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Nueva En El Mundo — capítulo 29

_Buenos días, ¿que haces?

_¿eh? nada...¿y tu? te has levantado muy pronto...

_Van a ser las ocho. ¿Muy pronto? ¿o muy tarde?- me dijo Mario sonriendo tiernamente; y con el café en la mano se sentaba al lado mio, en la mesa de la cocina.

_¿Que haces? ¿que es eso, Clara?

_¿Eh? ah, esto...es...bueno, una cosa que creí haber perdido para siempre pero que es valiosa. Al menos para mi- dije mientras cerraba la caja blanca de cartón metalizado.

_¿No vas a trabajar? mira que vas a llegar tarde- me dijo Mario intentando distraerme. Yo estaba mirando la caja fijamente y un mar de lágrimas se agalopaban en mis ojos.

_Si, si claro- dije pasándome una mano por los ojos, evitando que el rímel se me corriese.

Me despedí de Mario y me marché. Faltaba nada para que los niños se despertasen. Cuando me levantaba, cada mañana, le daba un beso (o varios) a Lucas mientras el dormía.

Yo llevaba unos días rara, diferente a como había estado desde que Lucas y yo nos besamos y eramos novios. Ya no sonreía tanto, y no tenía esa vida interior en los ojos. Si que estaba feliz cuando estaba con Lucas, ya que el me hacía sentir así de bien siempre, pero desde que aquel puto día en que se me ocurrió sacar la basura y me encontré la caja que (supuestamente en un descuido) mi hermana había puesto ahí y yo, como una tonta me había abalanzado sobre ella no he vuelto a ser la misma ¿como podría? si dentro de la caja se esconde mi mas profunda debilidad, creo. Esa caja está llena de recuerdos de mi familia de verdad: cartas, poesías de mi madre, frases, fotos, olores, detalles...Era increíble. Y cada momento que me atrevía abrirla, siempre a solas, lloraba, mucho, y me sentía mal, y me dolía, pero no podía dejar que NADIE se enterara. Solo lo sabía mi hermana este secreto...

Fui a casa de Rosa a trabajar como si nada hubiera pasado, escondiendo la caja en su lugar secreto. Hize las tareas que me encomendó y sobre las once de la mañana, a la mitad de mi jornada laboral, sonó, inesperadamente, el timbre de la casa. Rosa también se sorprendió, pues no esperaba a nadie. Yo temía que abriera la puerta, por si acaso, me puse a limpiar las estanterías del salón.

_¡¡¡Vaya!!! ¿Pero que haces tu aquí? si Clarita no ha acabado todavía...-decía Rosa a ¿¿¿¿Mario???? mientras le llevaba al salón y le dejaba allí, conmigo, y ella iba a la cocina ha hacerle un café.

_¿que haces aquí?

_Liberarte

_¿A mi? ¿de que? si estoy trabajando...

_Pues eso, Clara, ¿crees que no me he dado cuenta de como estás? si, si me he dado cuenta, estás rara, triste, deprimida...y no puedes seguir así, te voy a ayudar, como padre de familia que soy. Lo primero es dejar que Rosa te de permiso para irte y ya, en casa, solucionarlo.

Negué con la cabeza pero no dije nada. Mario no iba a conseguir que Rosa me dejara irme...

O eso creía yo, mientras Rosa y Mario tomaban café yo les escuché hablar, y mágicamente Mario convenció a Rosa. No se como pero le funcionó, y hasta me dio varios dias de descanso...flipante ¿si o no? pues claro.

Mario me cogió fuerte de la muñeca para que no pudiera escaparme y me condujo a casa. Esta vez no podría escapar. Y encima los niños tenían excursión y hasta las cinco no vendrían.