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Un par de gruesos calcetines de lana — capítulo 1
—¿Qué es lo que ve, cuando se mira en el espejo?
—¿Yo? Me veo sosteniendo un par de gruesos calcetines de lana.
Uno nunca tiene suficientes calcetines, ha pasado otra Navidad y no me han regalado ni un solo par. La gente sigue insistiendo en regalarme libros.
Las navidades, según un viejo dicho Muggle, es la época más mágica del año y para los magos no va a ser menos.
Albus creía que la navidad era mágica, y que de ella podías sacar lo mejor de las personas. Su hermano Aberforth no creía igual, pensaba que era una manera más de gastar galeones a lo tonto y solo servía para que el ministerio se encubriera cosas verdaderamente importantes.
El futuro director pensaba que su hermano mantenía la cabeza en el suelo y nada lo despegaba de ahí, al contrario que su otra hermana, Ariana. Ella también creía en la alegría de esas fechas y, se podía decir que llevaba la felicidad a la familia Dumbledore en pequeños granitos de arena.
Todos los años, Ariana intercambiaba con Albus unos largos calcetines de lana, por que como dijo la pequeña niña una vez: "Lo que cuenta es la intención con la que se hace" por lo que Albus y Ariana hacían ellos mismos, sin magia alguna, un par de gruesos calcetines de lana para regalar respectivamente al otro.
Era el regalo perfecto para ambos, Ariana siempre guardaba dentro de los calcetines sus más preciados tesoros, y Albus lo colgaba de la chimenea como si fuesen trofeos.
Dentro de la familia Dumbledore, en navidad no se hacían grandes celebraciones, pero siempre los dos hermanos intercambiaban los calcetines, que hacían tan largos como podían.
Albus, el viejo director de Hogwarts, iba andando por uno de los infinitos pasillos de aquel colegio, cuando una vez más se topó con el espejo del Oesed. Hace tan solo una noche que había encontrado al joven Potter mirando su mayor deseo allí.
"No es bueno dejarse arrastrar por los sueños y olvidarse de vivir, recuérdalo" Apenas habían pasado veinticuatro horas desde que se lo dijo al niño de once años que veía a sus padres en el preciado espejo. Él tenía que recordarse una y otra vez para no mirar en el recuerdo y ver a su hermana, dándole los calcetines de lana de cada navidad, en un mundo que ellos dos habían creado.
Dumbledore, el viejo Director de Hogwarts se miró por última vez al espejo, el que de joven creía que le llevaría hasta las tres reliquias ¿Cuántas veces se abría mirado y lo único que veía era a él el amo de la muerte? , ahora cada vez que se miraba, le hacía regresar al pasado, a su pasado, a su hermana. En esas tardes de navidades, en lo que lo único que le importaba a ambos era dar el calcetín mas largo… y coger todas las galletas de vainilla que podían del bol que les hacía su abuela.
Albus, con ayuda del profesor Snape, llevó el espejo al tercer piso, para después ir a reunirse con los profesores y los pocos alumnos que se quedaban en fiestas en el colegio. El director miró a Harry, al joven chico que había entendido el verdadero significado del espejo antes que él, que tantas veces busco la varita de sauco o la capa de invisibilidad allí
¿Qué es lo que ve, cuando se mira en el espejo?
¿Yo? Me veo sosteniendo un par de gruesos calcetines de lana. Ha pasado otra Navidad y no me han regalado ni un solo par.
Lo que Dumbledore daría por que le regalaran unos calcetines de lana…lo que Dumbledore daría por que su hermana, pudiera volver por navidad.
--------Nota de autor: Contiene fragmentos de Harry Potter y la piedra filosofal
Pasar unas felices fiestas