← Historia 91549 · de
Historia 91549 — capítulo 7
DISCLAIMER: Todo lo relacionado con Harry Potter es de JK Rowling, yo solo juego con ellos un rato.
El gran día había llegado. La pobre Hermione no había podido escribirle a sus amigos, ni siquiera la dejaban salir, ya que Lucius decía que sería mejor mantenerse alejada de la prensa un tiempo. Narcissa le había comprado un hermoso vestido para la fiesta de los Rumsfeld, donde sería presentada al mundo mágico como la hija de los Malfoy y la nieta de los Rumsfeld.
Hermione miraba una y otra vez el vestido para la fiesta. No se veía a ella usando ese vestido, el cual era de un azul turquesa con una caída lisa e impecable, además de diseños con diamantes en el busto y una abertura en la pierna derecha, al igual que la espalda estaba descubierta, dejando a la vista pequeños lunares.
Milú, la elfina de Hermione, apareció en la alcoba de la castaña y se puso a organizarla. Hermione le pidió que no lo hiciera, ya que no era de su agrado que los elfos trabajaran. Eso provocó que la pequeña y achocolatada elfina con ropas descuidadas se pusiera triste y comenzara a maltratarse con la pared.
— ¡Milú mala! ¡Milú mala! — se repetía una y otras la elfa al mismo tiempo que su cabeza se estrellaba contra la pared.
— ¡No! ¡No, Milú no es mala! — grito la castaña tratando de detener a su elfina. — Milú, detente. Es solo que no me gusta que trabajen para mí. ¡Detente! — grito otra vez.
Una rubia entro al oír todo el escándalo. Miro a la elfa y le indico que desapareciera de su vista, siendo concedido enseguida. Narcissa miro a la hija de su amiga con una cara de desagrado al ver sin vestir a la chica. La rubia se paso las manos por su vestido totalmente negro y largo con unos elegantes estampados en las mangas hasta los codos, y luego paso sus delgados dedos por sus rubios cabellos recogidos.
— ¿Por qué no te has vestido? — pregunta con más calma de la que aparenta la rubia.
— No quiero ir, Narcissa. — contesto tranquilamente Hermione.
— Pues tienes que ir, es una orden. No te pongas con bobadas, Hermione. — le menciono Narcissa a la castaña.
— Pero…— comenzó a decir la Gryffindor, pero la mirada penetrante de su madrasta la callo.
— Voy a buscar a Ottaviano, me está esperando para los últimos detalles, pero apenas termine, te atiende. Si llegamos y no te has puesto el vestido o nada, vas a ver. — dijo amenazante la rubia.
Hermione comenzó a vestirse de mala gana. Se puso el vestido y los zapatos de tacón que no sabía manejar. Comenzó a practicar, pero siempre los pies se le doblaban, haciéndole caer al piso. Y cuando llego la rubia con el italiano, le mandaron a sentarse en la cama. Primero la maquillaron, cosa por la que Hermione peleo. Luego le peinaron su cabello medio ondulado y le colocaron un ganchillo con diamantes, dejándole el cabello algo suelto. Estaba muy hermosa la castaña. Cuando se levanto, casi cae al piso la Gryffindor.
— ¿Acaso Cecilie no te llevo a fiestas? — pregunto Narcissa mirando como caminaba la hija de su amiga.
— Si me llevó, pero nunca utilicé tacones tan altos. — le respondió la castaña. Enseguida, un hechizo por parte de la rubia hizo que la castaña caminara como una experta.
— Esto te ayudara hoy. — menciono la señora Malfoy.
— Josephine, amor, ¿Están todos listos? — le pregunto Hans a su mujer.
— Si amor, aunque asegúrate que Joshua se haya peinado, tu sabes cómo es el. — le respondió esta. — Yo tengo que buscar a Gwendolyn.
La mujer se despidió de su esposo y se fue por uno de los pasillos de la grandiosa mansión. El taconeo de sus zapatos escondidos debajo el vestido strapless color orquídea enteramente drapeado que usaba y acompañada por el compas de su cabello castaño recogido en un moño alto, resonó por todo el pasillo.
Se encontró con otra mujer de pelo oscuro y corto que arreglaba un florero con flores verdes. La peli oscura llevaba un vestido largo strapless y bordado de color champan. La mujer la miro y sonrió, luego continúo arreglando el florero.
— Muy lindo tu vestido, Gwendolyn. — le dijo la castaña.
— Gracias, querida. — le contesto la alagada. — Esta noche es demasiado especial, no podemos arruinarla. Todo debe salir perfecto.
— Si, ya lo sé. ¿Tus hijos están listos? — interrogo Josephine. La peli oscuro asintió. — Perfecto, necesito hablar con los chicos, no quiero que traten mal a su nueva prima.
— Ya lo sé. Pero sigo sorprendida, nunca imagine que Cecilie fuera a tener un hijo con Malfoy, o bueno, siendo el caso, una niña. — le conto Gwendolyn a su cuñada.
— Yo menos, pero quiero conocer a Hermione. Le pregunte a Joshua sobre ella, y dice que es muy inteligente y que siempre responde todo en clase. Además dijo que es la amiga del niño que vivió.
— Pero también del hijo del pobretón de Arthur Weasley. — dijo una voz masculina que aparecía entre las sombras. — Yo investigué por mi cuenta la vida de mi sobrina. — Era Frederic, el esposo de Gwendolyn y el hijo del medio de Darren.
— No hables así, querido. — le regaño su esposa. — Frederic, necesito que le digas a los elfos que tengan cuidado con la comida y el servicio, que traten a todos los invitados excelentemente.
Rubia junto a castaña bajaron al salón, donde tres rubios vestidos todos de negro y verde las esperaban. Cuando las vieron, muchos halagos para las dos mujeres surgieron, haciendo sonrojar a la nueva integrante de la familia.
Se aparecieron por medio de la chimenea en la otra mansión, cuya única diferencia era lo colorido que era la de los Rumsfeld y lo oscura y temeroso la de los Malfoy. Y apenas fueron vistos, el patriarca de los Rumsfeld se les acerco.
—Mi querida Narcissa, que esplendida te ves. Y caballeros, la pinta les favorece. — dijo Darren a los rubios. Enseguida voltio a ver a su nieta. — Pero que hermosa esta mi nieta, toda una rosa a decir verdad, igual que su madre y su abuela.
— Gracias. — dijo Hermione con sus manos entre las de su abuelo.
— No me digan que esta es mi querida prima. — dijo un chico castaño a las espaldas de los presentes.
Espero que les haya gustado, y si quieren me pueden dejar un lindo consejito, o un malvado Avada, o un maravillo halago.
Comentarios?