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Historia 91590 — capítulo 1
"La Celestina"
Dramione.
Era algo bien sabido por todos que Draco Malfoy no tenía suerte en el amor. Si, sé que suena raro, pero desde que Potter venció al colacuerno en el torneo de los tres magos su popularidad había crecido considerablemente, y por lo tanto la del joven Malfoy había descendido a límites inconcebibles; Hasta a Pansy Parkinson decía que ya no lo encontraba tan interesante como antes.
Se sentía estúpido yendo a donde iba. Siempre se imaginó que se casaría con una chica guapísima, seguramente rubia como él, con mucho dinero, que tendrían tres hijos y vivirían en una casa del sur de Inglaterra o Francia. Pero no, eso no ocurriría ¡Estúpido destino! Ahora su única esperanza de conseguir pareja era acudir a mendigar remedios amorosos a la profesora**Trelawney, su celestina particular.
Pero ya estaba arto ¡Arto! ¡Pero arto de verdad! No quería más chicas de una noche, quería una mujer, una que le diera una relación larga y duradera. Y tal vez si Sybil le dijera quien era la chica con la que más posibilidades tenía de conseguir algo…
Se sentó en el taburete rojo aterciopelado. De verdad que se sentía muy estúpido iluminado por esa penumbra que provocaban las velas. La bola de cristal descansaba encima de la mesa camilla cubierta por un horroroso mantel de encaje blanco, tan perfumado que casi, solo casi conseguía apagar todos los olores a infusiones de la sala circular en la que se encontraba.
El chico miraba la esfera con curiosidad cuando la voz enloquecida y chillona de la profesora le sorprendió y dio un pequeño saltito.
— ¡Oh! ¡Eres tú querido! No es que me sorprenda la verdad. Las hojas de té ya me avisaron de esta visita hace solo unos minutos…
—Si… Ya…—Dijo él mirando las pintas de libélula gigante de esa extraña mujer—…Bueno yo solo he venido a…
— ¡No me lo digas! ¡No me lo digas!—Expresó teatralmente— ¡Veo un corazón marchito! ¡Un alma oscura y deprimida! Y… ¿Tal vez ansias de amor? ¡Eso es lo que buscas! ¿Verdad? ¿Quieres que te diga cuál es la chica a la que hoy puedes consolar?
— ¡No, no! En realidad he venido a por algo más grande. Quiero una pareja, una pareja de verdad, no una chica de una sola noche, no quiero algo pasajero, quiero una relación, quiero ver a la única chica con la que podría casarme y estar juntos para siempre…
La mujer pasó callada varios minutos como pensando mientras se acariciaba la barbilla mirando el techo. Casi se la veía preocupada por la respuesta que iba a dar al rubio, pero su expresión cambió, y a Draco le pareció como si una bombilla se encendiera en el cerebro de aquella bruja.
— ¡Miraré en mi bola! ¡Escudriñaré en tú futuro para ver quien será la mujer de tu vida!— Hizo unos gestos extraños que más bien hicieron que pareciera que la pobre mujer estaba algo retrasada— ¡Oh! ¡Querido! ¡Infortunios! ¡Pobre crio! ¡Pobre niño Malfoy! ¡Qué dirá tú padre ante tal deshonra! ¡Mi pobre niño! ¡Te acompaño en tu desgracia! ¡Pobre ser!
Draco empezó a asustarse y empezó a desear morirse. Definitivamente la mujer con la que debía pasar el resto de su vida debía ser muy fea, o supremamente tonta, o algo por el estilo ya que la celestina se mostraba aparentemente muy apenada por él.
— ¡Mi pobre niño!—Repitió— ¡Qué gran desgracia cayó sobre la estirpe de los Malfoy! ¡Infortunios! ¡Infortunios! ¡Solo habrá una cosa que podrá ayudarte!—La mujer extendió el brazo y en su mano sostenía un pequeño bote de una poción de color rosado— ¡Es lo único que podrá ayudarte! ¡Viértelo en la copa de ella! ¡Esa será la única forma de encontrar el amor verdadero!
Que triste. Que triste destino el suyo. Estar condenado a un amor creado a base de la ficción creada por una poción. Un amor más ficticio que el simple deseo físico. Un amor artificial ¿Por qué le tocaba a él todo eso? ¿Por qué tanta desgracia? ¿Por qué estaba condenado a no vivir un amor real?
