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No más Teddy — capítulo 1
Rose jamás olvidaría el día en que Ted Lupin le demostró que ya no era más Teddy. James Sirius tampoco lo haría. Ni Albus. Ni tampoco Dominique. Por supuesto, Harry no sería menos. Y la abuela Molly tampoco. Porque todos habían vivido cosas diferentes con él, y, lamentaban aquello más que nadie.
Rose.
Le
ha tocado. Ha de ser la primera en hablar de Ted. Ha de ser la que inicie la sesión de lágrimas. Y eso es lo que más odia de ese momento, bueno no, lo que más odia es saber que ya no más Teddy en Navidad , ya no más Teddy a la hora de comer, ya no más meriendas con Teddy en la cafetería de al lado de la biblioteca, a la que él iba solo por hacerle compañía a ella.
Quiere
decir algo bonito. Porque sabe que Ted lo merece. Así que suspira, y busca en sus recuerdos. Al momento, sonríe, entre lágrimas al recordarlo. Teddy le había enseñado a montar en bicicleta, ¡Sin ruedines!
—Yo.. Ted era increíble. Para mi, jamás será Ted. Para mi, siempre será Teddy. Siempre será el mismo chico de pelo azul que se plantaba en las puertas de mis clases y me daba dos besos sonoros en las mejillas para después decirme "Enana, dime alguna película muggle cursi." o para pedirme ayuda en alguna cosa de aritmética. — Suspira, las lágrimas empiezan a rodar, sin freno, por su cara.—Sin embargo.. Siempre recordaré a Teddy Lupin como el mejor profesor de bicicleta que existe.
Todos
ríen, pero no es la típica carcajada Weasley. Es una risa triste, a sabiendas de que le han perdido, como a muchos otros, para siempre.
—Recuerdo que tenía séis años y estaba llorando, en el porche de la Madriguera porque no sabía montar en bici y James se había ido con Albus y Fred. En aquella época en la que Albus decía que era "todo un macho" y que "no hacía cosas de niña"—Rose rueda los ojos, Albus se sonroja, recordando las tonterías.— Entonces, Teddy se sentó a mi lado, y me preguntó que me pasaba. Cuando se lo conté, se empezó a reír y tiró de mi. Me hizo montarme en aquella inestable bicicleta que ya no tenía los ruedines de seguridad, y... Me enseñó. Tardó tres semanas y media en hacerlo, pero sin embargo no se rindió. Dijo "Por cada caída que tienes ahora, es una menos que tienes después" y, me revolvía el pelo. — Para unos segundos, intentando calmarse.— Y es que Ted era el único que sabía como ayudar a todos. Y como cabrear a alguien, también.
Albus.
Rose
se sienta y es su turno. El se levanta y mira al suelo. No se le da bien hablar en público, no es como su hermano mayor, ni como Ted, que tienen la misma vergüenza al hablar con un amigo de toda la vida, que cuando hablan don el Ministro de Magia. Él es tímido y callado. Así que no está muy seguro de que decir. Ha compartido muchas cosas con Ted. Y sin embargo, ahí está, mirando con sus ojos verdes al suelo, desviándolo a la gente, y después, al suelo de nuevo.
—Yo.. Quisiera tener algo bonito que decir.—Dice en voz baja. No es que no tenga buenos recuerdos con Ted. Es que todos le parecen demasiado personales. —Ted era increíble. Siempre le recordaré. Por las bromas, las travesuras.. Supongo que todos lo haremos.—No está mirando a nadie, fija su vista al suelo. Como un autómata.— Me gustaría contar alguna cosa interesante, pero.. Mi vida no es demasiado interesante. Y las anécdotas que tengo con Ted se reducen a.. Peleas tontas por el mando de la televisión, por si Nirvana supera a Metallica o es al revés.. A partidas de ajedrez.
Mira
al suelo de nuevo, y después, cierra los ojos. Suspira, y los abre de nuevo.
—Recordaré, cuando veíamos la televisión juntos, cuando me decía que debía ser más sociable, cuando escuchábamos música saltando en el salón y mamá nos chillaba, cuando era pequeño y Ted me leía cuentos, cuando me obligó a escaparme con él para ver a dos chicas que no conocía de nada. Las vacaciones del año pasado, en la costa de Italia... Todas las risas que compartimos. Las lágrimas. Las tonterías. — Albus cierra los ojos de nuevo, no quiere llorar. —Cuando estábamos los dos juntos yo era un poco más sociable, el un poco menos.. Hiperactivo. Quizá no era mi hermano de sangre, pero.. Así lo siento.
Dominique.
Suspira,
mirando al frente. No sabe que decirles a todos esos seres vivos que la miran, fijamente. Como la mejor amiga del sujeto, debería de tener algunas palabras para decir en un día tan importante como era aquél.
Ya
todos están llorando. Ella, sin embargo, no suelta lágrima. Se debe haber secado de tanto llorar sola en su habitación. Su primo Albus se acaba de sentar, después de darle unas palmaditas en la espalda.
Dominique
siente aquél vestido negro más estrecho de lo que era cuando estaba sentada. Sus piernas tiemblan aún más. Y su voz, no cree que pueda salir. Sin embargo, sabe que no se va a dejar vencer, porque si se dejara vencer, sería como si admitiera que no tiene que decir sobre Ted.
