← Nueva En El Mundo · de
Nueva En El Mundo — capítulo 31
Aquel dia lo pasé en la cama de Mario. Enferma, pero no de esa manera en que te duele todo por culpa de un virus y te dan ua medicación para que no vomites mas. No. Yo estaba enferma de esa manera en que me dolía todo, hasta las pestañas de llorar y recordar. Pero Mario se había quedado, amablemente, conmigo hasta que llegaron de la excursión por la tarde.
Lucas pensó que yo estaría trabajando por lo que le preguntó a Mario de pasar la tarde y la noche en casa de su amigo, y Mario aceptó ¿porqué no? solo que antes de cotestar titubeó un poco al pensar en mi. Pero era mejor que Lucas no me viera así, yo estaba horrible, y destrozada y rota por dentro.
Por la noche, Mario acostó a Lucía y Carlitos y luego vino a su (o nuestra) habitación y me ayudó a ponerme el pijama y a acostarme sin que me doliera nada (algo poco posible ultimamente), luego apagó las luces, abrió un poco la ventana y se tumbó en su lado, mirándome y cubriéndonos a ambos con las sábanas. Yo intentaba no llorar mas, creo que ni me quedaban lágrimas pero no podía evitar, por mucho que me doliera molestar a Mario, sollozar despacito.
_Eyyy tranquila...- Mario había abierto los ojos y se acercó a mi para acariciarme.
_Lo siento...- me sentía mal.
_No pasa nada- dijo sonriendo un poco creo que Mario no me veía bien, porque no llevaba gafas y de haberlas llevado no hubiera hecho eso.
_Si si que pasa, lo siento mucho: molestarte tanto desde que llegué, causarte tantos problemas y que sea una carga insoportable no es lo mejor del mundo...
_Ey, Clara, mirame- ahora Mario si que me veía bien, a pesar de todavía no llevar gafas._Tu no eres una carga ni eres insoportable, me has ayudado mas de lo que crees, ademas- hizo una pausa y cogió un cojín en el que puso mi cabecita y me acurrucó contra el, pues yo temblaba.
_¿Además?- dije yo instando a que continuara ya mas tranquilita.
_Además me gusta mucho cuidarte, si no te has dado cuenta, me recuerdas mucho a mi mujer, que murió, eres igualita que ella en casi todo.
_¿Ah si?
_Si, y ademas a mi me gustan mucho los niños. Pero solo los mayorcitos que no se quejan ni hacen muchas preguntas.
Sonreimos al unísono a pesar de que no nos veíamos; y antes de dormirme pensé que Mario era como el padre que siempre había querido y nunca había tenido.