Tomó la poción y se la guardó en el bolsillo. No pensaba decir nada, ni una palabra. Se sentía tan desgraciado que le apetecía más escuchar que hablar.
— ¡Ella nunca te amará sino le das la poción! ¡Nunca lo hará! ¡Nunca sino se la das! ¡Los hechos deben marchar así! ¡Sino nada saldrá bien!
— ¿Pero quién es ella?—Dijo al fin desesperado por la curiosidad.
La mujer se acercó al rubio por encima de la mesa camilla y lo miró con sus enormes ojos aumentados aún más por las gafas de culo de baso.
— ¡Mi pobre niño! ¡Hermione Granger! ¡Qué deshonra para un Malfoy!
Ya casi se había hecho a la idea y todo. ¡Granger! Qué ironía… ¡Granger! ¡Nada más y nada menos que Granger! ¡La sucia, fea y estúpida sangre sucia! ¡Qué deshonra! ¡Qué había hecho él para merecer eso!
Las vacaciones de navidad habían llegado y para su desgracia (si para más desgracia suya) según**Trelawney estas fiestas eran su única oportunidad para conseguir algo con la mujer que estaba destinada a ser su esposa.
Lo único que le divertía de aquella situación era pensar en las caras que se les quedarían a Potter y a Weasley cuando Hermione los anunciara que iban a casarse o que estaban juntos… Pero no quería adelantar acontecimientos, no era el momento de pensar en cosas divertidas como la cara de estúpido de Weasley; Debía concentrarse en lo que tenía que hacer, ir a casa de Granger. No había otra forma. Al menos podía tener la seguridad de que esta se había tomado una copa entera de la poción que Sybil le había dado. No sabía como había conseguido acercarse al sitio que la castaña ocupaba en el gran comedor y llenar su recipiente con el líquido rosa de aspecto asqueroso. De verdad que había sido un golpe de suerte que nadie le hubiera pillado. Era como si el destino estuviese con él, como si estuviese de su parte.
Caminó sobre la nieve, caída la noche anterior, y que brillaba con fuerza debido a los rayos de sol que chocaban contra ella. Se le veía como un punto negro debido a toda su ropa, en medio de toda esa blancura.
Se encontraba en un barrio de chalets adosados de apenas una planta.
"Que cutreza" Pensó el rubio para si mismo. Los muggles caminaban de aquí para allá lanzándose bolas de nieve mientras Draco se preguntaba que sería lo que encontraban tan divertido en sus sonrisas.
"Si supieran de mi gran desgracia no se reirían tanto. Jo, que depresión" Se decía el catorce añero. Su madre siempre le decía que aún era muy joven como para encontrar una pareja formal, que era normal que a su edad no tuviera novia, pero aún así el no quería perder el tiempo esperando a que la chica llegara a él… ¿Y si no llegaba nunca? ¡Qué horror! ¡No quería ni imaginarlo! ¡No casarse no estaba en sus planes! ¡Él de verdad quería hacerlo! Pero… ¡No con Granger! ¿Por qué con Granger? ¿Por qué? ¿Por qué? ¡Por qué…! Además ella le odiaba, es más le aborrecía… Tal vez por eso tenía que darle la poción. Qué triste… Él solo podría conseguir el amor por medio de una poción, de verdad sentía mucha lástima de si mismo…
Recorrió un pequeño jardincito lleno de nieve y algunos rosales helados. A través de la ventana, la que estaba un poco elevada del suelo ya que los chalets tenían unos escalones para llegar a la puerta, podía ver a la que seguramente sería la Señora Granger, que leía un libro rojo sentada en un sillón.
"Mi futura madre política…" Pensó Draco. ¡Qué triste! ¡Qué triste! ¡Qué triste!
Subió los peldaños y se colocó delante de la entrada. Estaba dispuesto a llamar a la puerta. ¡Qué estupidez! ¡Ahora si que se sentía estúpido! Pero esa era su única oportunidad… Si era tan cobarde como para no llamar se quedaría sin esposa y estaría soltero el resto de su vida. ¡Ni hablar! ¡Llamaría si o si!
Toc toc. Dio un par de toques a la puerta y esperó a que le abrieran.
