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Obliviate — capítulo 2
**Capítulo 2:**Tan distintos…
Habían pasado seis años desde aquel día. James tenía once años y eso significaba que la carta de Hogwarts estaría a punto de llegar. James estaba emocionado porque iría al colegio en el que sus padres lo habían aprendido todo. Pero no fue así, él no iría a Hogwarts, él iría a Durmstrang. Sus padres lo habían preferido así, no querían volver a Iglaterra, no todavía. No cuando tenían una familia perfecta, y allí había gente que podía echarlo todo a perder. Habían tenido varias discusiones con James, pero al final lo habían convencido. A James le gustaba la idea por dos cosas. Uno, fuera a Durmstrang o a cualquier otro colegio, él sería famoso, James Sirius Potter, el hijo del niño que vivió, del elegido, del salvador del mundo mágico, y eso, lo hacía feliz. Dos, no iría a el mismo colegio que su molesta hermana, Rose. Vale, tal vez por esto no estaba tan feliz, ya que la quería mucho, y la iba a echar de menos.
Rose, por otra parte, ahora tenía nueve años, y no sabía si sentirse triste o feliz. Triste, porque no iba a ir a Hogwarts, ni al mismo colegio que su hermano. Triste porque todavía le faltaban dos años para ir a Beauxbatons. Feliz, porque tendría a sus padres solo para ella. Porque su hermano no la molestaría, aun que, si, también lo echaría mucho de menos.
El día en el que James partiría había llegado y, en la estación, Rose se había puesto a llorar, ahora que lo pensaba, ¿con quién iba a jugar?, ¿con quién iba a hacer travesuras?, ¿quién más la defendería de los otros niños del parque?, ¿quién más que James?
-¡James! ¡Por favor, no te vayas!- gritó la niña, cuando su hermano estaba a punto de subir al tren, y su pelirroja melena se le pegaba a la cara por las lagrimas.
-Rosie, no llores, además, ya verás que se pasa muy rápido y en seguida es navidad, y vuelvo a casa- dijo James abrazando a su hermana.
-Jim, prométeme que me escribirás todas las semanas- dijo Rose entre hipos, mientras soltaba a su hermano.
-Te lo prometo, peque- dijo él, mientras subía al tren y una pequeña lágrima se deslizaba por su mejilla.
James tenía razón, el tiempo había pasado rápido, la navidad había llegado en un cerrar de ojos, y el verano, y otra despedida más. Y otra vez navidad, y verano, y otra despedida, pero esta vez distinta, Rose también abandonaba España, se iba a Beauxbatons.
-Y esta año, James, esperó que no llegué ninguna lechuza del colegió, o el director a casa- regañaba Hermione a James.
-Tú te vas a portar muy bien, ¿verdad, preciosa?- dijo Harry mientras le removía el pelo cariñosamente.
-Claro que si, papi- le dijo ella abrazándole.
Llegó la hora de irse y, tras despedirse de sus padres, James y Rose caminaron juntos hasta las puertas de sus respectivos trenes. Cuando llegaron, James la abrazó y le susurró al oído:
-Esta vez, eres tú la que tiene que prometer que escribirá.
-Te quiero, hermanito- le dijo ella mientras lo besaba en la mejilla.
-¿Hermanito? La pequeña eres tú- le dijo él mientras montaba en el tren de Durmstrang, una vez más, y Rose en el de Beauxbatons, por primera vez.
Sus padres los miraban a lo lejos pensando que de verdad parecían hermanos, y eso es lo que deseaban, que de verdad fueran hermanos. No sabían que harían llegado el momento de decirles la verdad. Y es que ojalá se hubieran amado desde un principio. Lagrimas, de heridas todavía no curadas, empezaron a recorrer el rostro de los dos, mientras abandonaban la desierta estación.
¡Hoooola! De verdad, espero que os guste este capitulo, porque a mi me parece que es el mejor que he escrito en mi vida (aunque sea extremadamente corto). Agradezco todos los favoritos y comentarios, pero en especial uno, el de No_Muggle, de verdad, sin el este capitulo no habria salido asi, espero contarlo un poco mas lento :)
¡Hasta luego!