería molestar. Bajé al salón y cogí mi ropa del tendedero. Me la puse y salí a dar una vuelta, me encontraba mal, demasiado, al parecer.
Llevaba unos pantalones negros largos, una camiseta de tirantes del mismo color, ajustada y en cima una camiseta colgando del hombro, rota. Y unas manoletinas que Sandra me había dejado, no estaba para tacones, ¡haber si me iba a caer!
Llegué hasta un parque en el que el sol era agradable, había gente, pero los ignoré tumbándome en un banco, como si estuviera tomando el sol. Pasaron las horas, debí de quedarme dormida, porque cuando me levanté del banco, el sol se estaba poniendo. Rápidamente ( a mi manera) me dirijí de vuelta a casa, con los ojos casi cerrados y mis piernas temblando, parecía que estaba borracha. Pero con mucho esfuerzo llegué, casi me caigo al entrar por la puerta, suerte que Culebra me agarró y me llevó hasta dentro, Mario estaba preparándome mas bolsas de esas con agua caliente, Culebra, a pesar de mis negaciones, me tumbó en el sofá y Mario me colocó las bosas. Odiaba ser el centro de atención de esa manera tan mala, pero no había mas remedio.
Lucas bajó a despedir a su amigo y al verme casi corrió hacia mi, a sentarse en mi cabeza, como desde hace dos días hacía.