Temía ver a Hermione. Muchísimo, estaba aterrorizado. ¿Y si la poción no le hizo efecto? ¿Y si había ocurrido algún error? ¿Y si no era el momento exacto…? Se le pasaron mil cosas por la cabeza. Más de dos mil cosas que podían ocurrir si la castaña abría. Pero fue lo suficientemente tonto como para pensar que le abriría ella y no otra persona, por lo que se le puso la cara de vinagre cuando el señor Granger abrió la puerta y se le quedó mirando con curiosidad.
— ¿Si?
El rubio se quedó sin palabras.
—Esto… yo…—Murmuró avergonzado y mirando al suelo.
—Perdone no le entiendo ¿Desea algo?— Preguntó el hombre, el que era igual que su hija a la que tantas veces había insultado en Hogwarts.
—Si… Yo solo…
—¿Quién es papá?—Una voz familiar se oyó desde el interior de la casa, y seguidamente sus pasos acelerados acercaron a Hermione Granger, la que iba vestida con un jersey de rayas de colores y unos vaqueros simples. Llevaba el pelo suelto como casi siempre, y muy inflado y descolocado. Pero lo que más le llamó la atención a Draco era su olor, su perfume, verdaderamente esa chica olía muy bien, era un olor fresco y dulce a la vez.
Ambos se quedaron mirando durante unos segundos, a ella se le veía sorprendida y por unos momentos, el rubio se temió lo peor, pero seguidamente la castaña adoptó una postura amigable y sus labios formaron una gran sonrisa.
—Papá…—Dijo con la seguridad que la caracterizaba—…Te presento a Draco Malfoy…
Los señores Granger le parecieron agradables hasta tal punto que dejó de tratarles con el asco con el que los trató en un principio. Le invitaron a comer, y luego a cenar a pensar de las insistencias del chico en que tenía que irse a casa. Brindaron y bebieron vino y un champán. Lo que más le llamó la atención era el trabajo de los padres de Hermione, eran dentista. Se preguntaba constantemente si sería un trabajo honorable, peligroso algo así… Porque si eran dentista eso significaba ser doctor de dientes, y tener que ser el doctor de dientes de una iguana, un cocodrilo o algo así debía ser algo muy duro y peligroso.
"Me pregunto con qué tipo de animales trabajarán…" Porque seguramente estarían especializados en algún tipo de animal en concreto.
Hermione se pasó todo el rato poniéndole ojitos. De verdad esa situación era muy rara. Ella no dejaba de mirarle, y él tenía miedo de que sus padres se diesen cuenta e hicieran algún comentario, aunque estaba seguro de que la señora Granger ya se había dado cuenta.
Cuando se marchó Hermione le invitó a venir a casa al día siguiente. Y él, aceptó ¡Pero solo por cortesía! No porque le hubieran caído bien, ni nada por el estilo ¡Por simple y pura cortesía!
Así lo hizo, y al día siguiente volvió, y al siguiente, y al siguiente también, y así durante todos los días que duraron las vacaciones de navidad. Siempre era bienvenido entre los Granger, ellos le acogían como a un hijo más, eran personas agradables de verdad. Nada estirados. Gente sencilla.
Él siempre intentaba pasar el menor tiempo posible a solas con Hermione, le daba vergüenza, es verdad, saber que ella sería su futura esposa… Eso le hacía temerla, le tenía miedo, tenía miedo de lo que tenía que ocurrir entre ellos.
A medida que fue pasando el tiempo fue descubriendo más cosas de ella, como que le gustaba pasar tardes en el parque con su familia o ir al cine todos los sábados. Incluso un día fueron los dos solos. Todo marchaba jodidamente bien, era como si el destino se hubiera puesto de su lado.
Le dolía tener que utilizar la poción. Le dolía de verdad, pero sabía que si no lo hacía, todo volvería al orden natural de las cosas. Ella le odiaría y él se quedaría solo para siempre, y eso le aterrorizaba de un modo increíble.
Cuando volvieron a Hogwarts todo marchó bien, a pesar de los problemas que el rubio creyó que tendrían. Ni Potter ni Weasley se enteraron de la amistad que ahora compartían ambos polos opuestos. Todo marchó como tenía que marchar, normalmente.
Draco y Hermione pasaban cada día más tiempo juntos. Ella le ayudaba a hacer deberes. Esa era la escusa que ambos utilizaban par verse, ya que ninguno de los dos quería aceptar o que sentían.