Y
sabe que eso es mentira, la más cruel y vil mentira, porque Dominique sabe hasta que ropa interior usaba los miércoles. Así que se muerde el labio, y mira a toda su familia ahí sentada, pero no están solo los Weasley, todos los amigos de Ted están ahí.
—¿Por dónde empiezo?—La voz de Dominique suena más ronca de lo normal. Se imagina a Lupin arqueando una ceja, mientras dice <<Es tu voz de recién levantada>> —Ted ha sido muchas cosas para mi. Primero fue familia. Después amigo. Más tarde novio. Y finalmente mi mejor amigo. Me llevaba tres años. —Cuenta, en su cabeza.— Tres años... Un mes y... Dieciséis días, sí. —Asiente, levemente.— Espero no haberme equivocado, porque.. Sino, vendrá y me cortará la cabeza, porque.. Bueno, el fue mi mejor profesor. El me enseñó que no importa lo que otros hagan, que hay que ser feliz. Me enseñó a ser valiente, a ser capaz de decir lo que pienso sin morderme la lengua. Ted era un rebelde, un capullo, un gilipollas y si te apuestas algo, soy capaz de afirmar que era insoportablemente encantador. Porque tenía esa sonrisa sarcástica y esa forma de ser que te minaba la moral de una forma atroz. — Todos ríen, ella sonríe triste.— Porque no me negaréis, que muchas veces, os quedabais con las ganas de pegarle dos buenas tortas. Porque yo las sentía... Como aquella vez que aporreó la puerta de mi habitación.. ¿Treinta, cuarenta veces? Yo acababa de cumplir quince, y el dieciocho. Y es que, le abrí enfadada la puerta, pero cuando vi esa sonrisita encantadora y ese pelo azul turquesa que nos llevaba cuando le daba, sólo pude asentir y cambiarme el pijama por unos vaqueros y una camiseta de Nirvana. No sé como, pero llegamos a un bar muggle bastante raro, y yo, que jamás había tomado alcohol, acabé hasta el culo de vodka. Teddy y yo nos reíamos, como dos idiotas, en mitad de un parque. Cuando volvimos a Hogwarts, no se como demonios no nos pillaron, porque.. ¡La madre del cordero, si yo veía todo doble! Recuerdo que a la mañana siguiente me desperté con una resaca horrible y le fui a buscar enfadadísima. ¿Y qué me contestó el caradura? ¡Que me quedaban muy bien las ojeras! — Dominique suspira, no sabe como ha pasado, pero está llorando, al acordarse de la mirada que el le había dirigido en ese momento, de la forma en la que ella le había pegado un tortazo y el se las había apañado para besarla. No hacían falta palabras entre ellos. Tenían esa conexión especial.— Y sin embargo, creo que todos lo queremos así. Tan estúpido como siempre.
Dominique
piensa, de camino a su asiento, en que también podía haberles contado el porque del collar de conchas que había llevado Ted desde hacía años, por aquella visita que habían hecho los dos solos a la playa. Pero entonces, tendría que haber explicado que había pasado, y no pensaba contar aquello a nadie, era un recuerdo sólo de ellos. Y de la playa a medianoche. Se toca el collar, que ahora lleva en su cuello. Aún huele a Ted.
James Sirius.
Se
ha reído. Por primera vez desde que recibió la noticia de lo que le había ocurrido a Ted, ha reído. Dominique lo ha hecho. Porque quizá Dominique no sea su prima favorita -ese puesto, lo tiene ganado por goleada la pelirroja Rose, con sus pequitas y sus ojos azules-, y sin embargo, es la única capaz de hacerle sonreír en cualquier momento.
—Yo no os voy a contar nada de lo que he hecho con Ted. Ha sido mi hermano mayor. —Su voz no es como siempre, no tiene una mota de felicidad, sin embargo, se esfuerza por parecerlo. Porque no le gusta dar pena a nadie. Mira a Rose, que lo mira con un ceño fruncido, mientras se muerde el labio. Y el sonríe, con nostalgia.— Bueno, os voy a revelar uno de los mejores consejos que me dio. Y este, es gratis.—Todos ríen entre lágrimas, menos él. Se ha prohibido llorar en público.—<< Si amas algo, que sabes que no está bien.. Lucha. Lucha con todas tus fuerzas, y no te rindas. Aunque te diga "Es imposible" "No te quiero" o esa panda de bobadas. En cambio, en el momento en el que sea capaz de ignorar todo lo que ha ocurrido, sin mostrarse incómoda, ni tan sólo molesta, o en tensión, al menos.. Olvídala. Déjala marchar. No fuerces nada. Sólo.. Sé tu mismo>> —James mira directamente a Rose. Ella ya no llora, lo mira inexpresiva, mientras agarra la mano de su prometido, Scorpius. James piensa en que es una gran ironía, pero sigue hablando.— Ted, es mi modelo a seguir. Siempre lo ha sido. Y creo.. Que mal no me ha ido. Ted siempre ha sido un gran tío, de los que puedes hablar de cualquier cosa, que te contestan bien, en cualquier situación. Yo no tengo mucho que decir. Porque creo que no es necesario. Todos le conocíamos. Todos sabíamos quien era y como era.
Se
sienta. Le da igual no estar al nivel. Porque sólo tiene ganas de echarse a llorar ahí mismo. ¡Porque maldita sea, ha perdido a su hermano!