A él le estaba empezando a gustar esa chica de verdad, sería cosa del destino, una simple bobada del destino, un juego estúpido del destino. ¡Menuda gilipollez! ¡Estaba enamorado! ¡Ja! ¡Ahora si que se sentía estúpido! ¡Dios que estúpido se sentía! ¡Era una sensación tan asquerosamente agradable que le resultaba estúpido! ¿Cómo algo tan bueno y malo, le hacía sentirse tan bien y mal? De verdad era muy extraño… Además, tenía miedo de que le rechazara. Quería besarla. Pero sentía terror al rechazo. ¡Pero joder si le había dado una poción de amor! ¡Ella no le rechazaría! Así que ya estaba todo decidido… Esa misma noche la besaría…
No fue tarea difícil. Llevó a Granger al baño de los prefectos. Era por la noche, y todo estaba vacío y oscuro. La única luz que se veía, era la luz de la luna, que bañaba toda la sala. Y allí se besaron la primera vez. El sentimiento fue de lástima, más que de amor. ¿Por qué era ese su destino? ¿Por qué estaba destinado a amar a quien nunca le correspondería? Era un castigo. Si, tal vez fuera un castigo por la vanidad de creer que podía conseguir a cualquier chica que quisiese. Eso más que un castigo, era una tortura… Amar a un ser artificial, querer a una persona que solo te ama porque a tomado una poción que le hace quererte… Pero el miedo a la soledad era un terror aún mayor que cualquier norma social o moral; Se supone que si quieres a alguien de verdad, le dejarías de engañar, no le darías más pociones, no serías más egoísta, pero el miedo a la soledad es una fuerza muchas veces más grande que él amor, puede que sea el poder más fuerte que la naturaleza. Nadie quiere estar solo…
Los días pasaron. Al igual que las semanas, los meses y luego los años. Hermione se mostraba feliz, Draco se sentía increíble, era el hombre más afortunado del mundo, por la simple razón de estar con la chica a la que más amaba, pero la sensación de estar incompleto le seguía carcomiendo por dentro. Los sentimientos de ella no eran reales.
Diez años después del día en el que Draco llamó a la puerta de los Granger, este se casaba con su hija. ¡Menuda sorpresa se llevaron todos! ¡Si vieran que caras se les quedaron a Weasley y a Potter cuando anunciaron su boda! ¡Menudo par de idiotas! También tuvieron problemas, entre ellos cuando Lucius Malfoy estuvo al borde del infarto después de que su hijo le dijera que iba a casarse con Hermione Granger...
Sin duda, la boda, el día más feliz de su vida. Luego vino el trabajo, las vacaciones juntos, los viajes, los hijos… Toda una vida que casi pasó fugazmente ante sus ojos.
Un día cualquiera, Hermione se quedó sola en casa mientras Draco fue a llevar a los niños a la guardería. Él se pasó la mayor parte de la mañana pensado, reflexionando… Llevaban juntos desde los catorce años… Llevaban nada más y nada menos que veinte años juntos ¡Veinte! Tal vez, era el momento de decirle la verdad a Hermione. No sabía porqué, pero sentía que ese era el día. Tal vez porque ya era un hombre y había logrado vencer el egoísmo que le había llevado a dar esa poción a la castaña… No sabía si podría vivir sin ella, sabría que ella le odiaría para siempre… Él le había arrebatado toda una vida, le había obligado a estar con él en contra de su voluntad… Se sentía como un auténtico monstruo.
Cogió el coche y se dirigió a la casa de los Granger. Casi le entran ganas de vomitar del miedo que sentía, estaba aterrorizado.
Entró en la casa como si le pesaran las piernas, mareado y sintiéndose muy mal, ya no se sentía estúpido como cuando era adolescente, ahora saboreaba lo que era sentirse mal de verdad, pero ella se merecía saberlo todo, a veces el bien de los seres amados está por encima del de uno mismo. Ella dejaría de estar atada a él. Porque Hermione, no le pertenecía, ella era un ser libre que estaba allí contra su voluntad.
Se preguntaba que haría la verdadera Hermione Granger cuando volviera. Cuando viera lo que era su vida ahora. Cuando se diera cuenta de que se había casado con nada más y nada menos que Draco Malfoy.
— ¿Has dejado ya a Scorp y a Amy?— Preguntó una voz familiar desde el interior, él no contestó.
Fuera todo estaba nevado, hacía un frío terrible. Hermione se dirigió hacía a Draco y le echó una manta encima de su ropa negra.
—Debes estar helado— Dijo ella colocándole. Le hizo pasar hacía el salón y le sentó encima del sofá cómodo y granate.
— ¿Están tus padres en casa?
—No. Están trabajando, hoy tenían muchos pacientes…—Hermione observó la cara de Draco, que estaba casi amarilla—… ¿Pasa algo?—Dijo con preocupación.
—No, es que… Mira… Tenemos que hablar…
¡La santa frase! ¡Temida y odiada por todos!
—Pues dime…
—Hermione yo… Te quiero…—Empezó él mientras se miraba las manos, no tenía valor para mirar lo que ocurriría en los ojos de ella cuando le contara la verdad.
—Tráeme un vaso de agua— Ordenó ella indiferentemente. Draco levantó la cabeza extrañado, y se la quedó mirando—… ¡Vamos! ¡Quiero agua! ¡Tengo sed!
Malfoy se levantó y se dirigió a la cocina, llenó un vaso, y se lo entregó a Hermione cuando volvió a salón.
Draco sentó en el sillón al lado de ella, y se disponía a continuar cuando ella dijo…
— ¡Espero que lo le hayas echado nada!— Y bebió. Todo. No dejó ni una gota. Draco puso los ojos como platos y se quedó mirando a su esposa con cara de limón.
— ¡Por dios! Eres estúpido. ¡Es más! ¡Eres jodidamente estúpido!
Draco continuaba con la boca cerrada mirando a la castaña.
— ¿Cómo lo has…?
— ¡Claro que lo sé! ¡Lo sé desde siempre! Desde el primer día en Hogwarts cuando intentaste echarme el filtro de amor en la copa. ¡Por dios! ¿Me crees tan idiota como para no saber reconocer una poción de esa magnitud? ¡Claro que lo sabía!
— ¡Y por qué has esperado tanto tiempo para decime todo esto! ¡Para decirme que no me quieres!
— ¿Eres idiota? ¡Joder claro que te quiero!
Draco se quedó callado.
— ¿Entonces…?
—Nunca tomé nada. Ni una… En un principio pensé en vengarme. Fingí la primera vez que viniste a mi casa, quería que te enamoraras de mí mientras creías que yo estaba bajo los efectos de la poción, pero lo que no entraba en mis planes era que yo me enamorara de ti…
— ¿Y por qué no me dijiste esto antes?
— ¡Dios, pensé que ya lo sabías! ¡Es obvio! ¿No? ¡Es más que obvio! ¡Te quiero! ¡Te amo! ¡Te lo he dicho tantas veces que creí que lo sabías!
Ambos se quedaron mirando varios segundos y luego se besaron.
—Lo siento, a veces puedo ser muy estúpido cariño.
—Lo sé. Supremamente estúpido— Dijo ella sonriendo. De nuevo se volvieron a besar.
—Pero tengo una pregunta. Entonces ¿Qué has hecho con todo el filtro de amor que supuestamente yo he estado dándote durante años?
Hermione sonrió.
—No tienes porqué preocuparte. Hice un hechizo, todo filtro de amor que se acercara a mí, se transportaría automáticamente a un lugar alejado…—Dijo ella con felicidad.
— ¿Y puedo saber cual es ese lugar?
Mansión Parkinson. A la misma hora…
—Señorita Pansy, ¿Ha tomado ya su medicina?— Dijo una criada a su ama, la que estaba tumbada en la cama con cara soñadora.
—Draco. ¡Oh, Draco! ¡Mi dulce y pequeño Draco! ¡Es tan rubio tan sexy! ¡Tan Draco!— La chica tomó un sorbito del líquido que bebía toda las mañanas, de aspecto rosado y buen olor—…¡Draco te amo…!—Canturreó— ¡Eres mi amor! ¡Eres como las flores! ¡Como las margaritas! ¡Cómo los pájarooooos! ¡Te amo! ¡Te amo! ¡Te amooooo! ¡Mira criadita mía! ¡Escribí una poesía para mi amado…!
—Si señorita, como de costumbre…
—¡No pero esta es diferente! ¡En esta le comparo con una rosa, una piedra y una mariquita!
La criada frunció el ceño, y Pansy volvió cantar de nuevo.
—¡Eres como las floreees!
Dispuesta a que me lancen tomates por semejante locura (?)